Dr. Asenjo (México) Escritores de Letras & Poesía Opinión

Sobre los poemas de amor

[1]

No ha existido jamás un tema tan predilecto ni tan recurrido en la poesía que el tema del Amor. Desde el Amor Fraternal en la Epopeya de Gilgamesh, hasta la infatuación desgarradora en Polifemo y Galatea; el Amor ha sido, por excelencia, el motivo principal de los versos. Pero detrás de todas aquellas piezas de arte literario—de las cuales es preciso reconocer su belleza—yace, en parte, un espejo por el cual podemos ver un elemento de nuestra condición humana. Difícilmente podrá juzgarse si dicho elemento constituye una tragedia, o si es simplemente una de las muchas partes irremediables del diseño de nuestro espíritu que nos lleva a ser falibles. Pero lo que sí constituye es la corrupción[2] del concepto del Amor y, por extensión, de todo el género humano.

Para poder propiamente entender las causas detrás de dicho fenómeno, es necesario analizar a los poemas de Amor como medio de expresión; asimismo, es necesario entender a la poesía en el contexto de la misma. La poesía es, fundamentalmente, una de las muchas formas en la que se utiliza el lenguaje para la comunicación. Los sentimientos, historias e ideas que se traducen al verso quedan plasmados en un medio que permite su transmisión y preservación a largo plazo. Pero al mismo tiempo la expresión escrita u oral del poema interviene en un proceso en el que da forma y presentación a las mismas ideas que abarca. Esto se vuelve claro ante el reconocimiento de que uno no está experimentando directamente con el material provisto por su contenido, sino que está observando al producto resultante de la unión entre dicho material y su expresión. De igual manera,  uno no observa al Amor en sí al leer o escuchar un poema de tal tema, pues su percepción le limita únicamente a la imagen generada por los versos.

El problema comienza cuando uno se percata de que el lenguaje es un artífice humano sumamente limitado, mientras que el Amor es un concepto inmensamente amplio[3]. Si bien es genérica la frase “No tengo palabras para expresar mi amor por ti”, es mucho más verdadera que incluso los más grandes poemas de Amor. Sencillamente existe una diferencia tal entre el Amor y el lenguaje, que traducir al primero en el segundo abre las puertas a múltiples inexactitudes.

Este efecto, aunque problemático, no produce un gran impacto. La inexactitud en el Amor no necesariamente produce su deterioro, y en ocasiones incluso es motivo de fascinación y enriquece su desarrollo. Sin embargo, esta traducción del concepto a los versos tiene más efectos que solamente ese; pues el lenguaje no se limita a tratar de acaparar algo extremadamente grande en comparación con sus capacidades, sino que participa también en la vulgarización del Amor mismo. Una vez confinado el Amor en la palabra, este deja de ser espontáneo y sincero, y se convierte en una réplica de espontaneidad y sinceridad: es decir, en una representación falsa de un objeto verdadero[4].

¿De dónde surge esta falsificación? Puede decirse que en parte nace a partir de la inexactitud mencionada anteriormente, pero eso no explica completamente su origen. Para ello se requiere entender a la naturaleza del Amor en sí.

El Amor, cual sea la forma en la que se presente, tiene un carácter espontáneo que lo distingue de otros sentimientos. Usualmente cuando se ama a alguien, uno espera ser amado de vuelta por el sujeto de su enamoramiento (sea un enamoramiento fraternal, filial, conyugal, etc…); a diferencia del caso del odio o la vergüenza, en donde no hay una expectativa de reciprocidad. Incluso sentimientos como la admiración no esperan ser correspondidos por el sujeto al que van encomendados—pero el Amor, en la mayor parte de los casos, anhela correspondencia. Tanto que, incluso cuando el sentimiento no es mutuo entre el enamorado y el destinatario, esta pasión no puede desenvolverse de manera fructífera, limitándose solamente a amar aquello que se le permite gozar y a abstraer sobre lo bueno que sería recibir para sí sus mismos sentimientos por parte la otra persona. En este último caso la espontaneidad se ve degradada, lo que resulta en la degradación del Amor.

La Literatura encomendada a la expresión de tal pasión—independientemente si se trata de una declaración amorosa, de una historia de Amor, o de una representación poética del mismo—rompe con la espontaneidad que define tan marcadamente al concepto, y la convierte en un esfuerzo unilateral del autor al receptor, quien no observa de forma pura a la abstracción realizada por el primero sobre el Amor, sino ve su versión mediatizada a través del lenguaje. En un poema no hay sentimientos, ni en un cuento hay amantes; solamente hay palabras que hablan de sentimientos y de personas, a las cuales se les confiere significado sin verdaderamente experimentar con el sentimiento.

