Uranio-235

Colombia occidental, 3 de septiembre de 2030

Samuel:

A veces quisiera poder dormir y al despertar saber que es solo uno de esos sueños alucinados, viajes psicóticos en los que si lo pensaba podía volar o crear multiversos a mi antojo, ver mi figura pueril interactuando con estrellas, narrando a los guardianes del tiempo amoríos de colegio. La realidad me golpea a la cara, con un abrazo de mi padre y sus dos maletas negras en la puerta. De las duras, Samuel, de las que usábamos cuando pelados para armar fortalezas impenetrables de almohadas y cortinas. Al hombre ya se le notan los años, más que todo en la expresión fuerte de rostro esculpido en mármol, unas cuantas arrugas y parches blancuzcos en la agreste barba. Sin embargo sigue pareciendo un minotauro, con la espalda de yunque y esos brazos de atlas, que no sostienen al mundo pero bien supieron sostener nuestra familia. Mamá ya no llora, hermano, no la he vuelto a ver llorar desde que el presidente anunció la construcción de un monumento a los caídos en Bogotá, es curioso cómo hasta la sola mención de la una vez capital logra erizar la sensibilidad de cualquier fulano. Bueno, cualquiera que haya tenido que vivir la gran explosión, en carne o en alma. Vos la viviste en alma, no voy a decir que sos muy de buenas, porque de lo que aquí sucedió nadie podría regocijarse. Pero de la que te salvaste, viviendo por allá en Australia, haciendo quién sabe que en quién sabe dónde. Si hubieras quedado inmiscuido en lo de Bogotá, de pena moral se nos mueren los viejos y que me lleven a mí porque vivir sin familia es como caminar en vidrios, desnudo, mientras te bañan con aceite hirviendo. Vos me entendés, siempre hemos sido muy apegados, una manada compacta. No puedo decir que en mis años de infancia me faltó amor y el viejo se desvive por la felicidad de mamá, es por eso que no lo perdimos en la explosión; porque prefirió faltar a los honores que le iban a rendir en pleno desfile que faltarle a la cena de aniversario a su amada. Todo un caballero, siempre galante, con un espíritu de familia tan arraigado que si hubiese muerto aquel veinte de julio, su espectro seguiría preparando esos ricos desayunos recalentados, amalgamas de comidas pasadas, a veces frijoles y pasta o pollo con lentejas, el olor a metano superaba el olor a comida pero aun así le agradecíamos con una placentera sonrisa. No me gusta hablar de esto en pasado, Samuel, pero se están llevando las tropas para la frontera con Quindío y vos sabés que si el viejo no está frenteando no es feliz. El conductor ya cargó las maletas en el platón de la camioneta, el interior permanece inescrutable para nuestro entendimiento, de niño vos decías que el contenido se componía en su totalidad por explosivos prohibidos en setenta países, yo me reía y te sacaba de la ensoñación inventando que lo que ahí llevaba era ropa y botas limpias. Uno es bien tonto de púbero, siempre estropeando las ensoñaciones de los infantes, así las tuyas fueran en exceso bélicas, debí haberlas dejado manifestarse sin reservas.

En medios internacionales no han expuesto la verdad sobre la explosión, es frustrante, Y por más de que en internet nos esforzamos por no escatimar detalles, nos siguen tratando como conspiranoicos, pero es que hay que ser muy marica para creerse el cuento de que una bomba atómica de un megatón fue un atentado de la insurgencia. A mí no me jodan, esos gringos ineptos no guardaron la suficiente precaución al traer a nuestras tierras armas de destrucción masiva, con la excusa que si Corea del norte atacaba a los aliados debíamos estar preparados. Bogotá no estaba preparado, Cundinamarca no estaba preparado, yo no estaba preparado, hermano, ni para una guerra civil, ni para luchar por una nueva nación que basa su soberanía en la muerte de otra. No sé qué estén comentando en Oceanía Samuel, pero el veinte de julio de 2028, en el desfile militar del día de Independencia Colombiana, la historia latinoamericana sufrió una irreparable ruptura. Debido una bomba nuclear expuesta por los gringos en la tradicional marcha militar, nutriendo el ego desmesurado, jactándose de su incapacidad moral transitoria, de su poderío de destrucción, como diciendo: “no te metas con Colombia, porque Colombia es mi finca”.

