Crónica enviada desde Marte

El cigarrillo se va consumiendo a cada bocanada de soledad asistida, y solo te recuerdo como una sombra en forma de bailarina, tratando de convertirte en el cisne blanco de un cuento sin final feliz, de un cuento sin final. Y al traerte a mi memoria, voy recitando letras de un autor desconocido, un poeta profanado por los versos más dulces:

“Tu reflejo es el mismo del sol en las mañanas blancas,

tus ojos son como dos luciérnagas de noche,

tu sonrisa es el horizonte perdido de un náufrago,

tu tez es trigo dorado en las montañas,

tus manos son orfebres de arena y sal,

tus pasos son caminos de libertad,

tu piel es vestigio de la sociedad,

tu corazón es coraza viva que late al amar.”

Y así, al despertar la vida transcurre siempre de la misma manera, cada día es parecido al anterior, el mañana ya lo viví y el ayer se conserva como un pequeño fotograma congelado en el calendario. La rutina de un día se va formando de verbos sin conjugar; despertar, correr, hacer, trabajar, ganar y regresar. Son cosas que las hacen mi vecino, el panadero, el taxista, incluso yo, yo hago lo mismo que cualquier persona, yo soy como cualquier otra persona pero cada mañana el reto es el mismo de hace seis lustros y dos décadas, no puedo amar.

No puedo amar sin una máscara, no puedo decir su nombre en mi familia porque no es correcto, no puedo pronunciar un “te quiero” sin ser visto como un psicópata, un asesino de la ética o como la oveja negra de un rebaño de animales maquillados por los prejuicios y el miedo.

¿Por qué?, si me miras encontrarás sueños surtidos y temores impregnados, si me tocas sentirás piel, carne aferrada a una vida. Si me hablas te diré lo que sigue después de una conversación casual; si me sientes, descubrirás la calidez de mi respirar. Si me escuchas, si tan solo me escucharás descubrirías lo que soy; un cuerpo, un alma y un corazón.

Pero el valor agregado que le dan a lo “normal” es más pesado que ver la sonrisa natural de alguien. Somos la pareja antagónica de Romeo y Julieta, nos han convertido en las estrellas sodomitas de un espectáculo de burla y desprecio que nos han silenciado entre las sombras de la urbe, caminamos como si fuéramos desconocidos y al llegar a casa nos amamos, nos amamos de la forma más inocente y leal a lo que sentimos.

Después del último vals de nicotina, mi corazón se ha convertido en coraza y diré que soy de marte, y en marte me enamore. Ella dirá que es de venus y en venus aprendió amar. Y tú dirás, que eres de aquí y eres feliz. ¿Cuál es la diferencia?

Por: Cami V (Ecuador)

letrasinbragas.wordpress.com


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