Dicen que las estrellas bajan: oda incoherente a la adolescencia.

¿En qué momento deja uno de crecer y comienza a hacerse viejo?

¿En dónde debe uno poner la línea entre la celebración de un nuevo año y el luto por los que han pasado?

La primera vez que leí El Principito fue a los 16 años, momento clave en mi vida, no por la cifra, si no por los acontecimientos de ese año en adelante. Esta fue la imagen en mi cabeza antes de decidirme a leerlo:

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Pongámoslo así, postrémonos en medio de un parque imaginario, por ahora dejemos que la mente vuele como si no hubiese cerillos cerca de sus alas.

Estás en un sube y baja, colores cambiados por el óxido y manchados por huellas de desconocidos, columpios cantan al nivel auditivo de un perro, un sonido familiar, pero ya no en una sintonía tuya. Árboles moviéndose a un ritmo irregular, similitud incómoda al vaivén en tu pensar. Ahí estás, pretendiendo ser un adulto a conveniencia de la compañía y actuando como un niño encerrado en la seguridad de tu cráneo.

Es paradójico. Sentarse en un lugar que solías llamar tuyo, lugar donde los niños son niños, las ilusiones son ilusiones y cuando duele, duele y lo que no se ve, ni se siente. Te abruma el pasado de pocos ayeres, huyes para regresar, pero ¿adónde? ¿A un lugar al que tampoco perteneces? Sabemos bien que te diriges a uno en donde los niños juegan a ser adultos.

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La identidad no es un número, pero qué fácil es enfrascar un problema dentro de uno, como parte de una etapa, se repite que en un futuro se recordarán como los mejores días de mi vida, parece que el punto es no disfrutar del ahora.

Extraños hábitos que adopté en el limbo de la adolescencia:

  • Leer El Principito para tratar de regresar a la inocencia práctica, cuando los sueños eran rosa intocable y las ovejas se representaban en cajas y todo lo insensato tenía sentido, y eso estaba perfectamente bien. Cuando el problema era sacar las ideas al mundo, no tener miedo de siquiera pensarlas. Cuando la ilusión era un placer y no un campo minado.3274272

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  • Narrar situaciones en tercera persona, en las que yo misma me veo involucrada, como espectador ajeno, pues he encontrado cierto confort en la autodescalificación de una historia, cuando el resto el mundo pinta para hacerlo en un futuro. El narrador calla y la historia termina, el resto de los personajes seguirán su vida en otra realidad imaginaria. Se acaba de súbito otro capitulo, a media oración, porque el ruido urbano y las conversaciones sin fondo se llevaron todas las palabras de la boca.
  • Hablarle a las estrellas, astros pacientes que hacen sentir que brillan para uno solo, casi puedes escuchar lo que dicen, que desde el cielo toda historia tiene un encanto. Les cuento una mía, entre cada sílaba puedo imaginarlas más cerca, como luces sobre árbol de navidad, al rededor mío, flotando y jugando, como niño en parque, un parque del que si me siento parte.

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Y es así como he encontrado a la ficción como aliado.

Cuando uno se siente solo, es bueno sentirse escuchado, los cuerpos celestes saben lo que piensas, cierra los ojos, permite que vuelen alrededor tuyo, y continúa, continúa soñando, continúa escribiendo, no te estás haciendo viejo, estás desarrollando historias, no estás creciendo, no nada más eso, estás flotando en un mar de luces, el mundo es tan tuyo como te lo permitas, vive, enamórate, enamórate de ti, enamórate del mundo, ignora las voces que son solo ruido, busca voces en ruido que encuentres hermoso, eso, eso es el paso de los años, todavía te queda mucho, no es el principio y no es el fin, las respuestas pueden nunca aparecer, pero has venido a crear, has venido a encontrar. Hazlo. Crea un mundo en tu cabeza y como mimo, muévete del mismo modo en el planeta en el que te encuentras.

Por: Sofía Ávila (México)

instagram.com/sofiaaavila


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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. esalasguevara dice:

    Te pasó a ti con ‘El principito’ lo que a mi con ‘Platero y yo’. Bonita reflexión.

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  2. olmo dice:

    “pretendiendo ser un adulto a conveniencia de la compañía y actuando como un niño encerrado en la seguridad de tu cráneo” creo que nunca dejaré de ser un niño…

    Le gusta a 1 persona

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