Andrés Puentes (Colombia) Autores

Tener miedo es válido, más no una excusa

Imagen tomada de https://goo.gl/seQZ5m

A cualquier persona le resultaría absurdo escuchar cómo es posible que, una de las guerrillas más viejas y sangrientas de Latinoamérica, está pactando su salida del monte a punta de poco o nada. ¿Cómo es eso que no van a pagar un solo día de cárcel? ¿Más encima se les va a dar curules en el Congreso de la República? ¿Vamos a darle vía libre a esos insurgentes para que, en unos años, nos gobiernen? ¡Absurdo! ¿No?

En 1965, el discurso no era diferente. Los políticos de turno aseguraron que había que combatir a las “repúblicas independientes”, y que el Estado no se doblegaría ante las exigencias de unos pocos, dando origen a la misma guerrilla que hoy todos quieren acabar, pero nadie se pone de acuerdo cómo.

¿Qué hubiese sucedido si el Gobierno Nacional de ese entonces, en vez de darles plomo, les hubiese otorgado lo que buscaban: participación política y una reforma agraria justa para el campesinado? Muy posiblemente hoy no estaríamos teniendo que costearle los tiquetes de avión a Iván Márquez de Colombia a Cuba, ni los hoteles de lujo del equipo negociador. La guerrilla no hubiese surgido. Pero por sobre todo, tampoco tendríamos que avergonzarnos al reconocer que este conflicto ha causado más de 6 millones de víctimas, entre esas 220.000 muertos.

Aquí no se trata de perdonar los crímenes de los guerrilleros, o de recompensar políticamente al mandatario afín, sino de acabar con un conflicto armado, que hoy por hoy, no tiene sentido alguno.

Es difícil, aceptar que se les vaya a entregar un subsidio económico a los desmovilizados (de $620.000, no de $1’800.000 como otros vociferan), quienes por tanto tiempo estuvieron combatiendo a su mismo pueblo, mientras a la vez familias enteras no tienen con qué comer. Pero debemos recordar los tantos episodios de nuestra historia nacional, cuando, tratando de satisfacer este discurso político de lo que es o no justo, crearon las condiciones propicias para que los, en esos momentos desmovilizados, volvieran a alzarse en armas como bandas criminales. Entendamos que el subsidio no es un premio, sino recursos con los que los ex-guerrilleros vivirán mientras logran reinsertarse adecuadamente a la vida civil.

Es difícil también aceptar que se les esté otorgando curules (no directas) a los desmovilizados de las Farc-Ep. ¿A parte del daño que hicieron en el campo, ahora quieren hacérnoslo en todo el país desde una silla del Senado? No, por el contrario, esto es lo que se debió hacer desde 1965, antes de la Operación Marquetalia: permitirle participación política a quienes, por su condición marginal (y por eso en el acuerdo se habla, no solo de curules para las FARC, sino también a aquellas comunidades que, por culpa del conflicto, nunca han podido obtener representación popular en los cargos de trascendencia nacional) no lograrían obtenerla por su cuenta.

Es difícil, jodido, aceptar que, a pesar de los tantos crímenes que cometieron, no vayan a pagar un solo minuto de cárcel. Pero, ¿es la cárcel la solución correcta? ¿Enviarlos 8, 10, 20 años tras las rejas dejando a un lado el querer de la víctima? Estamos tan acostumbrados a nuestro sistema retributivo que no concebimos posible que se ponga en primer lugar a la víctima que a la pena del victimario. Por eso este punto ha sido tan criticado, pero comprendamos, por más que nos cueste, que las penas alternativas de los desmovilizados se fundamentan en que ellos jamás accederían dejar las armas si con ello les esperan 15 años tras las rejas (cosa que nunca ha pasado en ningún otro proceso de paz del mundo, ni si quiera con las AUC), y que además, estas sanciones estarán enfocadas en restaurar a la víctima y a toda la comunidad en general. ¿Cómo? Mediante trabajo social.

Y por supuesto que da miedo, hay temores justificados, rencores guardados y conflictos internos por resolver, pero ello no nos puede hacer echar para atrás lo que desde el gobierno de Belisario Betancur están buscando alcanzar: el fin de la guerra con las FARC.

Claro, el conflicto en Colombia no se acaba con la desmovilización de esta guerrilla (todavía nos queda el ELN y decenas de grupos al margen de la ley), aunque cada vez estamos más cerca de que eso pase, y está a nuestro querer decidir qué vamos a hacer con nuestra nación: implementar un acuerdo imperfecto, o seguir hasta quién sabe cuándo con esta guerra sin sentido.

Un gran colega una vez me dijo: sueño con el día en el que los jóvenes empuñen libros en vez de rifles, sueño con el día en el que mi vecino pueda salir a la calle sin miedo a ser asesinado por ser de izquierda, derecha, o por el simple hecho de no tomar partido, sueño con el día en el que pueda despertar sin leer un titular de una masacre en mi región, sueño con el día en el que Colombia aprenda, de una vez por todas, que el poder de cambiar a su país, le pertenece a su gente, no a sus gobernantes.  Está en nuestras manos Colombia.

Por: Andrés Puentes(Colombia)

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