Veíamos el desfile desde televisión, yo me quejaba como buen mamerto del dinero gastado en tales actos, que en la guerra no había que invertir un peso más, que todo era culpa de Ordoñez y su dictadura. Papá no musitaba palabra para evitar discusiones, solo observaba la pantalla, orgulloso de su glorioso ejército nacional. Los aviones de la fuerza aérea se disponían a realizar su despliegue de maniobras. Justo cuando hacían esa pirueta de descolgarse como si se apagara el avión, un destello nubló la pantalla y la transmisión se interrumpió. Así sin más, dos horas, cuatro horas y ninguna imagen, ni aviso, nada, era como cuando por allá en los ochenta la transmisión simplemente se acababa y la pantalla se tornaba gris hasta la mañana siguiente. Por redes sociales nos enteramos del suceso. La bomba había borrado a Bogotá y sus municipios aledaños del mapa. Ocho millones de habitantes trastocados en ceniza. Sí, Samuel, así nos enteramos de la muerte de la tía Estela, de José, de Mónica, nuestra familia erradicada por un descuido de unos imbéciles con complejo napoleónico. Hace poco leí el testimonio de uno de los pilotos de los aviones que maniobraron antes de la explosión, sobrevivió por cuestiones del azar y afirma no haber dejado de llorar ante la gran nube en forma de champiñón, cuando aterrizó en jurisdicción antioqueña sufrió un shock emocional. Horas después de que cesaran los sollozos, logró describir sin mucho detalle el apoteósico desastre. Repetía cual autómata que era un cráter, que en Bogotá había un cráter, que sus papás eran bogotanos, que su esposa estaba esperando un varón. ¿Quién le había robado el día de Independencia?

En los últimos años este país ha girado en torno a maniobras ilegales o debo decir estos países, porque como bien sabes Colombia se ha dividido. Valle, Cauca, Nariño y Chocó conforman la Colombia occidental y el resto de departamentos han quedado bajo el mandato del supremo gobierno de Antioquia. Sí, comandado por el poder de la ultraderecha, valiéndose de una fuerza de mercenarios para impartir orden, apoyados por los gringos ¿podés creerlo? Los mismos que mataron a nuestros hermanos, que destruyeron nuestra tierra e historia. Aunque eso no ha de importarte mucho, nunca te inmiscuiste en la política, me llamabas insensato por derrochar mi fuerza intelectual en algo tan banal como lo social. Mira lo que ha pasado hermano, por los académicos sentir que la superioridad de sus mentes rebasan los problemas de los ciudadanos de a pie, que es más importante el análisis y los estudios de escritorio que untarse de pueblo. ¿Alguna vez pensaste que Colombia podía terminar así? Cosas como estas las veíamos ajenas, eran situaciones de países europeos o asiáticos a nosotros no, a nosotros nunca nos iba a pasar nada bajo la protección del tío Sam.

Papá regresó a despedirse, le dio un largo abrazo a mamá, de esos en los que se engarza el cabello en las falanges, como si así se aprisionara el alma del errante. Cuando ingresó a mi habitación rompió en lágrimas, me pedía perdón sollozante en nombre del país, dijo que se sentía derrotado, que todo por lo que luchó no era más que una guerra de intereses, que se sentía traicionado por sus propios compañeros, hombres por los cuales él hubiese dado la vida. Es una suerte que la cúpula militar decidiese abstraerse de los mandatos del inquisidor Ordoñez, Colombia occidental cuenta con la gruesa fuerza bélica que salvaguardaba la soberanía de la Colombia que pensamos era indivisible ¿cuántas veces más se diezmara nuestro territorio? ¿Cuantas patrias bobas soportaran nuestros corazones rozagantes en anhelo de paz?

