Taxi

Te conocí mientras me robabas un taxi,  era un día lluvioso y el olor a pavimento estaba presente en todas las calles como un recuerdo del buen día que hizo ayer.

Ayer me levanté y extrañamente no había luz, extrañamente había olvidado pagar el recibo, extrañamente había dejado las llaves del carro en algún penoso lugar queriendo olvidarla, extrañamente me veía al espejo y me había abandonado al tiempo, extrañamente no era yo.

El sol se fue y llego la lluvia, había tomado la decisión de intentarlo, de estar en luz, así que me puse un abrigo y salí a pagar el recibo, bajando las escaleras en la lluvia observe venir un taxi, aligere mi paso queriendo llegar al paradero y en segundos ella se atravesó entre mí intento de cambio que llevo planeando durante meses y el taxi.

Ambos frente a la puerta del taxi de un modo tan patéticamente cursi nos miramos a los ojos, me dieron nauseas el hecho de pensar que debía dejarla ir en el taxi, cuando irrumpió ella mi meditación con una pregunta simple: ¿Para dónde vas?

Tímidamente me cuestiono la respuesta, divago entre sí quiero ser piloto o político de turno, si voy a pagar el recibo o terminar con ella en un motel y al cabo de unos meses esa figura que admiraba entre las sabanas, que me ahogaba entre su aroma, que lograba que soporte mi existencia, tarde o temprano se convirtiera en una broma absurda de lo inquietante de mi cotidianidad, simplemente queriendo ser parte de este mundo. ¡Para de pensar!

Vuelvo al momento que estoy viviendo y respondo – al centro-  a pagar un recibo, pienso en voz alta, ella dice- perfecto voy para el centro… ¿vamos?- como si fuese un niño  me subo sin escatimar nada, en el taxi el silencio incomodo lo rompe el conductor – ¿para dónde van?-  pienso que he vivido dos veces en un mismo día la  pregunta pero ahora no tengo una respuesta porque dependo también de la extraña loca que sube a un perfecto desconocido a un taxi, me pregunto ¿qué tipo de mujer lo hace, en qué mundo vive, acaso no ha oído de los paseos millonarios o de los vendedores de órganos del mercado negro?

Si supiera que hace unos pocos segundos atrás me imagine con ella en un motel…¿ Me hubiera convidado a subir al taxi?

Ella dice- si-

Yo escéptico confundo mi pregunta interna con su respuesta, (será que lee la mente) que seguidamente ella completa su respuesta– si, al centro por favor- sonriendo.

La miro de reojo y sonrió.

Ella responde la sonrisa y pregunta.

<<que maldita necesidad tenia de hacer eso>> pienso.

–  ¿ A qué te dedicas?

Está intentando intimar conmigo. Piensa una respuesta agradable como: detective ruso, artista conceptual, misionero sur americano o simplemente psíquico.

Después de pensar las posibilidades respondo:

-Psíquico.

Ella dice:

–   Curioso,

Encoge sus hombros, sonríe y después de un silencio incomodo dice:

–   ¿Tiene algún sentido que te hable de mi o ya lo sabes todo? Nunca había tenido contacto con una persona como tú, y sabes cómo Músico me inquieta mucho tu manera de ver la vida. Es otro mundo.

Pienso. Soy mitómano he armado una mentira y me la he creído. Ella lo es todo en un segundo.

Ella empieza a llorar, y lo que creí que sería un interesante juego de seducción se convierte en una fatídica conversación de cómo ella se dejo a sí misma lejos de todo para encontrarse.

Si le hubiera dicho ser misionero pediría que hiciera oraciones por ella pero tiene una cara de atea que no puede con ella.

Si optará por decir que soy artista conceptual me diría que llevo una vida muy complicada, de desordenes que no aguantaría y de depresiones que aun por el hecho de ella ser Músico no trataría para no complicarse más la vida con un vicio más.

Entre las rápidas posibilidades que quedaban la de espía ruso creo que habría resultado de no ser porque el conductor tenía cara de checoslovaco con traumas post guerra fría y acabaría junto a ella pero tres metros bajo tierra en el cementerio de la 26.

