El sujeto

Por Santiago Angarita Yela

El primer curso del semestre y yo arribando con treinta minutos de retraso. Vivo en el campus, en el edificio H, así que nunca logro articular una excusa convincente para mi impuntualidad. Si cronometro el tiempo exacto entre la puerta del dormitorio y el salón de clases, el resultado sería un minuto y medio, no media hora. Si llego tarde es por negligencia, por desvelarme leyendo crónicas mal escritas sobre viajes interplanetarios plagados de aventuras. Con los tratados de libre comercio y los convenios con las colonias del borde interior, es fácil pasar una temporada en otra galaxia gemela, incluso algunos deciden disfrutar su intercambio en sistemas solares binarios, bellos pero intrincados, binario, significa que está iluminado por dos soles, si un sol ya inspira a los poetas el efecto de dos ha de ser virtuoso. Sin embargo, los intercambios extra planetarios siguen siendo costosos, al menos para los que como yo, estudiamos gracias a becas completas, símbolos de la buena fe de las nuevas razas que ahora componen nuestro recuento de especies. Los nulfeanos, son pioneros en ciencias exactas, apoyando su estilo de vida en lógicas aritméticas. Los holbanes, por el contrario, son una raza que ha encontrado paz y longevidad en la identificación de la red de conexiones, que hace que todo en el universo sea una sola entidad, su sociedad es meramente filosófica, un planeta repleto de estetas; en dicho planeta ser novelista es un arte respetable y el gobierno mundial está compuesto por extranjeros, lo que facilita la administración desinteresada de recursos. Desde el incidente que propició el primer encuentro extraterrestre, los rusos y los gringos han descubierto y explorado alrededor de veinte sistemas dotados de vida. Exploración que ha resignificado la concepción misma del papel del ser humano en el basto universo, no fue fácil para los egos inflados enterarse  de que otras especies no visitaban nuestro sistema por considerarnos en extremo inferiores, volátiles y peligrosos. No fue fácil entender sociedades enteras viviendo sin conocer el concepto de violencia, con la plaga ajena a sus genomas. Por fortuna las exploraciones espaciales sufrieron un colosal impulso en el momento en que los nulfeanos nos enlazaron con Gtfrshtop. Aquel planeta de nombre impronunciable está provisto de una hermosa atmósfera cuyos componentes la tiñen de violeta neón, dos lunas circundantes y una civilización en extremos similar a la humana. La diferencia entre especies recae en que su anatomía humanoide dista de la nuestra, poseen una musculatura en exceso desarrollada y aún conservan tres afilados cuernos en el cráneo, herencia de sus primitivos predecesores. Es decir, si nosotros guardamos cierto parecido con los chimpancés, ellos se asemejan a sus ancestros inmediatos, en terrícola los llamamos gorfs, se parecen a nuestros gorilas, solo que alcanzan 24 metros de altura y dos pares de brazos musculados, que contrastan con pequeñas piernas atrofiadas por el peso exorbitante. Pigmentación roja y tres afilados cuernos en el cráneo; la primera vez que vi un gorf en persona fue en el zoológico de la colonia lunar gringa, en el verano del 76, cuando papá vendió el autómata de limpieza para llevarnos de vacaciones.

Ingreso al salón de clase, desconectando el chip de interacción en el umbral de la puerta, los maestros odian la interacción neuro-digital en horario de clase. Para algunos estudiantes abstraerse de las redes sociales supone gran suplicio, ya que sus vidas dentro del falso ecosistema tienen más significancia que la realidad. La profesora aún no ha iniciado clases, es terrícola, curioso, ya que en la conferencia de inicio de semestre anunciaron mayor presencia de maestros extranjeros, debido a los nuevos convenios académicos. Antes de la expansión universal el ser extranjero lo delimitaban fronteras terrestres, ahora el asunto es planetario. La maestra inicia a hablar en un idioma gutural, la pronunciación y gestos no se parecen a ningún idioma terrestre, intuyo que ha de ser de alguna raza violenta, por los golpes al finas de las palabras. Reviso mi horario de clases, corroborando que por error inscribí la clase obligatoria de lengua extranjera. Yo aspiraba que mi última materia antes de graduarme fuera alguna electiva de literatura espacial, después de todo para eso ingrese a la universidad, para relatar el cosmos. Si la ciencia ficción era un género desacreditado, con la apertura planetaria narrar el espacio había alcanzado la cúspide en ventas de libros digitales, los lectores voraces aclamaban a aquellos escritores que describieran los paraísos exóticos de la galaxia, en crónicas de narración simple, sin mayor metáfora y no muy extensas: mediocridad.

