La nostalgia de la lluvia

Recuerdo que decías que te gustaba la lluvia, que te hacía recordar las lágrimas de los que quieres. Recuerdo que las gotas se posaban sin orden alguno sobre tu piel, buscando acercarse a tus ojos, cuyas pestañas parpadeaban, celosas e inquietas, deseando ocultar su mayor tesoro. Te refugiabas entre mis brazos mientras los recuerdos caían a lado y lado de nuestros cuerpos; y llorabas, y yo seguía cuidadosamente, primero con los ojos y después con los labios, el rastro salado que dejaban tus lágrimas. El mismo sabor salado de nuestros besos después de la playa, desnudas, dejándonos llevar por la marea; el sabor dulce y salado de los rayos de la Luna llena; el sabor tu tímida desnudez en las noches más dulces y los despertares con las despedidas más amargas.

Mirabas por la ventana tristemente, como anhelando algo más, o alguien más, y te disculpabas, y yo te tapaba los ojos y jugábamos a vernos sin mirarnos, hasta el débil instante en el que tu boca esbozaba una débil mueca de preocupación y yo te abrazaba por la espalda y sentía tu sonrisa. Entonces notaba que tus ojos dejaban de sonreír y volvían a la ventana, siguiendo vagamente el recorrido de las gotas más grandes arrastrando a las pequeñas hasta el otro lado del cristal, donde desaparecían. Entonces parpadeabas, una, dos, hasta tres veces, y buscabas una nueva víctima que, avergonzada por tu penetrante mirada, acababa evadiéndose de nuevo a un lugar desconocido. Y yo te cogía la mano para que supieras que estaba allí, y que no pensaba dejarte ir, pero tú te apartabas, con la piel erizada por el frío. Y yo no te entendía, y te besaba y te abrazaba, pero ya no sentía tu calor: tenía frío, mucho frío; y tu recuerdo frente a la ventana, esperando a alguien que nunca llegaba, me helaba. Y no entiendo por qué huyes de mi recuerdo si aun me quieres, si yo aun te quiero. Te alejas corriendo de la ventana, como si aquella persona que esperas hubiera llegado, o como si hubieras aceptado que jamás va a volver.

Desde el primer instante te lo dije: te quiero. Y viviría mil vidas si fuera contigo, pero no esta. No prometí “siempres” que siempre supe que nunca cumpliría.

No me esperes bajo la lluvia, pues solo caerán las lágrimas de la nostalgia encima de tu cuerpo desnudo.

Por: Elena García Dalmau (España)

Escritora invitada


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Un comentario Agrega el tuyo

  1. yolanda1965w dice:

    Bello, tristemente bello. Saludos,
    Yolanda.

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