Autores Cuento Jimmy García Ferrer (España)

El sueño

Cuando quiso darse cuenta ya era más de medianoche, había oscurecido y la noche avanzaba con todo su peso, trayendo con ella un manto de estrellas y el siempre reconfortante e inquietante silencio.
Debió de haber pasado horas leyendo, intentando endulzar la eterna espera, pero el cansancio cedió y sus ojos cayeron como dos pesadas persianas, dando por sentado que la luz era ya inservible y debía dejarle sitio a la oscuridad. En esa oscuridad escuchaba unas tenues voces que -creía- decían su nombre, lo llamaban, lo apremiaban a reunirse con él, pero él estaba tumbado en aquella cama, con el libro sobre el pecho y sin más ropa que aquel pijama raído que siempre había odiado.
Se encontraba en una zona extraña, similar a como se había imaginado la nada, una clara oscuridad que abrigaba pero no nublaba los sentidos, un estado del sueño que se escapaba a su comprensión. Se sentía cansado, pero estaba de pie, oteando la oscuridad en busca de alguna señal que seguir. Sabía perfectamente que su cuerpo estaba en la cama y que aquello era un sueño de lo más extraño, pero su curiosidad pudo con él y arrastró su torpe cuerpo hacia delante, ansioso por saber de dónde provenían aquellas voces.
Después de un largo tiempo andando sin rumbo, guiado sólo por aquellas tenues voces que gemían su nombre, la oscuridad dejó pasó a una luz sutil que emanaba supuestamente de la luna. Aquella luz blanquecina iluminó un trozo de bosque en el que se adentró sin pensar demasiado, consciente de que las voces se hacían más nítidas a cada paso. Estaba descalzo y sintió como el pasto húmedo empapaba sus pies y como algunos arbustos y plantas rozaban y se enganchaban en el pijama, pero no le importó. Para él lo único que importaba eran aquellas voces que lo llamaban amargamente, que tañían sus cuerdas vocales de una forma angustiosa esperándole.
Finalmente alcanzó un claro, en cuyo centro destacaba majestuosamente un lago de agua cristalina de dónde emergían aquellas voces, cada vez más inhumanas. Llegado a este punto, supo que tenía que averiguar qué le llamaba con tanta impaciencia en sus sueños, así que caminó hacia el lago y miró adentro. Escudriñó hasta encontrar el origen de la voz y cuando por fin lo encontró, lo reconoció de inmediato, cosa que le hizo emitir un grito ahogado, trémulo frente a lo descubierto.
Supo que no tenía otra opción; corrió, corrió como nunca antes lo había hecho, deseando adentrarse de nuevo en aquella oscuridad acogedora, corrió sin mirar atrás, pues sabía que estaba siendo perseguido. Tras unos metros de carrera, notó como las espinas de una vid que no reconoció se le enquistaron en el pie izquierdo, generándole un dolor agudo y haciéndole caer. Miró como de su pie brotaban unas pequeñas gotas de sangre y supo que no tenía escapatoria. Cerró los ojos cuando lo oyó llegar.
Despertó en su cama, sudando tras la pesadilla y agradeciendo haberse despertado justo en ese momento y no después. Decidió olvidar aquello y volver a dormir, pero cuando miró hacia abajo, vio emanar de su pie izquierdo unas pequeñas gotas de sangre.

Por: Jimmy García Ferrer (España)

twitter.com/jimmytrv


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