Hogar

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No hay nombres, ni títulos, ni siquiera autores. Solos tú y yo en la nada que creamos, llena a rebosar de sudor, miradas y miedos. No hay nada salvo esa cama en la que nos perdemos, porque no queremos otra cosa. Solos tú y yo y el calor que desprendemos, presos del deseo inextinguible de dos personas que se aman, que pretenden amar o que no tienen ni idea de lo que es amar. Más juntos imposible, separarnos vano.

Qué importa la lluvia de fuera si dentro este fuego arde y sólo logramos calmarlo con más fuego. Así somos, irracionales e inseguros. Siendo por unos instantes cadenas el uno del otro, prisión inexpugnable de la que no se quiere huir, abrumada por el ruido de tu placer y el mío, del vendaval de pasado y futuro condensado en nuestros cuerpos presentes, por la vida que nos cedemos durante esos instantes en las que somos uno y somos nadie.

Durante esos momentos no importa qué creemos, qué callamos ni qué pensamos, no importa nada que no sea querernos otro minuto más. Arder, sólo arder hasta que seamos sólo cenizas y nos fundamos, para reencontrarnos más tarde acariciándonos los sueños, besándonos los sentimientos y abrazando la inocua guerra.

Necesité emigrar de mí, del lastre que es ser yo y tu sonrisa me ofreció asilo político, un asilo que me llevó a la guerra, la guerra por hacerte sonreír para salvarme una vez más y así reiniciar el proceso. Pero no acojas mi exilio solo en el sexo de tu habitación, acógeme también en el cálido frío de tu corazón cuando la sangre me hierva y mi locura brote a borbotones, cuando necesite un faro que ilumine o una mano que me guíe, cuando le grite al mundo que estoy perdido y mienta, porque recuerdo a la perfección el camino a tus caderas.

Siempre estoy pidiéndote; con los labios, con los ojos, con el corazón en ruinas y tú nunca has sido de dar de más. Pero conmigo haces la excepción, sabes que necesito un poco más, que soy de ese tipo de locos que luchan por tener un poco más hasta que desfallecen. Bien sé que desfallecer en tus brazos no es perder, es ganar. Ganar la oportunidad de tener la oportunidad, de yacer en tus brazos y volverlo a intentar.

Eres la metáfora exacta que necesito, recoges todo lo que quise decir en esa insondable forma de hablarme con los ojos, eres lo inefable de la poesía, la mudez del poeta sin musa, el camino por el que perderse, los brazos donde encontrarse, eres la horma exacta de mi inspiración, un dolor y un placer conviviendo en el mismo hogar.

No hablo de mudanzas. Yo ya tengo un hogar y está en el quicio que separan tus labios y los míos, está en el limbo entre tenerte y verte marchar, está entre la certeza y la incertidumbre. Mi hogar está en todo lo que haya entre tú y yo.

Por: Jimmy García Ferrer (Escritor de Letras & Poesía)

https://twitter.com/jimmytrv

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