Autores Jimmy García Ferrer (España)

Tus brazos

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Vuelvo a estar en esta cama enorme, vacía, aislada, porque me faltas. Y te cansarás de faltarme como te cansas de tenerme y yo seguiré buscándote hasta que vuelvas para salvarme. Me callo más cosas de las que digo, por el tiempo, por el espacio, por el castigo de recordarte. Cada día echo de menos algo distinto: hoy no puedo parar de pensar en tus brazos, en la calidez, en la seguridad que me otorgan, en la capacidad de pasar de adulto a recién nacido, porque yacer en tus brazos es volver a nacer.

Nunca me había parado a pensar en la perfección que pueden tener unos órganos tan prácticos, en lo que esconden y en lo que representan. Tienen ese color y esa suavidad casi marmórea, esa liviandad propia de las deidades, esa fuerza titánica escondida en la leve forma de un brazo de mujer, esa seguridad de poderme destrozar con un roce y pese a ello rozarme hasta el éxtasis. ¿Quién hubiera dicho que un brazo de mujer escondiese un mundo entero tras su delicadeza?

Me gusta pensar que esos lunares fueron pequeñas taras que dejaron allí adrede, para no levantar sospecha de tu secreta perfección; son esquirlas de deseo hecho carne, son estalactitas de lujuria cayendo en mi frágil esperanza. Son la tranquilidad rociando mi cuerpo, lo último que veo antes de perecer entre tus eternos brazos. Ir de tu brazo lo hace todo distinto. Contigo todo es distinto: Los paseos de tu mano lejos de cansarme me alientan a seguir; las palabras adquieren otra dimensión más veraz porque todo contigo tiene más valor; TE QUIERO en mayúsculas, porque contigo no hay nada pequeño.

Y ahora qué hacen mis brazos en esta cama sin tu cuerpo para enroscarse. Qué les doy cuando aclaman tu nombre, cuando nada parece saciarles si no es tu felicidad sobre la mía. Y ahora por qué te echo de menos, si te tengo como nunca te tuve. Por qué necesito más y más. Por qué siento que unas cadenas me hacen más libre, por qué el reloj parece volverse loco contigo, tal vez el tiempo y el espacio dejaron de tener sentido cuando comenzaste a quererme. Qué hago con éste hambre insaciable, con estas ganas de trepar por esos brazos hasta acomodarme en tu pecho, con este vacío inexistente, que reclama existir sólo porque hoy no estás aquí y desaparecerá como si nunca hubiera existido cuando vuelvas.

Aquí sigo, tapando con palabras las grietas que dejaron tus brazos, rellenando con espacios en blanco los besos que aún no te he dado y escribiendo todo lo que aún tengo por darte. A cambio solo te pido que tus brazos no me suelten, es el único lugar seguro para mí.

Por: Jimmy García Ferrer (España)

twitter.com/jimmytrv


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