Demonio

Tengo una voz silente que me susurra en la espalda, el canto de un gorrión batiendo las alas. Tengo la música encerrando los oídos, las vísceras llenando cada superficie. Tengo la sangre en la cabeza, un demonio que me grita, que quiere, que no sabe, que solo llora. Se tira del pelo, se calma, se sienta. Me mira con sus ojos negros, y me pregunta: ¿ahora qué, princesa? Ahora qué va a ser de mí cuando abras la puerta.

Tengo un pecho que se encoge, un latido estremecedor que me besa las mejillas, que me limpia las sonrisas y me mira, dime demonio, qué haré de mis puertas si ya no sirven para en-cerrar.

Tengo la luna anidada en mi pelo. Todos los lamentos de niña encerrados en el pecho. Guardo en cada uno de mis recovecos todos los pelos ajados, la caída de mis rodillas, la sumisa tempestad a expensas de mi alma. Guardo cada llanto de mi risa, cada voz rota de miedo, cada muerte en vida.


Demonio, demonio, demonio… llévate este frío invierno, llévate la herrumbre de mis venas, llévate la lluvia que me ahoga, abre las puertas y viértela, deja que se derrame, que inunde, que ahogue y devaste, pero lejos. Llévate tus lágrimas, lejos. Llévate tu risa de hiena, lejos.


Llévate mi alma. Lejos.

He cortado con el filo de mis miedos cada uno de tus hilos, cada uno de tus espejos. He quebrado las fibras de mi piel, las uñas y mi pelo, he maltratado los resquicios últimos de mi Consejo. Tal vez solo sepa hablar de amor, aunque mis palabras tiñan estos versos. Tal vez solo he sido una niña asustada, oprimida al miedo, la rabia y la ira de quienes imponen su castigo al sueño. Tal vez me tiemblen las manos al escribir esto, tal vez la tinta se corra y no de gusto, que los recuerdos manchan, enturbian y se agolpan a las puertas, puertas que casi dejo vencer, razón versus ariete; Annibal ad portas.

Solo soy una herida que sangra, un árbol abierto, la comisura forzada, desgastada y marcada. Soy los rastros de unas huellas borradas, la identificación perdida, el escalofrío de mi espalda. Todos y cada uno de mis sueños ahogados en esa mesa de cristal, impávida como el hielo.

He olvidado mi nombre: Demonio.

Por: Crazovey (España)

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Blueberry dice:

    Increiblemente bello!!!! besos

    Me gusta

  2. macalder02 dice:

    Y yo tengo de seguir leyendo porque disfruto de tu poesía.

    Le gusta a 1 persona

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