Claudia G. Rui Gutierre (México) Escritores de Letras & Poesía

Elegías

I.

Mi sonrisa herrumbrosa está sangrando

Por la llaga de mi adiós herida,

Un adiós inevitable y desgraciado

Que magulla mi pecho con porfía.

 

Es una lanza, un estilete que practica

Incisiones y agujeros inclementes

En el recuerdo grave en que se muda

Mi presencia más y más endeble.

 

Tu tibieza quiere ser, acongojada,

Eco de un ser que ya no es casi nada:

Añorante de tu cara como nunca,

Estoy fría, sí, pero muy enamorada.

 

Así mermada, la fuerza que me quede,

¡Que solo se concentre en mi mirada!

Para dártela toda y que me entregues

Tus ojos adorados en respuesta.

 

Tu sonrisa pesarosa me deslumbra

Aún por la triste certidumbre herida,

Certidumbre burlesca e implacable

Que nos cobra alegría por desafiarle.

 

Es una pena, ya lo ves, mi vida,

Mi vida inmortal en la agonía:

Tú significas para mí existencia,

Yo para ti la muerte en el umbral.

 

Es farsa tenebrosa esta: te dejo

Sin jamás haberte amado como ahora,

Me besas

Porque nunca me besaste en el pasado.

 

La lágrima que enjugo en tu mejilla,

Ella sola me basta en vez de tus abrazos:

Tu ausencia me reviste de retratos,

Retratos tuyos y largas elegías.

 

II.

Y espero tu venida.

No queda más que sentir el alma deslucida

Bajo la aspereza de la carne.

 

Me rodean las centellas.

Me rodean los brazos que invitan

—Ya, ahora— a que los acompañe.

 

Me revuelvo henchida

De los huesos serenos que seré

Al cabo de unos días.

 

Al cabo de unos días

De dolor y de sangre,

¿Quién llorará por quién?

 

Y espero tu venida.

 

III.

Solo de ti fui sin serlo nunca.

Habría compartido todo lo que no fue.

Lo habría derrochado sin reservas.

Lo esperaba. Lo ansiaba. Lo temía.

Hoy,

Me asomo desde el otro lado.

Lo extraño.

 

IV.

Ya soy pabilo desnudo sin vela qué encender.

Ya no soy combustible para codicias.

Ya me desgrano, me uno a la red que nadie puede ver.

Ya soy lámpara de aceite parpadeando; dentro de mí es más grande.

Dentro de mí lucho por mantenerme a flote. El oleaje te contiene a ti.

Dentro de mí me baño en la sal que lame mis heridas: el fuego que ardió, los deseos profusos, el temor tironeante.

Dentro de mí te rodeo con los brazos. Te puedo ver.

Dentro de mí es el único lugar donde estoy.

Estás ahí también.

 

V.

Así, amor, con tu sonrisa deshecha en llanto,

Quiero mirarte hasta que todo acabe.

Serás registro de lo más bello

En mi momento más sombrío y más grande.

No habrá sueño que secuestre este faro

Con el cual, al partir, llegue a buen puerto.

Mientras lleve una prenda con que ofrecer un pago

Cuando sea mi hora de embarcar

Al lugar de donde no hay regreso,

¡No todo habrá muerto!

Mientras sea tu ternura la bandera que agite

En son de paz al guardián más circunspecto

¡No todo habrá muerto!

 

VI. 

¿No piensas tú

que somos tierra y cielo,

fuego y agua,

blanco y negro,

cuerpo y alma?

 

Y donde hay tierra hay cielo;

y donde hay fuego hay agua;

y donde hay blanco hay negro;

y donde hay cuerpo hay alma.

 

Y tú eres el cielo de mi tierra,

y tú eres el fuego de mi agua,

y tú eres el blanco de mi negro,

y tú eres el alma de mi cuerpo.

 

Así me vaya al cielo,

así duerma en la tierra,

o amortajada y blanca

a que me escalde el fuego,

voy a vivir… en tierra, en cielo,

en fuego, en agua,

en blanco, en negro…

en cuerpo, en alma.

Mamen Monsoriu.pngmamenmonsoriu

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