Escribiendo bajo presión

“Es necesario encontrar una frase poderosa para empezar, sobre todo cuando lo has dejado y la incomodidad del lugar común ‘pagina en blanco’ te nubla la mente”, decía para sí mismo, mientras encontraba en su interior una excusa para abandonarlo y soltar el teclado.

Sonó la olla pitadora. Se mueve rozando entre el inconformismo y la paz, la deja pitar, sigue mirando hacia la pantalla y con su mano derecha esculca su bolsillo y saca una cajetilla de piel roja. Su mano tiembla al mismo tiempo que enciende un cigarro ya doblado por el tiempo. “Los cigarrillos no vencen”, piensa. Después de dos intentos, carbura una bocanada y la suelta lentamente esperando que de la misma manera salgan palabras de una vez por todas.

La olla vuelve a pitar y el sonido se le hace más incómodo cada vez, lo que interrumpe su conexión consigo mismo. Escribir es un acto de verdad y de exploración interna y externa. Bocanada tras bocanada, pitido tras pitido, se va a un lugar del que no cree poder salir.

La olla pita nuevamente y ya el sonido lo irrita tanto que no sabe si parar de cocinar o dejar de escribir. “¿Se puede vivir y comer de la escritura?”, se cuestiona. Por ahora, se la pasa de trabajo en trabajo, uno que no le exija tanto esfuerzo para poder escribir, o es al menos lo que la mamá le dice a sus amigas a la hora del té.

Pitido tras pitido y bocanada tras bocanada, va renunciando. “No tiene sentido escribir en una época en la que nadie lee”, se repite. Rinde sus manos sobre el teclado y reposa su cabeza en el espaldar de esa gastada silla por las goteras.

Se pregunta  por qué los piratas tienen un ojo más cerrado que el otro y toman ron, mientras se sirve un shot. El ron de ese entonces debía causar unos efectos tales que lo usaban para navegar entre mundos. El humo, entre tanto, hace que el ojo se irrite si se sostiene el cigarro entre los labios y se escribe al mismo tiempo. Se auto explica. No se le hace extraño que si los pintores se quitan una oreja por escuchar voces, los escritores, un ojo, ya que les duele observar su entorno y el humo del cigarro. Pita de nuevo la olla.

Se reincorpora y no soporta más los pitidos, deja su laptop a un lado y se acerca a su proyecto de cocina integral. Al abrir una gaveta, toma una cuchara. “El amor es como una cuchara que todos toman como excusa para comer”, se burla de sí mismo, no es la frase poderosa que espera. Levanta el filtro de la olla con el cubierto y, haciendo que toda la presión se libere, vuelve a su silla. Toma empoderado el teclado y escribe: “Es necesario encontrar una frase poderosa para empezar…”.

Por: Juan Sin Ombligo (Colombia)

 juansinombligo.wordpress.com


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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Dilema de un escritor.
    Por suerte, hasta ahora nunca me pasó.
    Saludos.

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