Amaderada Cereza [+18] (parte 3 de 6)

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Dejarás que Drake te toque y te consienta, en tanto que yo lo permita —dijo Álex.
—murmuré a regañadientes.
¿Cómo has dicho? —replicó en tono amargo.
Sí, Álex —respondí obediente.
Aún con la mano de Drake en mi trasero, supe que Álex se había posicionado frente a mí, incluso que traía algo tintineante y metálico para darme. Bordeó el perímetro de mi muñeca y un clic cedió a mis oídos. Eran esclavas, frías esclavas de metal que añadían un toque más perverso y agonizante a la situación. Al segundo, la otra muñeca cedió a un segundo cierre, y sentí la mano de Álex ejerciendo presión sobre el inicio de mi espalda hacia abajo. Recliné aún más los brazos y agaché la cabeza, lo que por consiguiente abría aún más el campo de visión a mi prieto trasero. Ahora Drake desde atrás separaba mis piernas, y acarició el interior del muslo con delicadeza y ternura, lo que equilibró la sensación de frío que había estado sintiendo.
La camilla empezó a dar vueltas y ya no sabía a qué dirección miraba. Perdí la noción del espacio, y dejé de escuchar la melodiosa voz de Álex. La orientación se volvió confusa y mis latidos aumentaron empañando todo mi temor.
Estoy aquí —Era él a pocos centímetros de mi cara. Entonces se suponía que ya debía estar tranquila.
Sin embargo, algo chocó contra mis labios. Era pequeño, dos bolas pequeñas y suaves que vibraron contra mi boca. Saqué la lengua y las acogí en mi interior. Eran dos cerezas, calientes y carnosas. En seguida sentí el roce de otras dos recorrer la línea de mi espalda. Debía ser Drake, pues sentía las caricias de Álex en la mejilla, arañando con cuidado la piel, desde los ojos sellados hasta la comisura de unos labios que recibían sus dedos con fervor para empaparlos con la humedad de mi lengua. Deseaba alcanzarle, saborear su piel, y me resistía a que sus dedos jugasen tan cerca de mi boca. Entonces sentí la zambullida de Drake en mi interior. El muy cretino había esperado ese momento de concentración para introducir sus dedos en mí, y lo peor es que el cabronazo sabía perfectamente cómo arrebatarme algún que otro jadeo en sus envites.
Con los dedos de Drake perforando la humedad de mi vagina y la delirante mano de Álex jugando al borde de mi comisura, en seguida cedió a mi súplica y permitió que alcanzara sus dedos con mi lengua. Los envolví con ella y me despreocupé de la saliva que emergía de mis labios y se derramaba por la barbilla. Solo me centré en sentir el cálido tacto de sus dedos fuertes, el olor amaderado de su cercana muñeca, y del contacto contra mis dientes ansiando morderle y con el terrible razonamiento de no poder hacerlo. En verdad quería su polla en mi boca, que sus dedos fuesen su miembro erecto y lascivo, el mismo que golpeara mi interior como los dedos de su compañero.
Álex, Álex, Álex…, fóllame, maldito hijo de puta. Fóllame ya.

…continuará…

Por: Crazovey (Escritora de Letras & Poesía) 

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