El curso era de grodiano, un idioma nativo de la mayor luna de Gtfrshtop. Solo restaban tres créditos académicos para poder graduarme, los mismos créditos que otorgaba superar los módulos del idioma extranjero. No soy muy bueno manejando nuevas lenguas, el español, aún trato de domesticarlo a pesar de ser mi lengua madre, aprendí inglés como requisito para prestar servicio militar con la armada lunar, pero lo he olvidado con el pasar de los años. En Colombia no se pronuncia una sola palabra de grodiano, muchos desconocen o deslegitiman la existencia del planeta Gtfrshtop, aun así las universidades insisten en dictar cursos que pocos toman y de nada sirven. Un sistema educativo deficiente que sin lograr satisfacer las necesidades humanas se atreve a intentar comprender las extraterrestres.

Asisto a todos las clases del curso, aunque solo para calentar el puesto. Un mes y no logro aprender siquiera el saludo base, la profesora lo nota pero parece no molestarle. A veces cuando resuelvo los exámenes invento pictogramas para tratar de emular la escritura grodiana, es inútil. He realizado mi investigación individual sobre los grodianos, según la enciclopedia galáctica en línea, son la especie registrada con más similitudes a la humana, tanto en su organización social como en sus imaginarios colectivos. La luna de Gtfrshtop cuenta con un presidente y un gobierno dividido en estados, con un gran ente central que delega funciones. Incluso las prácticas grodianas se asemejan a la humanas. Idolatran a sus deportistas y se anestesian con una sustancia producida por la fermentación de pequeñas esporas, ellos lo llaman Grush y el cronista que escribe al respecto lo describe como 4 veces más fuerte que el vodka. A parte de ser un mediocre estudiante de antropología extraterrestre, soy un bebedor profesional. Con tanto tiempo libre y sin pareja para gastar el subsidio del gobierno, sobrevivo las noches Caleñas entre bares de desidia y el frío piso de la habitación 43 del edificio H, cómo amo la libertad que se respira en la residencia universitaria, libertad, sexo y nicotina. Nada cambia, el ser humano es una criatura cíclica.

En la última clase del primer corte, me acerco a la profesora para solicitarle su firma en el acta de cancelación, sé que no podre terminar el curso y prefiero cancelarlo que menguar mi ya decaído promedio académico. La profesora ostenta ojos hermosos, de doble pupila, es la primera vez en dos meses que lo noto, ha de tener ascendencia lunar, la vida en las colonias hace que el cuerpo mute, puede ser por las condiciones atmosféricas o por la comida que se cultiva en los forzados invernaderos espaciales, cápsulas esféricas emulando las condiciones del piedemonte volcánico. Fertilidad artificial, ya no se sabe con certeza qué realmente es artificial, pensábamos que la vida terrestre era una casualidad natural, hasta que nos enteramos que fue plantada a propósito como parte de un experimento biológico.

—Pelado, yo le voy a proponer un negocio —dice mientras su doble pupila se dilata.

—Profe, qué pena, no es que su curso sea malo, es que en serio esto de los idiomas extranjeros no es lo mío. Me quedo con los terrestres.

—Créame que me he dado cuenta, pero lo que sucede es lo siguiente: este curso está diseñado para 24 estudiantes, si al final del curso los 24 estudiantes han aprobado al menos con un nivel básico, la facultad auspicia un viaje pedagógico al lugar donde se hable el idioma. En este caso la luna de Gtfrshtop.