Papá se ha ido. Salí a ver el reverso de la camioneta disiparse en la esquina del parque. Quisiera llorar pero no puedo contagiar a mamá de malas vibras. Enciendo un cigarro mientras observo a unos niños en bicicleta saltar andenes, rompiendo el dogmático silencio de la cuadra. Riendo y profiriendo ruidos estridentes, como si sus bicicletas fueran motos, como si no fueran presos cautelares en una base militar perdida en la inmensidad de la selva. Haciendo ruido, la inocencia aflorando en caras llenas de barro, olvidando que aquí estamos para ocultarnos, cobardes ante los múltiples intentos de los gringos por unificar la Colombia que por accidente dividieron. Es que la finquita no funciona igual con la mitad del terreno, sin lo más fértil, sin el valle. Ese mismo que una vez los japoneses afirmaron que era de terrenos tan prolíferos que los cultivos darían a basto para alimentar al mundo. Una desfasada hipérbole. No obstante hoy día los terrenos proveen para alimentar la resistencia e importar materia prima a Corea del Norte y demás países que hoy nos consideran aliados: ejemplos magnos de la lucha contra el imperio. ¿Qué opina Australia con respecto a todo esto, hermanito? Apuesto a que no les importa, están tan seguros en su árida y paradisíaca isla que no se verían afectados ni por el Armagedón. Eres ahora uno de ellos, apático a tu tierrita, ensimismado en objetivos superfluos, hacer dinero y mantener a la campesina esa con la que te casaste. La última vez que nos comunicamos me contaste que la mujer había matado a un cocodrilo con un cuchillo de cocina. No sé vos pero yo no le entregaría mi descendencia a ser capaz de tal barbarie. Claro que siempre fuiste muy diferente a mí, yo decía rojo y vos azul, yo izquierda y vos derecha, yo mulata y vos rubia. El suceso más claro de dicha apatía fraternal creo yo fue el dos de octubre de 2016, el día que se empezó a gestar esta tragedia anunciada. Lo traigo a colación porque no te voy a mentir, estoy cansado de que no respondas las llamadas de mamá, la vieja cumplió años el viernes.

Yo había salido a marchar en cuanta manifestación armaban para promover el SI en el plebiscito de la firma de los acuerdos de paz. Banderas blancas, cirios blancos, camisetas blancas, sonrisas blancas de colombianos luchando por conocer lo que es vivir sin miedo. Para que te miento, Samuel, por ese entonces entre los dos no había más que roces y enemistad. Que yo era un mamerto, que deshonraba el buen nombre de la familia. Que por qué no me iba para el monte para saber lo que era comer mierda. Yo no te decía nada, ¿qué te podía decir si papá te apoyaba sin medida? Ignorando mis convicciones, relegándolas a meros delirios pueriles. El dos de octubre ganó el No en la consulta, el poco pueblo que votó, decidió seguir en aquella marisma de hermanos diezmándose entre sí. En la casa contrataron un parrandón vallenato y tú me gritabas que yo era un maricón, que te olían feo los maricones, que pidiera perdón por ser un vendido, un demagogo, un comunista. Me dolió viejo, me dolió tu trato, me dolía como nuestros padres no reprendían aquel comportamiento psicótico. Es que sos mi hermano, no mi enemigo y donde se te vuelva a olvidar el cumpleaños de la vieja te juro que voy hasta ese desierto y te muelo a tabla.

De nada les sirvió haber ganado, el tratado de paz entre la guerrilla de las FARC y el gobierno se llevó a cabo con éxito, lo cual enardeció a los de tu raza y legitimó la dictadura que hasta antes de la explosión de la bomba lideraba a Colombia hacia un abismo de obediencia, catolicismo e ignorancia. En el 2018 el inquisidor Alejandro Ordoñez fue declarado presidente. En el 2019 los miembros del partido político de las FARC habían sido eliminados en un brutal genocidio. En el 2022 los sobrevivientes al genocidio y antiguos militantes formaron el movimiento dos de octubre (M-2). En el 2024 los gringos propusieron que la única salida era un segundo plan Colombia, pero esta vez no sería solo la instauración de bases militares en territorio nacional, sino también pequeñas colonia en distintos departamentos con el fin de maximizar el control territorial. Para el 2026 Colombia estaba llena de gringos y en el 2028 estalló la bomba que borró a Bogotá de mapa. En 10 años un partido político con tendencia fascista destrozó por completó casi medio milenio de historia patria.

Mamá está en la sala reunida con las esposas de los otros mandos militares, no lloran. Se muestran imbatibles ante la posibilidad de perder para siempre lo que en 20 años de servicio han construido. Mientras ellos combatían con fusiles, ellas soportaban toda clase de situaciones: soledad, engaños, perdida de libertad; todo por mantener vivo un amor que quemaba con tal fuerza, que se jactaba de alimentar las pezuñas de los centauros que por nuestras selvas marchaban. Es poético el ejército, así no lo parezca, todo aquí es lírico y estético. Desde los cánticos que emiten los rapados bachilleres al marchar, hasta las místicas oraciones de los comandos. No creas que toda esa pulcritud que nos impartieron de pelados era gratis. Lo que querían hacer de nosotros era poesía épica. Héroes, hijos de más grandes héroes, hijos de la guerra, la mierda que no tapó el gato.

