Escritores de Letras & Poesía Moth (España) Poesía en Verso

Endriagos

Yo soñaba contigo aunque no te tenía y sabía que me estaba prohibido.

Te dibujaba con palabras pertérritas que iba dejando en las sábanas

como guijarros y plomos, como arañazos sucios, como licor de vitriolo

miguitas de pan para encontrar el camino de vuelta a casa

a la habitación inmóvil y demasiado limpia

demasiado quieta y demasiado callada y siempre igual

donde yo

inmóvil

postrado

llorando y aterrado

en la cama llena de dientes y huellas

con los endriagos que me susurraban que tú les ibas a vencer

(pero no)

yacía.

Esa noche eras verbos y eras manos, y eras maná

y a veces eras manos entre mis manos o luz entre los dedos como humo.

Y luego desaparecías.

Y yo me sentía frustrado porque ni en un sueño era capaz de agarrar el humo

porque nunca podía abandonar completamente la realidad,

porque esta se pegaba a mí como un enredo de huesos

como cuando nos imaginaba haciendo el amor

y tenía que darme una razón válida para dejar el grifo abierto

y para que tú estuvieras allí.

Y nunca encontraba ninguna.

Y en medio de ese frenesí comprendí la tristeza de la desesperación

de imaginar calor donde no lo hay

de dibujar en el aire piel tibia con los dedos entumecidos

y torpes por no estar acostumbrados a tocar con amor

de desear que la tela fueran caricias.

Y pedí poder dejar de sentirme solo cada vez que estoy solo.

Pedí no necesitar a nadie.

Pedí estar completo.

Y contando teratologías se me fue la noche.

Cuando desanduve el camino de plomos me encontré la habitación empapada

y yo, seco

y supe que tu río había surcado ese lugar

que yo y todas mis almas habían estado sumergidas en ti

todo este tiempo

todas estas noches

en cada una de las estrellas que planeé visitar juntos

en cada uno de los rincones en los que durante unos momentos dejó de crecer el polvo

y empezó a brotar leche y miel.

Supe que tu río había pasado por allí

y había hendido y había consumido

y se lo había llevado todo

todo y a todos, menos a mí.

Frío.

¿Por qué haces esto?

¿Qué diablos quieres de mí?

En ningún lugar ya te conozco

Y a veces, pienso, o sé, o quiero saber

a veces, casi siempre

diré siempre porque es mejor

y sé que no es lo que esperabas

ni podrás creerlo quizá

quizá, sí

creo que…

Dios, para ya la verborrea y dilo.

Dilo de una vez.

Te echo de menos.

Rubén sampietro (1)

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