—Uy profe, esa sería una oportunidad buenísima para los que les gusta Gtgrgr…el planeta ese.

—Mire no nos digamos mentiras, a usted no le importa mi clase y a mí no me importa que no le importe. Este es el negocio: viene a cada una de las clases y por el solo hecho de asistir yo le paso el curso en básico. Pero espere, no es tan fácil, necesito 24 estudiantes para ir a la salida pedagógica, así que o va, o lo envío directo a consejo disciplinario, no crea que no me he dado cuenta de que llega borracho los martes.

La oferta de la maestra de dos pupilas es más que convincente, acepto sin hesitar y cada clase estoy puntual y más o menos sobrio. Incluso trato de coquetearle indirectamente, jamás he estado con una mujer de más de una pupila. El segundo módulo pasa sin contratiempos. Como solo veo una materia en el semestre el tiempo libre lo uso trabajando medio tiempo en un negocio de salchi-papas y gastándome el dinero de la quincena en whiskey. De vez en cuando me sumerjo en mi escritorio a escribir guiones de medio pelo, de entre mis obras más destacadas están 100 de cilantro y La novicia periquera. No me considero un fracaso, tengo veinticuatro y en seis meses seré un respetado antropólogo extraterrestre. No me preocupa conseguir trabajo, mi padre me tiene un puesto asegurado en la universidad en la que labora, no hay que forzar a la vida, nada es predecible, el espacio ya no es la última frontera.

El segundo módulo es más accidentado que el primero, el cocinero de las salchi-papas fue impactado por un rayo criogénico en una riña de pandillas y mientras logran traer sus extremidades de vuelta he tenido que relevarlo, no soy muy bueno fritando, mis cicatrizados antebrazos son la prueba fehaciente. La universidad marcha de maravilla, logro librarme de la tesis de grado presentado el manuscrito de La novicia periquera, el asesor de proyecto final me ayudó a convencer al decano que es la obra literaria más grande que le universidad jamás produjo. Si supieran que la escribí borracho con las cubiertas de realidad aumentada sobre mis pupilas.

El día del viaje llega y no puedo evitar sentir emoción, es la segunda vez que saldré del planeta y la primera fuera de la galaxia. Para llegar a Gtfrshtop se debe tomar una de las entradas al vacío, el motor de anti-materia hace el resto del trabajo, en 25 minutos se está en la órbita del planeta. 25 minutos es lo que duraba un viaje entre Cali y Bogotá hace aproximadamente 200 años. Llegamos en un aerobús institucional a la estación espacial Gonzalo Arango, a primera hora en la mañana. La que está ubicada junto al viejo aeropuerto, ese que solo usamos los que no tenemos dinero suficiente para un aero-vehiculó privado. Es impresionante ver el espectáculo, naves colosales levitando hacia el cosmos con gracia felina, sin dejar atrás residuos, reflejando los rayos del cada vez más indómito sol del Valle. En la cabina de una de esas naves mis compañeros y yo degustamos de una cena prolífera, cortesía de la universidad de Gtrydpop, ubicada en la capital de Gtfrshtop. Duermo la mayor parte del viaje, ajeno incluso al pequeño sobresalto de la nave al atravesar la atmósfera del globo. Jaramillo, un tipo de gafas que se sentaba siempre frente a la profesora, me despierta con un leve toque fraterno, los ventanales de la nave pierden la cubierta protectora y puedo ver con claridad la atmósfera violácea del planeta. La extraña arquitectura cilíndrica, tan dispar e igual a la terrestre. A medida que la nave aterriza logro identificar algunas siluetas que serían humanas de no ser por sus brazos ligeramente más grandes que el tronco, la piel roja y tres pequeños cuernos en el cráneo. Las hembras son distintas a los machos, brazos proporcionales, solo dos cuernos y caderas intergalácticas; son el tipo de humanoides por el que atraparía una venérea espacial, caderas planetarias. Al aterrizar, la rampa de descenso se despliega y la profesora me aborda apurada.

