Escritores de Letras & Poesía Lola Ferrin (Colombia) Reflexiones

Cerrar los ojos

Cerré los ojos, callé mis pensamientos y me dediqué a sentir. Es que a veces uno se olvida de eso, de sentir. Uno cree que es algo automático, pero veces es necesaria la conciencia del amor y de las vainas que despierta en uno, de las transformaciones químicas o lo que sea que pasa en el cuerpo de quien está enamorado, de quien sufre y es feliz al mismo tiempo.
Sí, escondí mis pupilas y por un momento me negué el verde de los árboles y el rojo de los labios pintados y la gordura de las lejanas nubes. Rechacé el resplandor del cielo y el gris del asfalto. Por un instante obvié el azul verdoso del Pacífico, resté importancia a ese arco iris que sale a perseguir la lluvia y los mapas que se aferran a mi piel.
Cerré los ojos, me dejé ir y nunca estuve más consciente de mí como en ese momento. Las lágrimas se estancaron por fin y apareció una angustia que de alguna manera me devolvió la tranquilidad. Es que a veces el orgullo nos complica la vida y nos lleva por caminos errados, nos empuja a tomar decisiones claramente absurdas, y si uno no hace eso -cerrar los ojos-, no se entera de que está cayendo en un abismo de tres kilómetros y que abajo lo espera un puñado de rocas dispuestas a devorarlo con sus dientes.
Fue necesario regalarme la ceguera momentánea y fingir ser sorda para ignorar las voces del orgullo, la tristeza y el dolor, para rescatar de esa tormenta gringa el sentimiento, el verdadero anhelo. Y no es que la melancolía desaparezca de golpe, pero al menos uno sabe que no lo ha perdido todo, que la historia apenas empieza a escribirse.
Cerrar los ojos me dio respuestas, me impulsó a dar el primer paso para el retorno, aunque corra el riesgo de encontrarme con la a veces no grata sorpresa de la soledad.
Cerrar los ojos me enseñó que el amor suele ser eso, agachar la cabeza y aceptar los cambios propios que imponen el tiempo y la rutina, aunque no nos gusten, aunque a veces duelan, mucho, intensamente… aunque las lágrimas amenacen con no cesar.
Cerrar los ojos me ayudó a entender que a veces no es tan malo sentir tanta tristeza en medio de la alegría.

 

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