Un desastre natural

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Hoy por primera vez, me permití, imaginarme contigo leyendo, riéndonos de la gente que pasaba, me permití pensarte sin tratar de callar a mi mente al momento, y fue un bonito pensar. Eso vamos a ser. Un pensamiento que tuve entre fumadas al cuarto para las 11. Y ya. Porque no puedo, porque no sabes en lo que te estas metiendo. No soy lo que quieres. Soy complicada. No en el sentido que se le ha dado en películas, de niñas bonitas con problemas de autoestima y desconfianza que pueden arreglarse con el cariño suficiente de un príncipe azul dispuesto a pegar los pedazos rotos.

Soy un conjunto de emociones encontradas que se pierden, en un bucle día y noche. Soy quererte y tratar de no matarte al mismo tiempo. No de esa clase es de complejidad con la que describes un acertijo, porque soy un libro abierto, simplemente escrito en una lengua que solo el autor entenderá, porque eso si te puedo asegurar, ni el libro mismo se entiende completamente. No compleja como una ecuación, mi intelecto reiría ante tal comparación tomando en cuenta mi mediocridad matemática. Soy compleja como lo es un suspiro expulsado dentro de una bolsa de papel. Como lo es el agua dentro de tu oído después de un día en el mar.

Compleja como un ente metafísico dentro de una estructura de carne y huesos. Soy lo mas humanamente complicado que me he topado, no soy fácil para pasar tiempos prolongados. Créeme, conozco bien a la persona por la que crees que sientes algo, llevo 17 años, un mes y dos días compartiendo identidad con ella. Tengo la tendencia a tener mas días malos que buenos, soy manipuladora como ultimo recurso y tengo la capacidad de contagiar fácilmente mi sentir. Tengo la nariz chueca y pies de futbolista.

Te dije que buscaras entre la multitud de espíritus jóvenes, de niñas hermosas, todas con un enredo de diferentes magnitudes en sus cabezas, pero posiblemente encuentres una lo suficientemente valiente para ocultar todo esto de ti, porque esa no soy yo. Soy cobarde, no puedo agregarte a la lista de damnificados de el terror en el que me siento hundida. Me ahogo en vasos de agua, pero al aparecer tiburones me hundo a nadar con ellos. Evado frenéticamente caminos empedrados pero trato de escalar montañas, usualmente termino en el piso sin aliento.

Busca a alguien que pueda ignorar sus demonios, solía ser un trabajo fácil, pero últimamente me es imposible. Busca a alguien que no le de giros deprimentes a conversaciones sobre películas animadas. A alguien que pueda evitar sonreír cada vez que sus oídos escuchan su nombre en tu voz. Busca a alguien que no sea yo, porque yo he empezado a sentir algo también, y eso es más peligroso todavía.

Por: Sofía Avila (Escritora de Letras & Poesía)

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