Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Isaias M. Creig (Argentina)

Como gerente financiero no va a dejar pasar esto.

Manuel comió demasiado en el almuerzo y ahora se siente mal. Los retorcijones en el estómago no lo dejan concentrar en el trabajo. También le duelen las rodillas. Tiene los tendones desgastados o algo así, no recuerda bien lo que le dijo el kinesiólogo. “Los sesenta y ocho años no vienen solos” piensa mientras sorbe un trago de té digestivo y firma documentos. De pronto ve un error en una orden de pago. Tiene una fecha que no se corresponde con la actual. “Se sabe muy bien que las ordenes de pagos en negro tienen que ser al día” le grita a su mente.

Como gerente financiero no va a dejar pasar esto. Marca el interno de Mónica, la jefa de pago a proveedores, y le ordena que se acerque a su despacho. A los segundos ella se para frente a él. La mira con ojos acusadores y con el papel en la mano pregunta:
– ¿Quién hizo esta orden de pago?
– Eusebio, el chico nuevo. ¿Por qué preguntás, Manuel?
– Es un desastre. No podemos tener gente trabajando que comenta este error. ¿Nadie le dijo que los pagos en negro se hacen al día?
– Si, se le explicó. Lo que pasa es que estamos con mucho trabajo y por ahí …
– Decile que venga – La interrumpe. Mónica se va y al instante aparece en la puerta con el chico.
– Así que vos hiciste esto – le dice apoyando la orden de pago sobre el escritorio y continúa –. ¿Sabes trabajar, pibe? ¿O solo estas en la silla calentando el orto? Mira bien esta orden de pago y decime que es lo que está mal – el chico no le hace caso y solo lo mira a los ojos.
– Ya sé lo que está mal: la fecha. Daniel me dio la orden de que la haga con esa fecha — en su voz se denota algo de nerviosismo y a la vez una ira contenida.
– Si sabés que no se puede ¿Para qué la pasas? A ver: si te dicen que no se pasan órdenes de pago en negro con fecha diferida ¡No se pasan! – se recuesta sobre el respaldar de su silla y desde allí, con una mirada soberbia y recostado sobre el apoyabrazos izquierdo  continúa – Te voy a tomar una prueba de una sola pregunta: ¿Si te digo que un cheque es diferido como lo sacas?
– Manuel, ya sé a lo que se refiere…- Eusebio intenta adelantarse a los golpes pero un grito lo frena.
– ¡Contéstame lo que pregunte, pibe! : si te digo que saques un pago diferido ¿cómo lo sacás?
– Lo saco según la cantidad de días que se hayan pactado.
– Bien. Entonces repito por si no quedó claro: las órdenes de pago en negro se sacan al día porque no son cheques, son pagos en negro y por lo tanto no pueden quedar registrados. La verdad que es una porquería de trabajo estás haciendo. Si seguís así vas a durar poco. ¿Cuántos meses hace que estas acá?
– Seis.
– Con esto bajó mucho la percepción que puedo llegar a tener de tu laburo. Andate ahora. Vos también, Mónica, andate – dice, ahora mirándola a ella y agrega — Vos sós la primer culpable porque tendrías que haber visto este error antes que yo. Son una manga de pelotudos – termina y gira el sillón hacia su computadora. Espera a que salgan y abre el diario digital. Siente que el estómago va a explotarle. Entonces, antes que pueda seguir leyendo, Elsa, la jefa de cobranzas, golpea la puerta y pasa.

– Disculpe, Manuel. Vengo por lo de mis vacaciones trabajadas.
Gira de nuevo su sillón con odio para enfrentarla y apoya sus dos manos sobre el escritorio. La mira con ojos de fuego y le habla con irónica bondad:
– Ay Elsa, encima que te pagamos un sueldo cuando deberías estar jubilada también querés cobrar vacaciones. ¿Por qué no te vas a tu casa a descansar? Ya estas vieja, Elsa. ¿Cuántos años tenés?
– Setenta –  responde sin querer responder.
– Tendrías que estar descansando. Ya veo que un día palmás acá y tenemos que hacernos cargo de un quilombo judicial. En fin, ¿Qué querías?
– Las vacaciones, Manuel. Me tiene que firmar la orden para que las cobre.
– Que rata que sos Elsa, te las hubieses tomado. Sos una rata vieja. A ver, dame la orden—Elsa le pasa los papeles y los firma.
– Gracias, Manuel. Hasta luego — la mujer se retira sin decir más.
– ¡Hoy se vinieron con todo a romperme las pelotas, eh!—Grita bien alto para que el resto lo escuche y no se atrevan a interrumpirlo de nuevo.
Es entonces cuando los retorcijones en el estómago vuelven con más fuerza. Tiene que ir al baño de manera urgente. Se levanta y siente que las rodillas van a explotarle. No sin dificultad llega casi con el último aliento y descarga. Un olor fétido  y fuerte invade el cubículo pero a el no le importa: es su olor. Se ahoga pero está aliviado, así que agarra el celular y se pone a jugar al candy crush. Tal vez por estar tan concentrado en el juego es que no se da cuenta de que el tiempo pasa y el sigue expulsando parte de sí una y otra vez, casi sin esfuerzo. El dolor en las rodillas y un calambre general en las dos piernas lo despabila pero no se puede levantar porque su intestino sigue en lo suyo. Se preocupa aunque no quiere pedir ayuda, sería vergonzoso. Decide esperar un poco más.

El tiempo pasa y el se concentra en el juego. Pero comienza a sentirse raro, siente su propio cuerpo como si fuera líquido. Como un gran pan de manteca derritiéndose al sol. Esto lo preocupa y trata de incorporase pero las rodillas le crujen y el líquido marrón que chorrea por sus piernas lo obligan a volver a sentarse. Mira hacia la puerta sin saber qué hacer mientras sigue expulsando. Va a seguir esperando, en algún momento va a tener que parar. No puede dejar que nadie se entere de esto, es el gerente financiero de una importante compañía y le perderían el respeto. Entonces, en medio de sus pensamientos, ocurre: primero es la pierna izquierda completa la que se convierte en una pasta marrón y olorosa fluyendo hacia adentro del inodoro. Luego la derecha. Queda sostenido por sus brazos con el corazón latiendo fuertemente, gotas de transpiración recorriendo su frente y los ojos inflamados por el desconcierto. Algo impide que grite, la desesperación es devorada por el miedo dejándolo mudo.

La desintegración llega en segundos hasta su cabeza, que cae como una piedra salpicando el agua marrón hacia los costados. Ahora flota dentro de la taza repugnante de aquel inodoro. Desde allí el olor lo penetra hasta lo mas hondo de su ser. No puede entender, no llega a comprender qué es lo que le está pasando. ¿Esta soñando? ¿Se está volviendo loco? ¿De verdad está adentro del inodoro a punto de ahogarse? Los ojos giran nerviosamente de un lado a otro mientras comienza a fundirse en el agua maloliente hasta desintegrarse completamente, no sin antes sentir en su boca el gusto de su propio yo.

Unos minutos más tarde, con la vejiga a punto de explotarle: entra Eusebio. Cuando ve aquel panorama hace un gesto de asco, contiene la respiración y aprieta el botón de descarga.

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3 comentarios

    1. jajaja tuve mis dudas de subirlo por miedo a que no sea agradable de leer, pero después me dije que lo escatológico es parta de la humanidad también. Y que sí: se lo merecía.

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