Preferiría no hacerlo (gracias H.M.)

Estaba desgastado por el día, pero decidido a no rendirme aún, a tan solo unos pasos del café de siempre visualicé mi lugar ocupado, miré al reloj de mano y sí era mi día, era la hora indicada, pero esa persona ocupaba mi lugar. Tras pasar la puerta de ingreso el barista tender me sonrió nerviosamente; me saludó simulando que no me importa que mi lugar, el que había ocupado sagradamente todos los miércoles a las 4:45 p.m. tuviese a una persona ahí. Con los ojos señalé hacia la ocupación (fuera de lugar) del sujeto de gabán verde. El barista me respondió que ya intentó pedirle que se cambiara de puesto y respondió: «Preferiría no hacerlo».

Recuerdo que pensaba «es extraño cómo de repente la vida cambia tu perspectiva de las cosas»”. Ahora yo veía a ese sujeto ocupando mi lugar, cuánta energía derroché en ese sitio, esa silla ya tenía mi molde, esa mesa estaba marcada con filtraciones producto del gotear de mi sudor y lágrimas. El calentador a gas encima de la mesa contribuyó en mi proceso creativo quemando mis malas ideas, tanto como la planta de al lado escuchó mis soliloquios (conoce mis profundos miedos y aciertos). Ese era mi lugar en el mundo. Me senté diagonal al sujeto buscando un cruce de miradas, pero llevaba lentes oscuros y no pude ver qué cosa observaba.

Esa tarde luchaba con el cansancio, hubiera sido la excusa perfecta para dejarme vencer y no escribir, además que mi lugar andaba ocupado, mas me incorporé, saqué mi libreta y laptop. Como de costumbre me devolví 3 o 5 páginas de lo que llevaba para retomar el ritmo, leía, releía pero no me conectaba. Mi vista como ancla se iba a las profundidades de los lentes oscuros del sujeto que ocupaba mi puesto. En ese momento que lograba recuperar la concentración cualquier movimiento del sujeto hacía que las esperanzas de su retirada me desenfocaran de la página en blanco, fue inútil.

Mi café había llegado, seguía siendo el sabor de siempre, siempre busqué que el mínimo de cosas se salieran de control. Es increíble ver lo intolerante al cambio que me he vuelto al pasar del tiempo, miré mi reloj y ya había perdido 30 min, me pregunté cuánto se demoraría ese sujeto. Recuerdo su pinta de vagaso, cigarrillos sin filtro, esa libreta corroída por humedad, no tenía medias y su pelo enmarañado le daba un aire parisino. Pensé que debía ser un estudiante de alguna facultad de artes o humanidades, pero se veía mayor para eso, así que lo creí uno de los individuos que estudió «estudios culturales en el exterior» y que le gustaba asistir a sitios como este para sentirse esnob.

Pasaba el tiempo y lo continué observando sin dar con su oficio. No, no, no, en la manera que contemplaba y movía la mano y la cabeza, no, no, no, concluí que debía ser un intento de poeta o escritor. Sí, eso es, sí, si es escritor pensé que podría llegar a empatizar con él y contarle lo que significante que era ese lugar para mí como escritor, quizás entendería.

El lugar comenzó a llenarse. Pensaba mientras escribía «no me gusta ver muchos ojos fisgoneando mientras creo, es usual ver a gente intelectualoide en un café escribiendo o leyendo, no me gusta ser relacionado con esa gente». En mi rutina acostumbraba llegar antes de que la gente colonizará el lugar, pero ese día, es día todo se ha salido de control. Me empoderé, me levanté, caminé hacia el sujeto, y recuerdo que le dije: «¿Podrías cambiarme de puesto?». Todos los razonamientos murieron con la pregunta directa, nunca tuve filtro y mi comunicación con extraños siempre fue nula, no aprendí a tratar a las personas, y menos cuando creo que me deben algo sin ellos saberlo, mas me dejó estupefacto su respuesta: «Preferiría no hacerlo».

El ambiente cambió por completo, las voces, la música, había observado al barista y me miró con gesto ingenuo y despreocupado, retrocedí tres pasos sin quitar la mirada del sujeto, avancé dos de nuevo hacia adelante, le pregunté: «¿Por qué no me cambia el puesto?». Él respondió: «Preferiría no hacerlo», me reí, le pregunté: «¿Por qué preferiría no hacerlo?». Él respondió bajando sus lentes oscuros, dejando entre ver sus ojos azules: «Preferiría no hacerlo». Estallé de la risa. Me senté al lado de él sin siquiera pedirle permiso, le cuestioné: «¿Podría decirme su nombre?». Él responde: «Preferiría…» le corté mientras hablaba: «Sí, sí, sí ¡ya! Preferiría no hacerlo», alcé mi tono de voz y le dije: « ¿Acaso te pegaron en la cabeza con Bartleby el escribiente de chiquito? o es qué… ¿acaso no sabes decir otra cosa?». Retirándose las gafas dijo: «Preferiría no hacerlo».

Exaltado fui donde el barista, le comenté la situación, la exageré de tal modo que llamé a la policía, afirmé que el sujeto es un loco, probablemente un artista haciendo un performance del escribiente, o un demente que tiene una bomba bajo el gabán. El barista abrió sus ojos con mi apresurada conjetura y gritó: «¡Bomba!» Las personas agitadas salieron del establecimiento excepto el sujeto, sólo quedamos él y yo, me senté frente a él y prendí un cigarro viéndole a los ojos (no sé si fumar es contagioso pero también prendió un cigarro como si fuera un reto). Sin otra alternativa me desnudé y le conté lo que ese lugar representaba para mí, todo lo que he hecho en ese asiento, pero es como si le hablara a un costal sin papas. Arremetió la policía apuntándonos y diciéndonos que alzásemos las manos. Él, intransigente: «Preferiría no hacerlo», como si fuese un niño pequeño me quejé ante el poli: «Lo ve, llevo intentando dialogar con él; pero solo dice eso». El poli entendió quién era quién y le dijo después de revisar que no tenía bomba alguna: «Acompáñeme por favor». Obvio responde… Se lo llevaron a la fuerza, en su mirada noté un gesto que me recordó a uno de mis personajes, terco y persistente.

Ahora con el lugar solo para mí me disponía a lo habitual y me entra una de esas llamadas que debes contestar… contesto, la conversación me absorbe lo suficiente como para enredar mi voluntad y escucho al otro lado de la línea: «¿Entonces sí… ya vienes?» Recordé la mirada del sujeto, entendí al escribiente, entendí todo, lo vi todo tan claro y dije: «Preferiría no hacerlo».

Y ahora cada vez que pienso en dejar de escribir me respondo…

Por: Juan Sin Ombligo (Colombia)

juansinombligo.wordpress.com


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