Destellos iridiscentes atraviesan el cristal

Destellos fríos, huraños rayos con cara de puño y traje de rayas cambiantes; rayas a ratos largas y delgadas y a ratos gruesas. Me observan con sus anteojos cuadrados, no tienen ojos, solo sombras que me observan inexpresivamente mientras me ponen una máscara; siento un olor dulzón como de ambientador de baños. Su voz suena como el zumbido de una abeja, bbzzzzz bzz bzzz bzzzz; no entiendo nada, cierro los ojos y miro para adentro.¿Qué estoy haciendo aquí?…cómo decirlo…me estoy divorciando. Sí, me estoy divorciando de Eduardo, nunca me gustó ese zopenco. Con esos brazos flácidos, ese cuerpo de preadolescente, tan escaso de virtud alguna. No se como lo he soportado todo este tiempo, hasta su nombre es aburrido ¿Eduardo, petardo?, suena a ratón de biblioteca. Quién en su sano juicio le pondría a un crío un nombre como ese. Me gusta más Sophia, si, suena bien…es dulce y ligero como una rosa. Eso si, no cualquier rosa, una rosa impetuosa, fuerte; nadie se mete con Sophia, ella es hermosa y encantadora pero también indomable.

Iridiscentes son mis pensamientos, luces fugaces que se entremezclan en un paisaje multicolor de fuegos pirotécnicos. Pensamientos alegres, ansiosos, melancólicos, brillan en mi mente con vestidos de carnaval, danzan a un ritmo atropellado, caótico. Su baile cuenta mi historia, mis temores y anhelos, mis recuerdos y mis fantasías. Un pensamiento azul brilla con el color de una noche estrellada de abril. Miro las estrellas mientras saboreo una copa de anhelo rojo con sabor a fresa y helado; a partir de ahora, no más negación, no más temor al qué dirán. Adiós al patético Eduardo, hola a la candente Sophia. Ya no hay vuelta atrás ni sombra para las dudas, seré de pies a cabeza todo lo que siempre he anhelado…Las sombras me rodean, de repente las estrellas se apagan y la oscuridad me arrulla.

Atraviesan mi carne con fuerza, aguja y bisturí se introducen en mí, con un trazo aquí un corte allá, borran la silueta de un hombre de contextura delgada y frágil; piel mestiza, vello escaso  y cadera estrecha. Poco a poco Eduardo desaparece, sus cicatrices, sus preocupaciones, sus miedos… La máscara se resquebraja, ya no necesito ese detestable disfraz de hipocresía. Basta de aparentar ser un macho más de la manada, no soy como el resto y nunca lo he sido. Basta de charlas llenas de nada y vacías de todo.

El espejo refleja la imagen de una desconocida, una mujer de cejas tupidas, nariz pequeña y ojos verde aguacate que me observan tímidamente. Pero eso no es lo que me desconcierta, son sus curvas lo que me trastorna; un vestido de escote cubre su cuerpo escultural; su cola es discreta pero bien delineada y sus pechos son medianos, firmes y suaves, tan naturales como si siempre hubieran estado ahí, como si Eduardo solo hubiera sido una desagradable pesadilla. No me lo puedo creer.

Cristal traicionero, es irónico que tu, el mismo que me hacia sufrir tanto en el pasado, ahora seas el que me sonríe con complicidad, como un amigo fiel. Qué frágiles son los ojos, que engañosa es nuestra realidad.

Por: Krieger (Colombia)

plumapicante.wordpress.com


Únete a nuestras redes:

facbook     twitter-icon-circle-logo     instagram-icon-3cd2e3790075e545be9ea3a14fe12baf     tumblr_256     social_youtube_63

Anuncios

Un comentario Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s