—Álvarez, le voy a pedir un favor, no vaya a tirarse la salida. Sus compañeros están muy emocionados por poner en práctica lo que aprendieron.

—Relájese profe, yo también estoy contento, a mí también me gusta viajar gratis.

—Y por favor no vaya a decir nada imprudente, usted sabe los conflictos que hay en la luna a la que vamos, la mafia controla gran parte del territorio.

—Confíe en mí, profe, más bien vaya y diviértase usted también, si no estoy con ustedes en sus excursiones estoy durmiendo en el hotel.

Un ferrocarril flotando sobre rieles magnéticos nos lleva hacia el centro de la capital del pequeño planeta, desde la nave no se siente el frío, enciendo el termostato de mi chaqueta y me recuesto a divisar el trayecto de tren. La ciudad es hermosa, un amalgama entre lo futurista y la tierra en la revolución industrial. La profesora explica en el centro del vagón que el planeta posee una geología y atmósfera casi idéntica a la de la tierra, que su civilización es solo doscientos años menor a la nuestra y que la teología es una profesión respetada. Mi tío solía decir que un hombre culto debe ser teólogo, murió de cirrosis, jamás entendí sus enseñanzas; así como tampoco entiendo el idioma que balbucean todos a mí alrededor. La profesora anuncia que hemos llegado, que pasaremos la noche en el hotel, que la noche en este sistema dura solo 6 horas, que debemos dormir muy bien. Le respondo que sin mi porro para dormir suelo desvelarme, todos en el vagón se ríen excepto ella. En el lobby del hotel dos monstruosos machos nativos esperan nuestra llegada. No son delegados de la universidad aliada, son de la mafia, de la luna de este violáceo planeta. De postura amenazante, unos metros más altos que los otros machos de su especie, llevan marcas en el cuerpo y trenzas de pelaje en la barbilla. Sus cuernos recubiertos de oro y lo que parece ser un cigarrillo de forma cónica. No comprendo el nombre del primero, el segundo se llama Ghörk. Me acerco a Jaramillo en busca de una traducción.

—Ve pana, ¿que está diciendo el mamarracho ese?

—Que son de la mafia, viejo, que nos van a cuidar durante la visita a la luna, que les alegra que estemos interesado en su planeta, lo último que dijo no lo entendí, hablan muy enredado, como si fueran a vomitar.

—No me vayas a decir que no tenés miedo —le digo palmeando su hombro—, hay que ser ciego para no ver que ese gorila lo puede volver mierda a uno con un estornudo.

—Se nota que no pusiste cuidado en clase. Álvarez, a lo bien no sé porque sos tan vago, relájate que aquí la mafia tiene más legitimidad que el mismo gobierno. Si no me crees pregúntale a la profesora.

Decido no aumentar la brecha que he zanjado con la maestra, camino cerca del grupo sin apartar la vista de Ghörk y el otro gorila escarlata. Nos asignan habitaciones en pareja, por suerte me toca junto a Jaramillo, es el único de mis compañeros que no me genera repulsión. Es de noche, duermo poco y sueño aún menos. Al despertar me doy cuenta de que el grupo se ha ido, probablemente a tomarse fotos en algún museo emblemático, me alegra haberme quedado atrás, no soporto la fiebre del turista. Salgo al pasillo y veo a Ghörk en la puerta del ascensor, grita en un español deficiente y gutural: “Pequeño hombre no salir de krofg, ordena el jefe”, en dos movimientos regreso a la habitación con el corazón agitado, sin poder borrar la imagen de sus afilados colmillos al hablarme.

