Fabio Descalzi (Uruguay) Letters & Poetry Reflexiones

La importancia de ser un (buen) extraño

«El mundo está lleno de cosas obvias que nadie, ni por casualidad, observa jamás». Sir Arthur Conan Doyle. Las aventuras de Sherlock Holmes: el mastín de los Baskerville.

Cada jueves después de la escuela, me gusta pasar el rato cuidando escolares más pequeños y, a pesar de lo que te pienses, me encanta. Esos chiquillos son exquisitamente traviesos; creo que una cualidad que siempre va de la mano con ser travieso es la inteligencia. Es gracioso ver cómo la gente suele subestimar a los niños, mientras ellos te observan y te descifran de manera injusta.

«¡Lo estás haciendo otra vez!» dijo mi alumno, así, de repente, sorprendiéndome, porque nunca me doy cuenta de que lo hago hasta que alguien literalmente me sacude.

«¿Qué quieres decir con “haciendo otra vez”?» le pregunté con risita nerviosa por su explosión fortuita.

«Estabas en babia. Sueñas con los ojos abiertos cuando te aburres, ya lo he visto».

No me sorprendió lo que dijo, me sorprendió que me descifrase así. Obviamente no es nada especial, a todo el mundo le pasa, pero cada vez que me pasa, mis dedos se mueven de una manera muy diferente. No lo puedo explicar con palabras, pero me gusta pensar que es mi cuerpo que intenta tocar algo que está lejos de mi alcance. Muchos maestros me han rezongado por hacerlo (casi me enviaron una vez a la dirección porque pensaron que estaba usando mi teléfono), mis amigos y familia me lo señalan, y siempre me cohíbe explicarles a los demás lo que hago, así que no ofrecí ninguna explicación. He tenido esa especie de «tic nervioso», si le puedo llamar así, desde que era niña, y se convirtió en algo así como mi distintivo. Ahora junto mis dedos en un puño apretado, pero eso no impide que mi mente divague en la clase de matemáticas.

Sin embargo, nunca nadie había descifrado qué estaba haciendo. Me asusta cuando alguien pasa por alto mis acciones y comprende por qué las hago. Siempre es algo desconcertante cuando la gente me descifra; puede suceder que aprecie el hecho de que me comprenden, o bien, que me asuste porque no estoy segura si es lo normal para ellos.

«No hay nada como la evidencia de primera mano». Las aventuras de Sherlock Holmes: estudio en rosa.

Es importante la manera en que puedas inferir muchas cosas de la gente mirando pequeños detalles de sus acciones, pero no ha sido hasta hace poco que me di cuenta de las diferentes versiones de nosotros mismos que creamos. No solo para la gente cercana a nosotros, también para la gente que no conocemos.

Así como esta niñita que me descifró tan fácilmente, hay gente que es observadora. Gente que, sin decirles una palabra, sabe exactamente el tipo de persona que eres. Pero, ¿esto es justo? ¿Encasillar a la gente sin conocerla de veras?

Hace algunas noches estaba con mi amiga haciendo fila en un puesto para conseguir agua. Estábamos en un partido de fútbol y había gente por donde quisieras. Hacía calor, había ruido, era un caos. Detrás de nosotras había un muchacho y una muchacha que obviamente eran una pareja (pero, tras lo que sucedió, espero que ella lo haya plantado).

«¡Deja de tocarme!» le dijo ella mientras empujó la mano de él apartándola; era evidente que no deseaba que la tocase.

«Dale, no seas así» le respondió él, volviendo a rodearla con sus manos. «A nadie le importa, nadie nos mira».

A mí sí me importaba. Yo sí miraba. «¡Dije que no!» gritó ella antes de que yo pudiese decir nada, y finalmente se alejó de él.

Fue todo muy rápido, no tengo idea cómo acabaron las cosas esa noche para cualquiera de ellos dos, y tal vez no vuelva a verlos en mi vida. Todo lo que sé es que él no me gusta. Ese tonto inmaduro que no sabe aceptar un “no” por respuesta. Gracias a Dios que no te volveré a ver en mi vida.

