La ruina de un artista.

Había una vez esta niña color azul, a ratos más cuerda que otros, a ratos más rota que lo roto… había una vez esta pequeña niña o por lo menos asimilaba unos ocho años, que le encantaba relatar historias en todos los colores. Llenarse las manos de acuarela era su juego preferido para luego su vestido llenar de rosa y azul, y es que a sencillos ojos terrenales no se llegaba lograr a mirar pero no solo su vestido se llenaba de tinte bonito, sus sueños eran los más dulces de todos; emitían desde colores pasteles a chillantes, de cálidos a fríos, cada sueño era una obra de arte completamente distinta pero realmente peculiar en su concepto. Con cada retrato, paisaje o algún bodegón nos daba una nueva imagen de una vida, nos daba un pequeño rincón en su gran imaginación, lugar donde proliferaban soles y amores, lunas y depresiones pero donde siempre serías bienvenido.

Un día muy alegre de septiembre, se encontraba chillando incotrolablemente… por accidente su corazón se había escapado de su cuerpo y fue a caer en una hoja muy vieja de un cuaderno muy viejo. No tendría mucho problema, solo tenía que dibujarse un corazón más brillante que el anterior, tendría que ponerle alas y un par de candados pero estaría bien después de eso.

– Mi pequeña niña, entonces ¿por qué lloras tristemente? –le pregunté en el abismo de un canto melancólico– ¿acaso no ves que el cielo ya no es azul? ¿acaso no ves que tus lágrimas no son lágrimas? Todo lo que lloras es tu propio color… deja de morir… por favor.

– Nuevos vientos vendrán, nuevos mares inundarán, nuevas pinturas relucirán pero ese viejo cuaderno no era mío. –Su voz se saboreaba al mismo sabor del silencio-. Mi corazón cayó en manos de un número cualquiera, se lo llevaron en una vieja hoja, se lo llevaron al mar por siempre. Sin mi corazón podré vivir pero al mismo ritmo ya no bailaré, ni pintaré, Mabel. Mírame, esta es mi ruina. Mi corazón ya decidió irse a bailar con otro, dejándome con mil maneras de dibujarle y reemplazarle… pero no lo haré. Quien sabe y si cuidarán de él o si lo arrancarán del cuaderno y lo tirarán como basura… yo no sé. Tengo miedo de la inseguridad. Tengo miedo que no cuiden mi corazón.

Pobre niña, estaba en las manos de la muerte. ¡Gran ironía de la vida! Por fin estaba comenzando a vivir su propia obra en su propia agonía.

Por: Mabel Rosales (Honduras)

asunamrghn.wordpress.com


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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Está increíble. Me dejó realmente sin palabras.

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    1. Mabelenpapel dice:

      Muchísimas gracias. ❤

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  2. Reblogueó esto en aurainvisibley comentado:
    Un cuento de nostalgia y dolor…

    Le gusta a 1 persona

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