Lo que me corre por dentro

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De ratas que buscan la mierda tengo mi cuerpo repleto y el hormigueo incesante me recorren por completo. Podrida me siento, y mi carne putrefacta va dejando el reguero de miradas cuando a la calle salgo en busca de sexo.

Mi cabeza dice basta, mi cuerpo arremete contra mi misma, en una lucha incesante entre lo que pienso y lo que siento, y lucho por no volver a caer, por mantenerme limpia, peleo contra el deseo que me invade y la necesidad de buscar el placer en otro cuerpo.

Solo la puerta me separa de los fantasmas que me invaden por dentro, tumbada junto a ella paso las horas, y llegan a mi los cuerpos que me han tomado, y no puedo ver sus caras, están borradas del recuerdo o quizás nunca estuvieron.

Incontables las manos que me han tocado, innumerables momentos en los que no hay bocas ni dedos, solo miembros que castigan mi sexo, sin mas acercamiento que el mostrar mis labios abiertos.

Una vez más no va a matarme, ya mañana lo dejo, igual es hoy el día en que quede plena, quizás hoy me sentiré llena y no tendré que volver a empezar al momento. Quizás, me pregunto, tal vez si supiera, y si no salgo ahora y pierdo la oportunidad, que será de mi mañana, y si mañana me encuentro en el suelo, preguntándome lo mismo, engañándome a mi misma, luchando contra la puerta que cierro ante mis deseos.

No se en que momento desconecto, no recuerdo como llego, ni se el camino de vuelta, ni siquiera donde me encuentro. Mejor no mirar a los ojos, que si me miran, podrán ver lo podrido que tengo el cerebro, el asco que siento al rozar su cuerpo contra mi cuerpo. Mi cara pegada a algún árbol con una mano abrazando y la otra metida en la boca intentando contener las arcadas que me están dando.

No hay caricias, no hay preámbulos, no susurros en la oreja, no ternura en los abrazos. La fuerza de un toro me embiste, sin preguntarme siquiera y termina la faena sin yo empezarla siquiera, el siguiente esta esperando, no me muevo, que entre, está en su casa, que entre ya, o no podré sostener mis piernas, ni las lágrimas que de mis ojos cuelgan. El siguiente está en la puerta y siento que me tiene sujeta, todo el bosque me da vueltas, y ya no recuerdo nada.

Despierto sobre la hierba tirada, rodeada de mis vómitos y no recordando sus caras, quizás porque no les miré, quizás porque no las llevaban, quizás es mejor así, teniendo sus caras borradas…

Por: Margui (España)

marguimargui.wordpress.com/


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