Cosas que no son cosas

Y entonces volé, fue maravilloso. No podía creerlo, es cosa rara para alguien tan viejo como yo; como cosa sencilla que soy no puedo aspirar a grandes cosas, casi siempre me tocan papeles sencillos. De todos modos no me quejo, he sido no pocas cosas desde que empecé en esto y en alguna ocasión he tenido algo de agitación. Como aquella vez que fui una perilla de la puerta de un banco, me estrechaban sin cesar; no me he sentido más manoseado en mi vida. En otra ocasión recuerdo…vaya, sí, sí…lo sé, al grano… Bien,  esta vez no fue una cosa cualquiera, no, esta vez fui algo realmente extraordinario.

Esperen, creo que me estoy olvidando algo importante, seguramente se estarán preguntando “¿y de qué va todo esto?”. Pues bien, me presento: soy o solía ser un puente, el puente de Waterloo, en mis tiempos fui realmente famoso, imponente. Un día todo eso acabó, así nada más, de patitas en la calle, desempleado en el ministerio de las cosas.

No tuve nada fijo, anduve en labores varias, un día un retrete (no es una grata labor), otro un semáforo. Más que todo trabajos sencillos, sin mucha acción. Debo reconocer que para pasar el tiempo me divertía haciendo travesuras; de repente una tecla se hace la dura de oprimir; un semáforo caprichoso que se mantiene en rojo veintitrés horas al día; un inodoro estancado (toilette o retrete) que se niega a deshacerse de la evidencia… y mi preferida: un mueble con patas demasiado largas que se deleita machucando pies descalzos.

Oh, pero estoy dando vueltas de nuevo, como decía… esta vez fui algo especial. Verán, cada vez que me convierto en algo diferente simplemente me desvanezco y tomo la forma de mi nuevo cuerpo (a estas alturas tengo una flexibilidad envidiable). La última de mis experiencias… ¿Cómo describirlo?, fui la más pequeña y efímera de las cosas, siendo nada hice parte de todo; me deslicé alegremente a través de los mares, aullé frenéticamente en las heladas montañas orientales, acaricié las estrellas, recorrí la vasta inmensidad del desierto. Fui brisa, tormenta y huracán. Entré por una ventana, fui aliento e inspiración. Entonces me convertí en pensamiento, tormenta de ideas que el escritor moldea, desgarra y recrea. Fui palabra e idea, y entonces volé…

   

Por: Krieger (Colombia)

plumapicante.wordpress.com


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