Colgar la pluma

Ando algo taciturno de un tiempo a esta parte, cavilando pleonasmos vacuos que se repiten en mí, como se repiten a diario el alba y el ocaso. Línea tras línea intento descifrar qué tipo de dejadez me aborda, qué me aleja del pensamiento absoluto que suelo practicar en la desnudez del folio. Se ciernen sombras infinitas, perladas de desidia, recordándome que soy un vástago más de la incertidumbre. Siento la mortal pena monteando este mortal enhebrado en vorágines de vesania.

Pasé de ser sed a ser pez en la pecera del vacío. Pasé de letanía a la lejanía, llenando todo de una amarga y estéril nada. Busqué entre los retazos de vidas pasadas, ajando los anaqueles de alegres llantos que coleccionaba. Heme aquí, vislumbrando el ubérrimo estro pereciendo en mis lánguidas falanges, ajeno a lo que tal desastre implica. Desconozco dónde está el límite del escritor, desde donde éste crea y crece. Tal vez lo conociera, pero ya no lo hago. Un sentimiento antaño eximio se torna ahora acre abulia en un paladar árido tras tanto gritar en silencio.

Desdoblado siempre entre el deber y el deleite, obligado siempre a escoger el primero y extasiado tras esto, condenado a renunciar a mi mundo onírico. Quedo rezagado en la justa entre vencedores y vencidos, la eterna pugna por desencajar o triunfar, ser quien eres o quien deberías ser. Ahí es donde me pierdo, crepitando el deseo hecho jirones.

Quién pues, robó aquello que destilaba, dónde acaso lo perdí. Ahora la extraña figura que me rondaba, decidió desvanecerse en eterna penumbra, dónde aún espero a que vuelva. Hastiado de la solemne apatía que rige mi porvenir, descanso -quién sabe si por siempre- entre las páginas que nunca escribí pero que siempre fueron mías.

Teseo dejó tras de sí un hilo para no perderse en aquel laberinto, dejó ese hilo tras de sí para asegurarse de que el camino que había andado siguiera presente cuando fuera momento de mirar atrás. Yo, tácito discípulo, dejo estos textos que caen como agua entre mis manos, para reconocer el camino que he escrito, sin saber si puedo seguir caminando por él. Tomen; beban de mi locura y sírvanse pues de un pedazo de mi fin, cuyo peso me aplasta sobremanera hasta el punto de no poder pensar.

Tal vez esta noche, cuando las tinieblas criben sobre mis párpados derrotados, daré a las tinieblas un último poema y colgaré la pluma junto a los restos de mi numen.

Por: Jimmy García Ferrer (España)

twitter.com/jimmytrv


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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. muy bueno gracias por compartir

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  2. ¿Los restos de tu numen? ¡Tu numen siempre tiene resto de sobra!

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  3. José Carlos Mena dice:

    Me ha gustado Jimmy. Un saludo

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