Odio a las amigas de mamá, casi tanto como las odiabas vos. Lo único que hacen es llenarle la cabeza con delirios de grandeza, que si hay reformas constitucionales el jefe militar podría pasar a ser el vicepresidente, que en cualquier escenario la tragedia no había sido del todo nefasta. Viejas estúpidas, su ego desmedido no amaina bajo el flagelo de esta patria cercenada, que se arrastra entre la sangre para erguir un mejor mañana. Por ahí le escuché decir a un sargento, de esos fantoches que toman aguardiente como si fuera agua y tienen la barriga más grande que el espíritu militar, que van a construir una ciudad inteligente como las que están implementando en África. Con edificios prefabricados y a prueba de sismos; de esas que las casas hablan y los carros se parquean solos. La van a construir sobre Quibdó, van a tumbar y rellenar todo. A decir verdad no es una mala idea, los gobiernos pasados habían relegado esa zona al olvido, con mínima inversión y salubridad. Sé que si estuvieras aquí me llamarías vendido por apoyar a la soberanía de la Colombia occidental pero estos dos últimos años ha hecho más por la gente que ningún otro gobierno latinoamericano en sus respectivos territorios. A veces me pregunto: si estuvieras aquí ¿en qué bando jugarías?

Fui a la tienda a comprarles cigarrillos a mamá y a sus arpías. No han parado de hablar y son en extremo entrometidas. Una de ellas con la excusa de ir a la baño se topó con mi habitación y al verme inmerso en este papel, no se le ocurrió mas que preguntarme a cual de todas las noviecitas le escribía. Alimaña con cuerpo de señora, cree que todos los hombres somos como el batracio que le tocó como marido. Yo soy hombre de una sola mujer. Si, de Amapola López, la misma morena de andar salvaje que conocimos esas vacaciones en el club militar. Sé que te vas a burlar, porque tiene un ojo medio desviado. Pero hermano, esa mujer no es de este planeta. A veces, cuando la luna se torna roja suelo recitarle historias sobre como fuimos separados de un planeta en las profundidades del cosmos. Sobre como nuestras naves escapando de una gran catástrofe tomaron cursos iguales y vinieron a dar a la tierra. Que somos los últimos de una especie de seres cuyo ideal más alto es el amor. Que debemos honrar a nuestra raza. Ella sonríe y me besa despacio, así como besan las buenas mujeres ¿cómo te besa la extranjera esa?

He divagado un poco la intensión comunicativa de esta carta. La escribo primero en papel que en digital. Es gratificante la experiencia de rozar la página con el revés de la mano, sentir el bolígrafo, tachar, y arrugar una hoja mal redactada. Me obliga a pensar con precisión cada frase, cada palabra que repasaran tus ojos tan similares a los míos. Si es que algún día revisas tu correo, si es que te acuerdas de estos tres imbéciles que lloran cada noche por no saber si has cenado. Y claro que has cenado, papá aun te envía dinero y por lo que sé tienes un buen trabajo. El martes partiré hacia la frontera, he conseguido un buen puesto en inmigración, yo que pensé que trabajaría de por vida estudiando la comunicación animal. Ahora requieren que los psicólogos estén en áreas más humanas y si puedo ayudar a algún fanático a volver al lado de la luz, podré sentir que aporte más que con refuerzo moral a la reconstrucción del pedazo de patria que aún nos queda.

Las amigas de mamá se han marchado. Me siento con ella en la amplia a sala a sopesar el silencio acogedor con cigarrillos mentolados, hace un año que fumo con mamá. No es una costumbre saludable pero nos mantiene actualizados de los problemas del otro. Mamá me pregunta que qué tanto es lo que escribo en estos papeles, que los he llevado todo el día. Yo le respondo que una súplica, un manifiesto, una oración, un abrazo fraterno. Ella ríe y me dice con su característico aire condescendiente: “Pero si es la décima carta que le escribes a tu hermano ¿por qué crees que esta sí la responderá?”

Desvío la mirada de su expresión lastimera y acariciando los papeles respondo: “Esta vez insulté a su esposa, a él nunca le gusto que le tocaran sus cosas”. Mamá me abraza. Por favor responde, hermano.

Por: Santiago Angarita Yela (Colombia)

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Valentino dice:

    Qué bueno. Felicitaciones!

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    1. Muchas gracias por leerme.¡ Muy buenos tus escritos!

      Le gusta a 1 persona

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