Escritores de Letras & Poesía Moth (España) Poesía en Verso

Solivagus

Érase una vez un puzle

de filos cortantes y sin cabeza,

tan largo como una muerte

y tan grande como una existencia,

pero en el que nunca hay formas

y los colores se mezclan sin cuidado ni sentido.

Y siempre que tengo la tripa llena de fuego

y el corazón lleno de mar

lo miro y veo que falta algo,

una interferencia extraña en mitad de la visión,

como un ser que se pudre de sed entre las manos de la tierra,

un reflejo irrisorio de la vida que me ha llevado hasta aquí;

un nudo,

una niebla,

una nada.

 

Tiene la forma de unos ojos azules,

esos ojos que no dejo de ver en las calles

y en las calles que hay sobre mis sábanas y detrás de los párpados.

Entre las piedras, cada vez que camino en estas avenidas extrañas

y el cielo solloza a mi lado.

Ahora cuando me cruzo con extraños ya no temo que me hagan daño,

sino que no nos miremos y nos demos un beso,

y que pasemos de largo como dos oscuridades sin saber si podríamos haber sido.

Sin saber si ambos nos estábamos buscando.

 

Aún sueño contigo. A veces.

Cuando tengo la tripa llena de agua salada y el corazón en llamas

sueño con esos ojos azules que me dan la vuelta a la piel

y me hacen trizas las rodillas.

Y me pregunto por qué nos miramos y nos besamos,

y aun así no fuimos.

O yo no fui nada

y tú fuiste todo.

Eso es tan injusto.

 

Y al recuerdo ya no hay dolor que lo envuelva,

solo pena,

más profunda que yo mismo y que mi mismo centro

y tuétano gélido

y una cama que ya no sabe qué hacer conmigo.

Y quiero gritar lo mucho que te necesito para que me deje de arder el alma,

y quiero arder y convertirme en cenizas y confesar que no te he olvidado,

pero los muros de mi habitación me miran con saña

y la desesperación se acobarda,

se apiada de este absurdo humano,

porque sabe que si tomara posesión de mi cuerpo no quedaría nada de mí,

porque, aunque sea consciente de que no hay futuro,

sabe que hay que seguir caminando

para no enraizar,

para que no me coman las arañas que me siguen como un hedor,

para que no acabe siendo solo suciedad y sangre y sombra pútrida

y me derrame por el hueco del puzle

como un alarido que se abre paso entre las costillas

y se entrega con desdeñoso júbilo al vacío.

 

Algunas noches en las que apenas soporto el frío

daría todo lo que tengo para ser la persona que mezcla su olor con tus sábanas,

la que hace rimar los nombres de las cosas de tu cuarto

y que baña cada sol en el azul en el que vive tu pupila.

 

Algunas noches daría todo para ser al menos una esquinita doblada en tus días.

Y si me apuras, para ser tu día,

y que tú fueras mi noche.

 

Sígueme en: https://rainheartedmoth.wordpress.com/


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2 comentarios

  1. “Tan largo como una muerte”

    Vaya, sabes el texto me deja con un fuerte olor a despedida. Una oración para no salir de casa y esperar al filo de una vela, adherido a la llama. Buen texto. Gracias por compartirlo

    Le gusta a 1 persona

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