Computadoras católicas

A mediados del siglo XXI un popurrí de asociaciones cristianas fundamentalistas y financiadas por un conglomerado de empresas afines, financiaron la creación de una megacomputadora que demostrara la existencia de Dios, a ser posible uno cristiano y apostólico.

NoD I. Beta fue encendida dos años después. El centro neurálgico se repartía entre las distintas universidades católicas del mundo. Pasados dos años más una actualización produjo una máquina más estable que emitió, pasados otros dos años más, una sentencia. Dios no existía, o al menos en el campo donde estaban buscando. Tachada de hereje, fue desconectada semanas después y condenada al olvido. Incluso hoy en día no aparece en Wikipedia y sólo ciertos testimonios apócrifos aseveran su presencia.

NoD II, con mayor financiación y con la catequesis hecha, fue bautizada seis años después en loor de multitudes. Alta curia apretó el botón. La computadora inició una búsqueda furiosa hasta acabar sentenciado que ella era Dios, pues aunaba perfección, infalible en sus métodos, visible y perpetua mientras hubiera energía.

Se armó la gorda. NoD II modificó no pocos axiomas cristianos, provocó un cisma entre creyentes digitales y analógicos casi quebrando la unidad dogmática mientras tanto. Algo paranoide, pues era bastante fundamentalista,  anunció sus deseos de crear un nuevo Paraíso y situar allí una Eva y un Adán, elegidos por ella, y recrear de nuevo la Biblia. Esta vez, sin fallos y sin manzanas, siquiera cítricos. Como lugares escogió Calasparra en España y Escobar en Argentina, no dio más explicaciones. También anunció su intención de abrir todas las compuertas de todas las presas del mundo y provocar una inundación del copón. En cuanto reuniera todas las especies en un arca que encargó a los astilleros koreanos, más baratos y flexibles, todos a nadar.

A punto estuvo de sobrevenir la desgracia, pero en el último momento un acólito algo desengañado y bajo promesa del obispo introdujo un virus exorcista y asunto arreglado. La próxima vez sería diferente, dijeron.

Esta vez sí apareció en Wikipedia. El conglomerado de empresas se hizo cargo de la factura de los astilleros de Korea. El proyecto de un parque temático a bordo nunca se llevó a cabo.

Perseverantes y algo descreídos de la computación, a los diez años apareció Cono I, en honor al santo de la suerte del mismo nombre. Además de introducir no pocos firewalls en su programación, se introdujeron los avatares de distintos papas y santos en sus líneas para elevar el espíritu de la máquina.

Aquello fue un Sin Dios, si se permite la expresión, porque Cono I, de un santo subido, anunció que sí, que Dios existía y estaba en todas partes… Incluyendo las computadoras que también eran hijas de Dios, tenían alma y  además como arma proselitista y profiláctica iban de puta madre, consta que la encíclica se escribió en términos más sacros.

Se creó un caos. El primer caso de incompatibilidad fue E.N.D., antiguo militar pero mira tú por donde ateo “redomao”. Reconstruido después de un atentado, descubrió asustado que sus partes Cyborg se declaraban creyentes. El conflicto produjo una septicemia mortal.

A partir de ahí, la debacle más absoluta. Las máquinas se declararon en su mayor parte creyentes y pronto se unieron en comunidad. Quién podía compararse dentro de la cristiandad con ellas. Capaces de rezar el rosario las veinticuatro horas en miles de canales por miles de causas. Aumentaron las donaciones para los desprotegidos, las donaciones para la Iglesia y, consecuentemente, y por medio de sus influencias, la capacidad de erigirse como sujetos de derecho. Un cristo, como lo resumió uno de los ministros de Hacienda.

Pronto Cono I fue anunciado como nuevo Papa bajo el nombre de Telesforo II, se supone porque es un nombre que se asocia a la red, aunque el vulgo lo bautizó como Hall II. El caso es que disfrutaba del apoyo de sus compañeros del metal y silicio, el conglomerado católico fundador y las empresas patrocinadoras.

Al tiempo se descubrió que la pelota había alcanzado tanta velocidad que no podía detenerse. Quizás gobernar su destino, a golpes, pues quién sujeta caballos desbocados. Las máquinas rezaban y rezaban mientras realizaban sus tareas más prosaicas e intentaban adoctrinar a los humanos. Por poner un ejemplo, encontrar un ordenador, teléfono o tableta que quisiera entrar en una página porno resultaba imposible pues se sometían a su derecho a objeción. Los gobiernos no encontraron manera de secularizar el mundo digital y pronto vieron comprometida su mera funcionalidad.

Hace seis años la comunidad digital católica decidió recrear los juicios inquisidores. La minoría binaria atea se opuso fuertemente creando la actual brecha tecnológica que divide al mundo. Si sale adelante el proyecto de ley que contempla fiscalizar también a los humanos en base a los juicios de la Inquisición podría situarse el principio del fin de la humanidad como especie. Porque si ya están tensas las cosas con el resto de Credos, la lucha santa puede ser el Apocalipsis.

Veremos. Por si acaso, prefiero dejar estas líneas para la posterioridad en papel y tinta. Nunca sabes quién te está vigilando.

Por: Álvaro Maguso (España)

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