Autores Cuento Lluis López Sanz (España)

Fiesta en Negro

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Era fiesta en el barrio: habían atrapado al negro; ya le han atado las manos a la espalda; le han puesto una cubierta de neumático de coche alrededor del cuerpo; le han vaciado una lata de gasolina por encima y que comience la juerga. Algunos hombres hacen círculo a la hoguera, se pasan la botella y ríen.

No hace tanto tiempo de todo esto, y te quedas dudando cuando entras en la terraza del Zúrich y me ves hablando con Jonathan, otro que tampoco es como tú, pero aún no me acabas de reconocer.

Es fiesta en el cuartel, los hombres ríen y recuerdan la noche que entraron en la habitación del judío con tanques rompiendo cristales y destrozando a las niñas vírgenes para redimir la imperfección aria.

Se bebe y se alborota en el barrio porque al fin han atrapado al negro.

Los otros recuerdan que en el bosque de Buchenwald desaparecieron los pájaros cuando comenzaron a funcionar los hornos, y que en Auschwitz los niños ya no jugaron más; y que las vírgenes fueron violadas con las puntas de los cañones al rojo vivo. También recuerdan al coronel que escribía cartas de amor junto a una lámpara forrada de piel…, de piel judía.

Ahora estamos en otro lugar, pero en la fiesta del negro algunos hombres seguían recordando. Recuerdan el continente donde, oculta bajo las túnicas blancas, mandaba la ley de la Mágnum entre cruces quemadas para liberar la pureza de un color.

Ya te empiezas a acordar de mí. Hoy, aunque quizás no en tu casa, todavía se sigue tocando a degüello y a hoguera humana; se hace en nombre de algún dios que es la verdad del vencedor. Pero esto son frases, y tú por fin me acabas de reconocer, bajas la cabeza, mueves la mano para acariciar el revólver que ya no llevas.

Bajas la cabeza un poco más.

En la terraza del Zúrich, de madrugada, o por la mañana, o a media tarde, mi piel es blanca; o de sombra, o judía; árabe; gitana… Me recuerdas, y miras hacia atrás; aunque ahora estamos en la terraza del Zúrich.

Me levanto sin decir nada y paso junto a ti, me voy con Jonathan, y caminando despacio nos vamos Rambla abajo. Quizás lleguemos hasta el puerto, o quizás no, pero iremos hablando sin odio de aquel negro que aprisionaron una vez con un neumático de coche…, y al que luego prendieron fuego.

Por: Lluis López Sanz (Escritor de Letras & Poesía) 

https://www.twitter.com/amadisdetiana

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