Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Isaias M. Creig (Argentina)

Un margarita

Nos pedimos un margarita con azúcar. Flor cuelga las bolsas con las compras en el respaldo de las sillas.La noche es calurosa y húmeda, pero en donde nos sentamos un viento suave y refrescante nos proporciona algo de alivio. Para comer nos decidimos por una picada mexicana para dos. 

—Hubiésemos pedido tres tacos y listo— dijo Flor al ver la cantidad de comida que nos traen; a lo que yo asiento con un gesto de resignación mientras me preparo para degustar mi burrito. A ambos lados nos acompañan otras dos mesas con turistas. En una, dos hombres de unos cuarenta años, quizás ingleses; y en la otra una mujer oriental frente a un joven rubio casi colorado, tal vez holandés o belga según mis suposiciones.

—Estos se conocieron en Tinder— le digo por lo bajo a Flor.

—Cómo sabés.

—Porque mirá, no se hablan. Comen educadamente y poco. No vuela una mosca en su mesa— digo seguro de que mis observaciones.

—Disculpen, buenas noches. ¿Quisiera comprarme unos pañuelos descartables? Tres paquetes por veinticinco o uno por diez. —La mujer nos interrumpe mostrando su mercadería. Sus ojos son como esferas de vidrios grandes y brillantes encastradas en un cráneo. Su debilidad es desconcertante y la voz es suave como una brisa. Lleva puesta una remera tres talles más grandes, una pollera y sandalias.

—Dame uno— le digo sacando diez pesos. A mi lado, los ingleses cuarentones me miran desorientados. Se dicen algo en su idioma y luego siguen tomando sus cervezas. Nuestra camarera cruza hacia otras de las mesas con una copa enorme, cargada con espuma y muchos sorbetes.

—Quiero una copa de esas— le digo a mi novia.

—Vamos a terminar mal, con esto estamos bien —me responde con el tono de una madre. Yo ahora estoy comiendo uno de los tacos cuyo relleno no logro descifrar. Tiene algo de salsa, cebolla y pollo, también guacamole y especias.

—Me encantan cómo se visten las mujeres para salir —me dice Flor observando a un grupo de chicas a punto de cruzar la calle.

—A que te referís.

—Al cuidado con que parece que eligen su ropa. Es lindo verlas porque brillan —responde siguiéndolas con la mirada. Yo las observo y acepto su perspectiva. A veces quisiera poder ser tan claro y franco con mis opiniones como ella—. En cambio, mirá ese tipo —dice señalando con la pera uno de los ingleses, quien lleva zapatillas blancas, medias negras por sobre el tobillo, bermudas y remera color rojo chillón.

—Hola, quieren una muestra gratis de Resaquin. —La mujer es alta y además lleva tacos y un vestido corto al cuerpo. Tiene el pelo atado hacia atrás, es de tez morena, sexy y agradable. En sus manos lleva bolsas de plástico con el logo de un laboratorio.

—Bueno —digo sorprendido porque me regalen algo. Nos deja las bolsas y se va. Flor toma un trago de nuestro Margarita.

—Esta bueno esto —dice saboreándose el labio con la lengua. En la mesa del belga y la oriental sigue reinando el silencio.

—¿Cómo puede ser que no hablen?

—Qué feo cuando pasa eso —dice Flor zampándose un pedazo de algo, no sé si es el taco chico o el grande.

—Hola. —La voz es suavemente musical. Es un nene que sobrepasa por una cabeza nuestra mesa—. Quiere comprar pañuelos descartables. Tres por treinta, uno por quince.

—No, gracias —le digo y se va a la otra mesa. Pero me arrepiento y lo vuelvo a llamar.

—Dame tres. —Saco la billetera mientras el rompe el paquete de diez y saca la cantidad que le pedí—. ¿Cómo te llamás?

—Román —dice con una dulzura hiriente. Lleva una remera grande, una malla por debajo de las rodillas y zapatillas bien atadas, dos tallas más grandes. El pelo corto y revuelto hace juego con sus ojos inquietos.

—Cuántos años tenes, Román.

—Nueve —responde ya desapareciendo entre el mar de mesas, con una bolsa más grande que su cuerpo colgando del hombro. La miro a Flor quien me devuelve la mirada sin hablar. Aparece la camarera.

—¿Les envuelvo para llevar? — nos dice mientras señala nuestros abundantes restos de comida. Pero no puedo responder. Flor tampoco: tiene agua en los ojos y parece ida.

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