Uno podría objetar que toda forma de expresión es, en cierta manera, mediatizada, y que ello no resulta en el deterioro de lo que se quiere expresar. Esto es cierto, pero de manera limitada. Cuando la expresión es fiel al material al que recurre, la mediatización tiene un efecto muy limitado. El mejor ejemplo de ello serían las pinturas que tratan temas amorosos; al desenvolverse de manera directa a través de la percepción sensorial, el efecto que produce la pintura es distinto a la actitud inherentemente alienante de la escritura, pues permite espontaneidad al mantener en común una imagen concreta entre quien aprecia la pintura y quien la produce. Dicha alienación se presenta de dos formas: o el texto no brinda suficiente material para la interpretación, reduciéndose así a la literalidad absoluta (que si bien brinda una imagen común, no brinda el componente interpretativo que sí abunda en otras artes)[5];o, el artífice lingüístico, sea por el uso de sintaxis, semántica o contexto, abre demasiado espacio para la abstracción, lo que hace imposible determinar significado alguno[6] concreto[7].

Pero, ¿dónde entran los poemas de Amor en este dilema? ¿Por qué titular al ensayo así, cuando los postulados anteriores aplican para todas las formas de expresión escrita? Pues esto se debe a que el verso es, por excelencia, la forma a la que se recurre para expresar este sentimiento en la Literatura. Los versos enriquecen e intensifican al sentimiento, permitiendo al lector sentir un mayor gozo al leer un poema sobre el tema, que al leer un ensayo o una prosa[8]. Desafortunadamente, dicho gozo viene al precio de una alienación mucho más efectiva por parte del poema—es, en cierto sentido, la mejor forma de corromper al Amor a través del arte.

Entonces, ¿por qué se siguen escribiendo poemas de Amor? Esta es la cuestión que no hay como resolver. En parte, es porque muchos escritores no reconocen el problema. En parte también es porque la poesía es también excelente medio para la expresión de cualquier tipo de frustración, y el Amor es medio excepcional para producir frustraciones. Tal vez, al fin y al cabo, no debería de abandonarse el verso amoroso. O tal vez sea imposible abandonar su escritura. Indudablemente se seguirán produciendo textos de ese tipo, e indudablemente tendrán audiencia. Lo mejor que queda por hacer es, trágicamente, aceptar esta realidad tal y como es.

[1]  El uso de los poemas de Amor como ejemplo sirve solamente para ilustrar mejor a la tesis de este ensayo. Los argumentos presentados pueden aplicar a otras formas de expresión amorosa mediante el lenguaje hablado o escrito.

[2] Que el lector no tome esta palabra con la intensidad con la que suena. Anteriormente se ha dicho que difícilmente podrá determinarse si dicha corrupción del Amor es trágica o si se trata de un mal que siempre ha estado acechando al ser humano. Se describe entonces una corrupción objetiva, sobre cuyos efectos no se puede realizar un juicio de valor preciso, puesto que incluso la corrupción del género humano puede tener efectos muy diversos—sino es que incluso ya estamos tan acostumbrados a ella que no tiene ningún efecto—los cuales no son de importancia para este breve ensayo.

[3] Lo es así incluso en sus interacciones menos amplias (Amor Fraternal, Conyugal, etc…), sobre las que versan usualmente los poemas.

[4] Es conveniente pensar en una fotografía editada para comprender el significado de esta frase. Son esas ediciones innecesarias las que hacen de una fotografía una representación engañosa de la realidad, y lo mismo se puede decir en el caso del Amor y los versos encomendados a este.

[5] Irónicamente, ese es el caso de este texto. Un ejemplo ad hoc sería el Pastor Apasionado a su Amor de Christopher Marlowe (no es decir que sea un mal poema, sencillamente participa de esta forma de alienación).

[6] Un ejemplo extremo de ello, si bien no abarca el tema del Amor, es Fisches Nachtgesang de Christian Morgenstern. Sin embargo Oliverio Girondo brinda ejemplos más representativos de ello.

[7] Esto no es decir que una obra artística, independientemente de su especie, no pueda tener multiplicidad de significados.

[8] Esta es una generalización, y por tanto no debe asumirse que no existen excepciones. El ensayo trata solamente con las formas ideales de poesía, prosa, etc.

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