Autores Comunicados Laura Gómez Lomeña (España)

Mamá, quiero ser periodista

Perdonad el atrevimiento, pero de entre todas las cosas que no elegí de mi vida (que posiblemente no hayan sido pocas), la más bonita de todas las casualidades siempre será mi continua necesidad de comunicar a cada instante, sin importar el lugar o el momento en el que me encuentre.

El periodismo es todo y nada. Todo porque te hace llegar al límite de decibelios permitido para poder gritarle con la mayor de las fuerzas al mundo lo espectacular que resulta cuando el miedo se esfuma y tan solo se quedan las ganas de luchar. Nada porque es la forma que tiene el mundo de hacerte ver que el futuro siempre será incierto aunque las ganas de soñar sean más que superiores.

El título de mi artículo abarca tantos sentimientos en su interior que no existen adjetivos calificativos suficientes para llegar a expresar lo que significa en tan solo unas palabras.  ”Mamá, quiero ser periodista.” Y el silencio se hizo en casa, se hizo silencio por todos aquellos valientes que murieron siendo periodistas –periodistas de corazón– y por todos aquellos (que sin merecer mención digna hay que nombrarlos) que murieron creyendo ser periodistas aunque mentir a la sociedad fuese su único objetivo en mente.

Querido miedo, ésta es la parte en la que toca hablar de ti. Pérez-Reverte, uno de mis mayores ejemplos a seguir tanto por su valentía como por amar el periodismo de antes –el verdadero, el que no naufragó en busca de la libertad porque aún existía una plena libertad periodística–, publicó el 23 de mayo de 2014 un artículo en El País titulado Sobre miedo, periodismo y libertad. En él, hablaba del maltrato que sufre el periodismo hoy en día por parte de los de arriba, del miedo que sienten algunos periodistas (los que verdaderamente no demuestran que lo son). Miedo que les paraliza tanto que consigue que no desempeñen su auténtica finalidad.

Hoy también me atrevo a hablar de ese asunto, asunto que me saca de mis casillas. ¿No estamos ya lo suficientemente explotados por los de arriba como para encima tener que perder la libertad en el único ámbito en el que se permite informar a la sociedad de lo que ocurre a nuestro alrededor? Permitid que os deje por los suelos, queridos mandamases. Basta ya de cortar las alas a las personas que aman la comunicación tan solo por el hecho de estar en juego vuestra mísera imagen. Basta ya de narrar las noticias a vuestra manera, de prohibir el vuelo a aquel que aún puede permitirse el soñar sin ser juzgado. Y a vosotros, los que decís que sois periodistas pero no lucháis por ganaros algo más que un simple título, perdonad que os tutee, pero realmente no sé cuál de las dos cosas es peor: si cortar las alas o no luchar para que esas alas no sean cortadas. Dejad el miedo a un lado y comenzad a luchar por un periodismo libre, por un no hacia el maltrato que sufre la comunicación, nuestra comunicación.

Es hora de volver al tema que mencioné al principio, al enorme miedo interior que sufren nuestras familias cuando pronunciamos esas palabras mágicas en las que anunciamos nuestro deseo de ser periodistas. Miedo interior que aparece justo en el momento en que la sociedad y los actos de aquellos que dicen ser periodistas y no lo son, manchan la imagen del verdadero comunicador. Una persona sentada en un plató de televisión, fardando de la vida de los demás y demostrando a cada palabra dicha su incultura, eso es lo que la sociedad de hoy en día (los jóvenes, mayormente) piensan que es un periodista. Va a ser que no, va a ser que la sociedad tiene un pensamiento erróneo. Los periodistas –o al menos, la mayoría de ellos– son los que tienen cara de comerse el mundo, los que sin tener horario fijo poco les importa al amar lo que hacen haciéndolo porque lo aman. Pero los que van y vienen como el viento, los que se sientan en un plató y demuestran su incultura, esos no son periodistas –no de corazón–.

Puedes dormir tranquila, mamá. Yo no seré de esos que presumen título para quedarme tan solo en eso, en un título.

Querida familia, puede extinguirse vuestro miedo: lucharé día a día para que el periodismo vuelva a ser libre.

Por: Laura Gómez Lomeña (España)

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6 comentarios

  1. Por algo le llaman a la comunicación el cuarto poder, la información siempre ha sido un arma poderosa, y como todo sin grandes valores se convierte en un monstruo. Por eso es necesario luchar por la libertad y la objetividad en la información, por muchas mentiras que intenten ocultar la verdad, esta siempre sale a la luz y gracias a personas como tu, esa verdad brilla más que nunca. Tienes todo mi apoyo.

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