Saliendo de mis pensamientos vuelvo al llanto entorpecedor, de repente ella sube la mirada, hace calor en el empañado taxi, la miro mientras comienza a reírse con ojos desorbitados.

Le pregunto:

–   ¿Qué pasa de que te ríes?-

El taxista interrumpe el momento cantando:

–   La vida es como una carrera de taxi, la mayoría de las veces vamos de afán, solitarios y escampando de una tormenta. Cuando logramos ir acompañados el afán se hace espera, se construye un camino y el frío se convierte en abrigo.

No para de reírse mientras el conductor hace un comentario como si fuera Cupido. Vuelven las nauseas. Siendo más práctico y mirando más holísticamente el tema puede que la víctima de un paseo millonario o tráfico de órganos del mercado negro sea yo.

Ella responde a mi pregunta recuperada:

–   ¿De que te ríes? Responde con la pregunta-

–   En realidad crees que alguien cae en eso… hay si soy psíquico.

–   Soy Músico y leo el comportamiento humano a través del escenario, sé que no eres psíquico y por el recibo atrasado de la luz que llevas en la mano diría que estas desempleado y llevas una vida patética y carente de todo significado, y en una búsqueda incansable por encontrar algo.

–   Y eso me gusta aún más… ¿qué quieres evadir? o ¿qué buscas que te tiene así?

Yo callado, pálido, deprimido, nostálgico quedo sin palabras y se me quiebra la voz respondiendo:

–   (Con lo que en el taxi suena) Necesito alguien que me parche un poco…(tiene una voz angélica -l)

El conductor interrumpe:

–   Creo que ya llegamos, pero pareciera que no tienen un destino… pero quizá sí una cita.

Yo respondo:

–   No un destino no, una cita aumentaría el valor que tengo de apreciar la soledad, me transformaría en un neurótico al saber que la compatibilidad es tanta, todo radica en no saber qué seríamos, si esto o aquello… ¿y si? somos compatibles porque no sé quién soy yo.

Ella responde:

–   Amigo, tienes problemas démonos un tiempo…

Yo: ¿Un tiempo?

Ella: si veámonos acá a las 5 y media. Para devolvernos….

Quiero ir con ella a donde quiera.

Pongo el cronometro, son aproximadamente ocho horas en las que mi mente no podrá dejar de pensar en esos 20 minutos de fútil encuentro de “re vivir” con ella. Ahora tengo ganas de vivir.

No quiero comentar las vergonzosas variaciones asociadas que mi retorcida mente hizo hasta llegar al mismo punto donde nos dejo el taxi, la verdad concluí que el conocimiento se nubla en estos momentos. Ella llego y me perdí en mi cabeza.

Ella dice:

-listo.

Yo respondo:

Aja.

Después de muchas horas de ella aguantarme y yo aguantármela, de ella dar y yo recibir, y viceversa, nuestra relación puede ser como un conductor sabio dijo:

–   La vida es cómo un viaje en taxi.

Y nuestra relación bien podría ser un paseo millonario donde perdí el valor que tenía (mi propio valor) o terminar en una venta de órganos en el mercado negro y ver como se transaba el corazón de ambos. No se porque no me permití pensar en simplemente viajar felices a ningún lado.

Ahora estoy en el paradero esperando un taxi a la hora que acordamos.

Y la veo a ella acercarse, se que va tomar mi taxi con gesto de broma, se lo que pasaría si nos vamos juntos, se lo que pasaría si le digo a que me dedico de verdad y el conductor tiene la necesidad de actuar como Cupido, los espacios repetidos, repiten las historias.

Y antes que saque el brazo para páralo le digo:

–   Sabes hubo un accidente… si quieres bajamos a Transmilenio?

–   Me llamo Juan y no tengo ombligo.

–   Alguna vez has creído …¿Qué la vida puede ser como un viaje en Transmilenio?Estacional, contemplativo, con paradas y sin quemar rápido las llantas. Yo invito.

Ella  responde…

Por: Juan Sin Ombligo (Colombia)

 juansinombligo.wordpress.com


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