Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Isaias M. Creig (Argentina)

Dragonland

Al entrar los recibe un dragón blanco de dos metros. Según el cartel  informativo es una dragona llamada “Hobsyllwin”, cuyo principal propósito es armonizar y pacificar la relación con los humanos. Su tarea es exhortarlos a respetar la naturaleza y las demás especies.

Miguel, luego de leer aquello que se inscribe en una especie de banderín medieval, mira hacia arriba y ve como el muñeco mueve la cabeza lentamente de un lado a otro. Su boca está iluminada con un reflejo color rojo y desde parlantes a su alrededor salen rugidos. Su novia y cuñada comienzan a sacar fotos. Pero el no tiene ganas de detenerse ahora. Así que las deja atrás y se va en búsqueda de las obras de Ciruelo. No le interesan aquellos muñecos construidos para infantes.

Mientras camina  una luz tenue lo envuelve y junto con la música medieval poco a poco lo va sumiendo en un viaje fantástico.  Gárgolas de rostros deformes, dragones con forma de serpientes, huevos del tamaño de su cuerpo. Todo se enciende a su paso y la creación antes subestimada ahora es un mundo real. Se detiene frente a algo parecido a una caverna y deja que sus ojos vean vida donde se supone que no la hay. Entonces aquellos huevos inmóviles se mueven como anticipando un nacimiento. Las luces son llamas que provienen de la garganta de algún dragón, fuera de allí.

– ¿Qué hiciste? ¿Por qué te fuiste? – la voz de su novia lo devuelve a la realidad de repente.

– Vine a ver si las obras de Ciruelo están o si es todo chamuyo para que paguemos una entrada cara.

– ¿Y? ¿Las encontraste?

– No, pero creo que la exposición de cuadros está un poco más allá, en la otra parte del predio –dice y agrega – Che Lu, ¿Y si uno de estos resulta que es de verdad y empieza a hacer mierda todo el lugar?

– Imagínate si al primero que agarra es a vos.

– Imposible querida, yo tengo estirpe de caballero.

– Sí, claro – responde Lucía, dejando los ojos en blanco.

Siguen caminando. Los dragones no difieren mucho entre sí aunque hay uno que se distingue por sobre el resto. Sus escamas son doradas, las alas se extienden en su plenitud sumando casi seis metros entre las dos. El estomago se mueve como si estuviera respirando. Los párpados se cierran y abren rítmicamente. La boca, semiabierta, lanza destellos de luz roja. Es un dragón avasallante por donde se lo mire. Miguel lee el banderín informativo:

El magnífico Dragón de Oro es la figura más venerada entre todos los dragones. Sus escamas y sus alas son de centelleante oro bruñido y su refinada belleza es incomparable. Aunque no pertenece a las razas tierra, agua o fuego reúne las mejores cualidades de todas. Defiende un maravilloso castillo donde un caballero de corazón puro guarda con devoción la copa sagrada hasta el día que la humanidad esté preparada para recibir su luz.

– Qué entretenida hubiese sido la escuela si me hubiesen enseñado estas cosas ¿Sabés cómo todos seriamos más imaginativos? – comenta a su novia quien ya no está junto a él y ahora se pierde con su hermana a través de otros pasillos. En su lugar, una nena de unos seis años lo mira con ojos de conejo.

– Vos sí que tenes una infancia mágica, eh – la nena emite una carcajada juguetona antes de correr a los brazos de su padre no muy lejos de ahí.

Entonces Miguel se vuelve hacia el animal y trata de imaginarlo vivo: el gran dragón de oro que con el brillo del sol sobre su cuerpo produce un reflejo que encandila todo a su alrededor. Puede verse a él mismo parado frente al dragón, sintiendo en su cara el viento provocado por el batir de sus alas. Un corredor de montañas se ve a los lejos, con los picos cargados de nieve y nubes rosadas coronándolas. El Dragón Dorado lo mira y le habla. Miguel escucha atentamente.

En otro lado más alejado su novia y la hermana están tan sumidas en sus cosas que se olvidan de Miguel. Solo lo recuerdan al llegar frente a una de las pinturas de Ciruelo. En ella un enorme dragón dorado se alza sobre un joven que lo observa desde abajo. Sus posturas no son bélicas, más bien parece que el animal está hablándole. Más allá de ellos, una cadena montañosa cubierta de nieve y rodeada de nubes rosadas forma un horizonte entrecortado.

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