De noche y con poca luz

Elige. De noche y con poca luz. Callarme. Elige. Ser ahora y no después. ¿Existe realmente la felicidad? Eso es como aquella tarde. Me habías preguntado sobre Dios. ¿Y? Varía. Es muy ambiguo. ¿Y? Será si acaso una utopía. Párame, para ti puede significar la calma, plenitud total, placer, simpleza, deseo, vanguardia, pero para el religioso un acto: la oración. Todo es acto. Porque es movimiento. ¿No sería lo mismo? Redundante el producto. El resultado del acto de orar. No. ¿Cuál es el sentido? ¿Qué busca? No hay respuesta, ¿o acaso si la hubiera crees que estaríamos aquí? Bueno, imagina otras culturas. Imagina que no existe el signo que te guía al conocimiento de la cosa. ¿Entonces? No me pides nada. Sin lenguaje. No hay pensamiento. Eso ya lo dijeron. ¿No es al revés? Exacto. Te quería llevar ahí. Es como el tiempo. La vida. No vives. No hay. Sin amor. Eso también lo dijeron. Alguien, no me acuerdo, lo dijo, cuando eras tú un bichito retorciéndose en el testículo izquierdo de tu papá de mierda. Me enredaste. Párame, coño. Ajá. Bota a los vampiros. ¿Cuáles? Los de energía. En eso sí creo. Estoy de acuerdo. Existen. En serio. Se roban tu saliva. La piel. Te asfixian. Quedas jodido. Vuelto mierda. Cambiemos de tema. Está bien. ¿Ahora qué vas a decir? Es una chama. Ah.

Dícese de mí mismo el del presente. Adentro el calor. La impotencia. Ya me enteré. Ahora lo entiendo. Frente al monitor. Soy. La página en blanco. Titilando el cursor me tranquiliza. Es lo único que veo. Cuento hasta que se me canse la vista y tenga que alejarme. Miro al techo. La sala. Sigue el silencio. Respiro. Soy. El colchón sin sábana. La fotografía. Otra vez. El pensamiento. Porque no tengo ganas de escribir. Ni de llorar. ¿Pa qué? Si no lo vale. Me haré un té. Para el dolor. La espalda se me cansa. La garganta quema. Sí, me haré un té cuando me levante y deje a medias lo que tanto quiero gritar, y algo no me deja. Pienso: iba a llamarte. Pero, me había cansado de llamarte. Tanto que hasta el cuerpo me pasó factura, y eso que es tan joven. Duele. No le hice caso. Ahora qué vas a hacer. Nada. Termina. No le hice caso. Las señales. Claro, enfermarme de repente. Volver a ser estúpido. Llorar como los fuertes que parecen débiles. Se suponía estar con alguien para sentirse bien no para andar de malas. Y ahora qué vas a hacer. Nada. Termina con eso de una vez. Aunque mañana te recuerde. Voy al cuarto. Dentro del sobre. La había leído varias veces. Tírala. Deséchala sin remordimiento. Como si fuera lo que prevalece. La rompo en tres pedazos. Se va por la ventana. Sigue. A un lado en el teléfono. La luz. Sin llamada entrante. Borré tu número. Borré todos los mensajes. El poema inconcluso. Lo borré para no dejarle rastro. Sigue. Ya se va a acabar el día. Pienso: era mentira. A veces no sé. No sé si es natural por haber sido ella la primera. No sé. Si sea ingenuo confiar en estos tiempos. Creer que había llegado la correcta. Y tan temprano. Bah, ya no te le des más vueltas. Olvídalo. Ahora es que te queda. Pero, vuelve. Vuelve el pensamiento. Y no sé. Aniquílalo. Cancélalo desde el inicio. Olvídalo. Mañana a lo mejor me pierda. Tener que abrir los ojos a eso de las diez. Apagar el teléfono. Desconectarme. Tener que ver el edificio entre todos los demás con el café. Tener, entonces, que recordarte. Me llamarás. No atenderé hasta el domingo. Pero, si acaso fuese antes, sería solo para escucharte. Como si nada hubiera pasado. Me preguntarás lo mismo. Como si nada hubiera pasado. Y no. No podré contestarte. Es que no le tienes que contestar siquiera. Déjala. Ya pasó. Te lo tendría que decir. ¿Y pa qué? Si volvió a ocurrir. ¿Ves? Acepta lo que no pudo ser. O bien puede no hacerlo. Mejor, ¿no? Toda la semana estará rara. Puede ser porque me hagas falta. Puede ser porque te amaba. ¿En serio? Tss, qué vas a estar amando tú. Y ella menos. No. Déjala. Y lo que haré será callarme. Así estaremos si es que no te cansas. No podré llamarte. Volverás, quizás, a hacerlo. Tendré que contestarte. Tendré que esperar en el incómodo silencio. Después del cómo estás. Qué te pasa. Estás molesto. Dime. Entonces hablamos después. El no te escucho. ¿Ah? Se oye mal. Para decir:

Nada. Terminar.

La semana va a ser larga. Duele. Va a pesar. Y a pasar. Siéntate. Es igual. Párate. Diez minutos. Y así. Ve hacia la montaña. Quédatele viendo. No es la gran cosa. Amargado desde cuándo. Me agrada ese sarcasmo. Es tuyo, te tiene que agradar. Qué digo, nos. El hecho es que no te puedes quedar en el aparato, vamos pa, qué pasa, esa no es la idea tampoco. Yo sé. Parece que no sabes. Qué digo, no sabes. Buenas vacas, ¿no? Déjate de vainas, pa drástico si sirves, pero el ser sociable no lo aplicas. Es tú culpa. Bueno, en auto, y por ende, tuya también, pajúo. Y qué si somos asociales. Enamoradizos. Ingenuos. Melancólicos probados. Chismosos. Insistentes. Sentimentales emocionados. Sin generalizar. Sin maldecir. Somos eso, no hay cabida para el cambio. Ahí es donde te equivocas, no te descabeces. Solito tú te empepas. Salte a caminar. Hacer ejercicio de vez en cuando. Como antes. Qué de productivo haces ahora. Escuchar todos los días una canción, otra, la misma a veces, otra. Desconéctate. La semana va a ser larga. Después te volverás a acostumbrar. Ya no falta nada para comenzar. Y dime, ¿qué de productivo andas haciendo? Y dale. No me vengas con eso. Ya deja. Volverá el pensamiento. Si lo sigues llamando con la palabra. Pero… Nada. Sal afuera. Coge aire. Agarra luz. Ya pareces un vampiro. Los hay. Existen. Ya, no vuelvas. Ah, verdad que te irrita. Es una advertencia. No te conviertas en ellos. No seas lo que criticas. Qué hay sobre la fábula repetitiva del encaje. No se trata de encajar, sino observar y reír cómo los demás se esmeran por hacerlo. Somos distintos. Corrijo, eres. Porque si fuésemos, estuviese errado de igual forma tu planteamiento, de manera que al ser distintos juntos de las masas, ambos somos, a la vez, de hecho, distintos, o incluso, masa. Eso no te da derecho a refutarme. ¿Y desde cuándo opinar es un derecho? El hecho de las masas está interesante. Ser parte de ella y negarlo, o no quererlo, aun y, sobre todo, siendo, recalco, parte de ella. Exacto. Igual. No nos desviemos. Ajá. Retomando. A ver.

 

Mientras tanto. Mi cara en el espejo. Ahora lo entiendo. Las excusas se reducirían si se usaran menos máscaras. ¿Cuál usar? De todas elegí la transparente. La elegiste porque así eres. Transparente. Te muestras. Mejor dicho. Me muestras. Nos muestras. Así somos. Transparentes. Será mi cara nuestra. Sí. Pero, no somos como ella. Sin nada en la cabeza. ¿Mejorar? Sí. Pero, insisto, no fuimos como ella. Ya vendrá. Ya vendrá. Descansarán nuestras consciencias por haber sido solo una. Hay quienes no son dignos de nuestras miradas. Después de todo ya nadie mira a los ojos. Y eso fue lo que ignoré. Sí. Qué vas a hacer. Recordar que somos nadie en este querer ser. Arrepentirnos de todo y a la vez de nada. Elegir. ¿Qué? Ser todo lo que avergüenza. Volver atrás. Estar. No se puede. Ya sé. Si se pudiera… ¿Qué?

Solo.

Por: rarovar (Venezuela)

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. LdeIdiota dice:

    Es genial.

    Me gusta

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