Claudia G. Rui Gutierre (México) Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía

Cita con el Pasado

Se sentó en una banca el tiempo suficiente para que las aguas, como flechas turquesa y esmeralda, se levantaran en suspiros tardecinos, recordando naufragios y baladas. Lo esperó pensando en Vigo, en las últimas luces de la última jornada, un recuerdo agridulce impregnado de tierra mediterránea, y él vino al caer el sol, esa nota dorada y añorante en un cielo de clepsidras nubosas y de espigas flotantes. Se sentó junto a ella el Pasado Distante; habían hecho una cita.

Ella hacía mucho que no hablaba con nadie, y solo ante los ojos comprensivos del Pasado abriría su corazón, una postrera vez, antes de desvestirse, y con los poemas de su beldad en los bolsillos, al mar lanzarse.

—Sabes bien que he pecado —le dijo—; he vivido mi vida atormentada por las cosas que hice… pero me he arrepentido.

Y el Pasado le dijo:

—Aún no comprendes: dejarás de existir por causa mía sin saber que mi hermano el Presente sufre por ti mucho más. Lo laceras ahora con tus obras mezquinas, y él, tan galante y fugaz, no permite que veas el pecado constante en que tropiezas hoy, sin que debas luchar para mirar atrás.

La mujer lo buscó, al Presente infinito. Admiró las facetas del Pasado tan gris, coronado de musgo, que paciente aguardaba, y al Futuro distante tras la puesta de sol. Pero no apareció.

—Es extraño —concluyó con voz queda—, lo llamo, quiero pedir perdón, y tu hermano me evita.

—Es que una vez más, lo llagas a él pero a mí tornas.

Ella miró las olas. Se alzaban roncamente y golpeaban las piedras. Quiso saber qué se sentía, ser el agua y la roca.

Dos amantes que paseaban cerca vieron solo una mancha azul marino que se incorporaba, se quitaba el abrigo y daba una zancada hasta el borde del muelle, para después precipitarse hasta el vacío. Y escucharon una voz alegre, que decía con sorpresa:

—¡Ah, conque estabas aquí después de todo!

Y vino la respuesta, una risa melancólica que pudo haber salido de la boca etérea de la brisa:

—Siempre estoy aquí. Pero es condición de tu sangre que solo a las puertas de la muerte, en el límite de mi reino intangible, puedes verme.

Mamen Monsoriu.pngmamenmonsoriu

 

 

 

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7 comentarios

    1. Ajajaja, tomaré tu comentario como un cumplido! La verdad es que la vida es así, no? Tan perturbadoras ciertas verdades que decidimos ignorar, o que damos por sentado, que se nos eriza el vello. Y la muerte siempre será el mayor motivo de agitaciones. ¡Gracias por tu comentario!

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