Esa misma noche (fue una noche llena de episodios) ganó el equipo contrario. Estuvo bien, mis amigas y yo no pensamos en nada de eso. Mientras salíamos del lugar, nos cruzamos con gente del otro equipo. Nos maltrataron varias veces. Nos gritaron, abuchearon e insultaron.

No me importa qué dijeron; la imagen que tengo de ellos es muy sucia. Nos dijeron cuando mucho tres palabras, pero muy irrespetuosas, y en mi mente quedan colocados en seguida en un lugar para gente que no tiene nada mejor que hacer que maltratar a los demás.

¿Te puedes imaginar? Con todas las palabras que le puedes decir a un extraño, escoger justo esas.

Entonces, no, a veces no es el observador quien encasilla, es la propia gente que se lo hace a sí misma.

A menudo me lo pregunto más de lo que lo admito. Qué pensarán de mí las diferentes personas desparramadas por el país. Como, por ejemplo, un día que no era mi día y yo, sin querer, me comporté con rudeza con alguien. Si, tal vez, un día fui innecesariamente ruda con un mesero. O tal vez olvidé dar las gracias a alguien que sostenía la puerta abierta para mí. Son pequeñas cosas, lo sé, pero de algún modo son parte de mi personalidad. Cómo tratas a los demás son destellos de la persona que realmente eres.

Ahí está lo importante de ser un extraño, un buen extraño. La gente te observa y tal vez no necesiten mucha evidencia para saber el tipo de persona que eres. Empujas tu interior hacia el mundo y, mientras que puede ser errado juzgar la integridad de alguien solo por tres palabras, la imagen que sacas de ti puede provocar que los demás no quieran conocerte.

Tal vez la gente no desnude tu personalidad en apenas cinco segundos como sería capaz Sherlock Holmes, porque se supone que no eres un asesino que trata de tapar un crimen. Pero las pocas palabras que les dices a las personas que nunca más verás significan un montón para esas personas que piensan permanecer a tu alrededor por un rato. Pienso que la conciencia que pongas en tus acciones es lo que crea una versión coherente de ti. Una que sea un verdadero paralelo con lo que eres a diario, cuando no necesitas preocuparte de cómo te rotulan los demás, porque pones tu mejor esfuerzo en ser quien eres (y, si a alguien no le gusta cómo eres a pesar de tu honestidad, entonces es su problema, no el tuyo).

«Nunca adivino. Es un error gravísimo teorizar antes de tener datos. Insensatamente se comienza a retorcer los hechos para calzarlos en las teorías, en vez de dejar que las teorías se adapten a los hechos». Las aventuras de Sherlock Holmes: un escándalo en Bohemia.

Con todo esto dicho, mi único consejo para ti cuando te encuentres con gente es observar su código moral y la manera en que lo viven. Recopila todos tus datos, como supongo que diría Sherlock Holmes, antes de atreverte a cualquier cosa peligrosa que te pudiera lastimar innecesariamente. Mira sus diferentes actitudes, escucha sus palabras elegidas. Hay muchas palabras que una persona tiene a su disposición para decir, a menudo escogemos las equivocadas. Piensa en la próxima vez que veas una cara totalmente nueva, una oportunidad de causar impresión. ¿Qué dirás?

Déjame decirte que hay gente que ven a través de ti, que leen hacia atrás y hacia adelante de manera tan fácil que hasta da miedo. Gente que te entiende a la luz de tus raros gestos que piensas que son tan misteriosos.

Tienes la opción; elige ser un buen extraño.


Imagen destacada: fotografía tomada por Megan Bishop ( Instagram: @megan.riley )


Por: Michelle Rojas Ortega (México)

Autor de Letters & Poetry


Traducción de The Importance of Being a (Good) Stranger por Fabio Descalzi


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