Escritores de Letras & Poesía José J. Acevedo (Venezuela) Relatos Tristeza

¿Determinación…?

Desde la muerte de mi padre derivada de un accidente cardiovascular, me he descubierto sumido en un cuadro depresivo severo, sazonado con un desesperante grado de ansiedad que ha reducido mi interacción con el entorno casi a cero. Después de todo lo que tuve que vivir antes, durante y después del sepelio de mi padre, me he negado a pisar una funeraria, cementerio o asistir a misa de muertos.

Hoy, al salir del trabajo, encontré —por absurdos del infortunio— a un amigo que hacía mucho tiempo que no veía. Me comentó que la hija de otro amigo nuestro se había quitado la vida ayer por la noche, y me pidió que le acompañara.

Entre todos los síntomas que trae la ansiedad, el más desagradable es, por mucho, el colapso cognitivo —el cerebro se estanca, va tan rápido y congestionado que se hace imposible que tu boca suelte lo que realmente deseas—. En un segundo subía con él, rumbo a la funeraria; cinco o diez minutos después, estaba sentado con un vasito de café en las manos, en medio de un puñado de muchachones que daban la impresión de estar más muertos que la que estaba en la caja marrón a poco más de dos metros de mi silla. El silencio era breve, rasgado por leves murmullos que salían de los desvencijados labios de unas señoras sentadas a un lado del ataúd.

Al sentir que comenzaba a inquietarme y que mi pierna izquierda comenzaba a hacer rechinar la silla como una cama de hotel barato, decidí levantarme y salir. Caminé obligándome a parecer tranquilo y casual. Me paré cerca de uno de los pilares y saqué mi yesquero… La ansiedad también inutiliza la vista periférica, así que no me percaté del cartel que prohibía fumar en esa área, así que sólo me quedé encendiendo y apagando el artefacto —seguro que muchos me miraron como a un piromántico o quizá un piromaniaco, quién sabría…—.

Otro síntoma típico de la ansiedad es la sensibilidad auditiva. En ciertos momentos, sobre todo cuando más saturado te sientes, comienzas a escuchar todo tu entorno como una bruma sónica indescifrable. En momentos así, trato de respirar y escuchar una sola cosa a la vez.

Muchos comentarios iban y venían: la situación del país, el escándalo de la última pelea con su novio… Todos motivos y razones de la difunta que de seguro nadie tenía como puramente ciertos. Para mí, eran simples conjeturas. Nadie sabía por qué, aquella niña hermosa, políglota y amante de las ciencias había decidido quitarse la vida. El cómo y el cuándo eran circunstancias que todo el mundo sabía desde hacía un rato; eso lo supe por mi amigo quien me contó lo que realmente había sucedido en los últimos cinco años de la niña. Los psiquiatras, las crisis histéricas, los psicotrópicos y las breves líneas que cerraban la carta que había dejado a sus padres: «Prefiero llevar este infierno conmigo, que compartirlo con ustedes». Todo me lo contó mi amigo, muy torpemente, mientras salíamos de la funeraria.

Esa frase, esa última frase que mi amigo se arrancó de su memoria, hizo que me rascara compulsívamente la barba de cinco días, la nuca y mi brazo izquierdo… En ese preciso instante, me vino como un navajazo neuronal un aforismo de Schopenhauer: «El suicida ama la vida; lo único que pasa es que no acepta las condiciones en que se le ofrece»; y eso me llevó a pensar… A ella le tomó 25 años darse cuenta de ello. Yo llevo cuarenta sin poder decidirme si aceptarla o no.

Por: José J. Acevedo (Venezuela)

poeticaimperfecta.wordpress.com


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8 comentarios

  1. Interesante. Y yo pienso (hablando en general) que al igual que creemos llevar un infierno dentro, tenemos que ser capaces de encontrar el paraíso ahí mismo, dentro. Todo lo que necesitamos para ser felices ya lo tenemos. Todos y cada uno de nosotros posee ese tesoro desde siempre, lo que pasa, es que la mayoría de las veces sólo nos fijamos en lo que viene de afuera hacia dentro y no a la inversa. Si nos quitamos las capas y capas de “piel” manchada por el exterior, y nos volvemos conscientes de la simplicidad y maravilla de ser, las tinieblas irán adquiriendo un color más claro.
    Gracias por compartirlo. Sé que hay mucha profundidad en el tema, pero quería dar mi granito de luz.
    Un saludo.

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  2. Lindo, y muy agradecido por tu comentario; pero la vida no es tan simple. Y es esa brutalidad de lo incomprensible, lo diferente, abstracto y absurdo que hay en cada uno de nosotros, lo que hace de la vida un paraíso… Si todo fuese luz ¿No crees que sería muy aburrido?
    Un abrazote, fuertote…

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  3. Sé que la vida no es fácil, y sé que no todo es luz, pero en esa capacidad de ver la luz en medio de la oscuridad está la diferencia. La felicidad es algo intrínseco, porque si no la encontramos dentro, esperas encontrarla fuera? Lo incompresible, el misterio que hay detrás o más bien “en” la vida, no, jamás podrá ser aburrido. Abrazo recibido… 🤗

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