El escritor

Sentir una bocanada de aire en el vacío más profundo de la soledad debe ser como nadar en un océano amplio y gris. Buscar una palabra que exprese felicidad solo por un instante: eso significa que  estas libre de ser lo que quieras ser.

                                            Escribir sin pensar y que las palabras broten sin ton ni son que sean locas, que el teclado se convierta en un piano de cola y que vos seas un concertista. Buscar la inspiración donde no la haya, sacudir el mundo, existir en plena noche. Iluminar un camino, seguir intentando. Seguir intentando y nunca descansar que para descansar esta la muerte. No descansar. Seguir y seguir siendo respiración. Vivir y vivir a costa de los fracasos porque fracasar es ser exitoso. Seguir escribiendo hasta que los músculos de la mano no te den más, hasta que te desarmes. No hacerle caso a ese dolor de la muñeca a la quinta línea ni a la desazón de haber perdido el impulso apenas sentado frente a tu computadora. No.

Seguir. Seguir intentando hasta que el mundo se convierta en una sucia y triste piedra en el medio de la nada más oscura. Hasta que Dios la patee y la haga rebotar en el universo. No pensar demasiado, las frases vienen solas, no las llames, que ellas vengan. Funciona así. Adquirir la gimnasia. Volver a las raíces que te hicieron crudo. Volver a esa tristeza pero desde la grandeza de haber crecido. Ahora las nostalgias son pintadas al oleo. Antes eran acuarelas. Ya no más. Busca colores y pintá con palabras las hojas en blanco de la vida. Vida, decir la palabra “vida” muchas veces. Disfrutar de despertarse y de no querer levantarse. La pereza es el lujo de los vivos. Luego seguir. Seguir existiendo en el medio de la nada mas nada. En el medio de la sangre, el río y el mar.

Que nada tenga sentido, que la vida sea un cumulo de cosas mal pensadas. Dejar que el mundo te lleve hacia donde quiera. Flotar en los vacíos existenciales de todas las personas. Transformarse en un pájaro y volar. Hacer todo lo que se te plazca desde una habitación cuatro por cuatro y así y todo seguir. Seguir aunque los huesos crujan debajo de tu piel. Hasta que la vejez te ahorque en medio de la vida. Hasta que el alma se quiebre, se haga pedazos en medio de tu espejo. Hasta que la sangre sea un río ancho color purpura. Espeso y brillante. Deslizarse por el aire. Pero no dejar de amar. Amar hasta que el corazón se funda en una masa viscosa en un cuerpo. Hasta que un piano de Chopin desafine. Amar hasta que la locura me abrace y me diga “No más” y así y todo seguir amando.

Uso mayúsculas en el Medio de una oración y también digo Mierda cuando me enojo. Borro y vuelvo a empezar, soy un mal boceto de una gran pintura.

Hablo en primera o en tercera persona. Conjugo mal los verbos a propósito y sin querer. Porque así vivo y no me importa. Escribo igual.

Bailo un vals en soledad y duermo al lado de una mujer que baila conmigo. Soy ridículo. Soy pobre pero sé que las cosas no son dueñas. Bailo en cualquier lugar y bailo mal. Acepto al miedo. Soy surrealista: navego dentro de una olla cargada de una sopa de oro blanco. Y luego salgo volando en forma de gusano color rojo y verde. Me meto en una manzana y espero a ser comido. Una vez adentro del cuerpo crezco, lo apropio y me desarmo en mil partículas de algodón.

Nieve, me convierto en nieve y caigo sobre Rusia.

Dibujo una sombra y la pego en la pared.

Seguí sin parar, no te detengas que la hoja no llego a su fin. La vida nunca llega a su fin solo pasa de manos. Somos un pasa manos inmenso donde cada uno es una vida que pasa de mano en mano.

Así funciona el arte: como una rajadura en medio de tu frente, que no sangra pero que duele. Por esa rajadura entrara esa luz que acabas de ver al final de aquel pasillo.

Yo, ella y las cosas. Las cosas que son por nosotros. Nosotros que somos por las cosas. El amor donde quiera que yo este: se siente bien. El amor es como estar muerto: paz y una luz que te rodea. Así se siente. Con miedo a caer en el infierno pero la paz es tan grande que el infierno solo es una imagen lejana y difusa. El infierno no existe.

Existen los hombres.

Entonces si amar es como estar muerto: la muerte es la vida misma pero en otros términos. A veces desconocer lugares nos hace fuertes.

El cielo se pone más negro. La noche más pesada, casi tanto como mis párpados. Escribo dormido. Ya no miro las teclas como cuando era chico, ahora duermo y escribo. Escribo sin conciencia de hacerlo con Chopin en los oídos solo porque a Charly García le gusta. El piano al son del  teclado. El teclado al son del piano. Así debe ser como funciona el mundo: girando en medio de  alguna caja musical, de algún dios que ahora debe estar dormido, roncando bestialmente. Sin saber, sin siquiera imaginarse, que en su mundo bailarín, ese que gira dentro de su caja musical, existe un ser que escribe cosas inconexas.

                                                                                                       No sabe ese Dios que acá estoy yo: listo para patearle las pelotas en cuanto menos se lo espere.

Por:  Isaias M. Creig (Argentina)

lacolumnadelarquero.blogspot.com.ar


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