El día transcurre y el grupo de estudio no regresa al hotel, estoy aburrido y necesito estar sedado. Intento de nuevo bajar al restaurante, Ghörk no aparece en el pasillo, camino casi corriendo. El ascensor se abre y justo antes de entrar una mano colosal me lanza contra la pared. Es Ghörk, por su expresión deduzco que me destripará sin matarme, para luego alimentar con mi pellejo a sus cocodrilos espaciales. Me levanto con dificultad y a grandes bocanadas recupero el aire. Mi cabeza da vueltas y el pasillo se contrae, sufro un ataque de pánico ante la posibilidad de una muerte inminente. Ghörk me mira esperando una respuesta, lo único que hago es ponerme de pie, recobrar fuerzas y gritarle desesperado: “¡Yo soy el sujeto!”. No sé porque lo grito, ni siquiera lo que significa, pero Ghörk abandona su mueca de depredador para reír a carcajadas. Confundido permanezco inmóvil ante la bestia, Ghörk me lleva en brazos hacia la habitación donde se encuentran sus compañeros, todos rojos y amenazantes, tan distintos a mi especie y a la vez similares en sus vicios. Dice algo en su idioma a modo de presentación y en el español deficiente me indica que repita lo que dije. “¡Yo soy el sujeto!”. Los colosales humanoides profieren grandes carcajadas y me ofrecen Glush y una de las drogas que consumen en su luna, polvo de estrella grodiana. La pequeña reunión se extiende dos días, el viaje a la luna se ve aplazado debido a la resaca de nuestros guardaespaldas. Al regresar con el grupo de estudio comprendo algunas oraciones simples del idioma, aprendo en una noche lo que no aprendí en un semestre. Jaramillo sospecha que fingí ignorancia para pasar el curso sin esforzarme, le digo que no sea sapo, que no se meta en mis vainas. Un bus hermético nos recoge a la entrada del hotel, cuarenta minutos más tarde nos encontramos en la puerta del ferri que conecta con la luna. El dispositivo cuenta con un sistema de rieles móviles que se adaptan a la rotación y órbitas del satélite. Me encuentro a Ghörk en la fila de la embarcación y con un estridente “Grosgryo tryeoal” Me indica que me suba en su vagón exclusivo, en primera clase. Mis compañeros y la profesora me miran con recelo y repulsión, incluso Jaramillo, a quien consideraba el único sensato. El vagón preferencial está plagado de vicio, Glush, hembras de cuatro pezones, polvo de estrellas grodianas y mucha testosterona espacial. Me siento cómodo entre la desidia, la desidia se siente como casa. El trayecto dura más de lo esperado, en mitad del camino mientras los tripulantes duermen, Kwargt, el mejor amigo de Ghörk sugiere robar las pertenencias de todos en el ferri espacial. Estoy borracho y el polvo de estrellas me hace sentir como si por mis venas corriera anti-materia. Es increíble el sigilo de un grodiano en posición de acecho, vaciamos todas las maletas, nos dividimos el botín y caemos desmayados ante la mezcla funesta de sustancias psicoactivas. Los tripulantes se enteran y llaman a la guardia de la luna mayor del planeta Gtfrshtop. Al descender del ferri nos esperan cuatro patrullas enardecidas. Ghörk arremete a gritos contra el que parece ser el oficial superior, me señala y de inmediato el policía ordena que me acerque, coopero, he metido la pata, necesito graduarme, laborar junto a mi padre, tal vez llevar a La novicia periquera al cine. Ghörk me indica que diga lo mío, que solo eso bastara. Tomo aire y brotando las venas en mi cuello grito a todo pulmón: “¡Soy el sujeto!”… El policía ríe, se relaja, le indica a los demás que se retiren, que les devuelvan las cosas a los extranjeros, que se pueden quedar con el resto. Pintoresco planeta, ojalá todo fuera tan sencillo en la tierra, tendré problemas al regresar a Cali, la profesora y los alumnos no perdonarán mi lapsus de anarquía. Aunque; ¿para qué regresar?, si aquí soy el sujeto.

Por: Santiago Angarita Yela (Colombia)

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ufff qué buena historia!!!
    Hace mucho no leía algo tan bueno. Felicidades!

    Estuve pendiente de cada palabra, me pareció increíble!

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    1. Muchas gracias por leerme! Aprecio mucho tu comentario, son los lectores los que lo hacen que los delirios sean más que eso.

      Le gusta a 1 persona

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