El adolescente que no podía traducir lo que sentía

Abriendo la puerta con cuidado entró Amir; volvía tarde de la práctica de fútbol. Sus hermanos menores ya dormían. Bueno, no todos; la cama de Malik estaba vacía. ¡Ese sabandija! ¡Otra vez saliendo de noche! Después de tantos rezongos no aprende a comportarse. Siente y hace lo que le parece. Y no está bueno. No para esta familia.

El problema es que Malik se hizo adolescente acá, en este país adonde llegaron hace un año. Siempre se junta con todos esos revoltosos maleducados. Y es obvio que les falta la madre que tanto adoraban. Pobre mamá, falleció cuando Amir, el mayor, apenas tenía trece. Y Malik, siempre la oveja negra, la necesita más que nadie. Es tan inmaduro…

Amir tampoco es tan maduro. Pero al menos es lo bastante consciente. Y eso le duele mucho. Porque él sí sabe cómo debe portarse. Cómo manejarse. Cómo tratar a las chicas con corrección; después de todo, las chicas tienen familias que se preocupan por ellas. Pero en este país no es tan fácil, porque la juventud se comporta de maneras muy raras. Aquí, las chicas les hablan abierto a los muchachos, nadie se los prohíbe. Esteee… ¿nadie? Hay alguna excepción.

Esa preciosa chica morocha de la florería en el mercado. La hija del florista. Cada vez que va a ayudar a su padre en el puesto de especias, Amir no puede evitar mirarla con ganas. De vez en cuando, ella lo mirará entre las flores perfumadas. ¿Por qué no? Amir aprovecha la ocasión de pasar cerca de la florería. Su ropa con olor a azafrán atrae la atención de los transeúntes. También la de ella. Eso hace más tentadora la cosa. Pero…

No es posible. Mejor olvidarlo. Amir se puede imaginar al padre de ella gritando y amenazando. “Si te vuelvo a ver mirando a ese cabrón, te mando lejos de aquí”. No le gusta. Quisiera ver a su única hija ennoviada con un muchacho de su clase y credo.

El amor es ciego a veces… Amir se acerca a la mesita del comedor y mira el Libro. ¿Rezo o queja? Apenas se permite pensar unas palabras. “Tú, el Clemente y Misericordioso, dime, por favor. ¿Por qué tengo que sufrir toda esta tortura tan joven? ¿Por qué no puedo soltar lo que siento? ¿Hay alguna lengua rara que no pueda aprender ya? Por favor, dime, me desespero por hablar”.

Pero es inútil. Ninguna voz contesta. Solo el sonido de su corazón que late. Su respiración que se pone intensa al recordar el pelo negro de ella. Sus sueños de una pasión secreta. El perfume de esas flores. El de ella. Pero, de repente, evita pensar en todo eso. Es demasiado para Amir. Le importa.

No es como Malik, ese bandido. No le importa. Dice lo que se le canta. Está aprendiendo muy rápido a tratar las chicas de ahí en la lengua de ellas. Con sus asuntos corre peligro de meterse en líos. Es tan… ¿problemático? ¿De veras? ¿Quién tiene problemas en realidad? ¿Qué adolescente no los tiene?

Por: Luca Arnaldo (Italia) 

Autor de Letters & Poetry


Traducción de The teenager who couldnt translate his feelings por Fabio Descalzi


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