Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Susana A. P. (España)

Aquella dichosa escalera

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“Aquel día en la escalera… Yo bajaba uno a uno sus peldaños de piedra y, por primera vez, apareciste tú descendiendo por ella. Mis ojos se clavaron inmediatamente en ti, mi corazón sintió en su más interno ser, que de una u otra forma, te conocía. Mas no era así, no era posible. Nunca antes te vi bajar por aquella escalera…
Continuaste firme tu decidido camino, hacia delante, como si nada hubiera sucedido en estos leves instantes en que mi reloj detuvo su carrera. Así era, nada en verdad, empero, no para mí. Sin quererlo y sin ser consciente de ello sellaste en mi alma la marca más profunda que nunca nadie dejó.

Aquel día en la escalera… Ni siquiera ahora, cuando ya todo, hace tiempo que pasó, cuando ya no queda nada por ganar, el capítulo de esta historia sin fundamento ha finalizado y tantos sucesos nos han abrumado. Ni siquiera ahora puedo dejar de mirarte, de buscar tus ojos oscuros en el horizonte para perderme en el más allá, al igual que lo hacía desde aquel día, todas las mañanas, a las once en punto. La hora en la que bajabas por aquella dichosa escalera.
Tu recuerdo permanece en mi mente, como una gota de agua sobre el papel, como persisten las raíces del árbol escondidas bajo tierra aunque hiciera ya tiempo de su tala. Permanente, imborrable, infinito…

Aquel día en la escalera… Yo llevaba una camiseta de flores verdes y el pelo suelto, con varios mechones recogidos con una horquilla en una trenza. Tú vestías un polo azul con la letra A. Yo bajaba sin prisa, tú caminabas un par de escalones por detrás de mí. Pronto alcanzaste mi lugar. Y tuve que hacerlo, el corazón me lo pedía a gritos…
Me pregunto qué será, y por qué razón, si con solo verte desaparece a mi vista todo a mi alrededor, si eres para mí lo que una gota de agua a una pequeña flor, si, a pesar de todo, tú todavía no sabes nada.

Bajo la escalera, igual que cada mañana, a la misma hora de todos los días, no hay excepción. Apoyo levemente la mano en la barandilla de madera, la deslizo conforme desciendo los peldaños de piedra y miro a la izquierda. Te detienes en la puerta y te apartas un poco hacia un lado de ésta. Levantas la mirada y luego giras la cabeza, casi por encima del hombro.

Entonces, me miras.”

~Recuerdos de ti, cuando eras yo.

Por: Susana A. P. (España)

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