Ernesto

Después de escuchar tres pasillos volvió a mí el olor a tabaco y a fragancia de pino, esa conjugación de aromas me transportó hacia una década atrás, cuando solías bailar un vals solo y tatarear letras de antaño, letras con sabor a vino amargo.

Por el cerrojo de la puerta te vi, como la última vez, estabas sentado en el sofá de la sala, junto al tocadiscos de vinilo, el humo del cigarrillo iba formando los acordes de aquella canción que hasta ahora permanece en mi mente. Y el terno negro que lucías, perfectamente adecentado, cuando vestías así te convertías en un hombre de gala, historias y versos.

No quería despertar y dejar de vivir en ese cuadro de recuerdos, no quería perderte, no una vez más, pero… en el intento frustrado de querer sentirte real, te perdiste como el ayer, como un sueño foráneo, te desvaneciste cuando abrí los ojos, entre la nada y la magia. Y no volviste a decir adiós.

 

Por: Cami V (Ecuador)

letrasinbragas.wordpress.com


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