Escritores de Letras & Poesía Petro LeJones (España) Reflexiones

Replanteando la lectura obligatoria

Soy profesor de lengua y tengo la absoluta y divina potestad de arruinarte la exquisita belleza de la lectura para siempre. Ese parece ser el mantra de muchos profesores. Esa es la frase que ha sentenciado, en buena medida, el futuro académico de muchos estudiantes

Y es que a más de un treinta por ciento de la población española no le gusta leer. Si nos vamos a la calle, encontramos como cada vez más jóvenes afirman con rotundidad que no les gusta leer y, paralelamente a ello, hay un porcentaje alarmante que solo lo hacen por obligación. Y quizás ahí esté la clave. Quizás el problema que oculta esta realidad es que el método que estamos usando no sea el adecuado; sobre todo si consideramos que pasan una media de tres horas delante de las pantallas de sus móviles. Tres horas en las que leen mayoritariamente publicaciones de Facebook o whatsapps.

Por lo tanto, no se puede decir que los jóvenes no lean. Es cierto que cada vez leen menos libros, pero leer es un acto tan natural que no puede eliminarse de nuestra esencia como ser humano. Quizás el formato sea el incorrecto, quizás el contenido instructivo brille por su ausencia en esos lares; pero lo que no se puede es afirmar de manera categórica es que la lectura haya desaparecido de sus vidas como por arte de magia. La realidad es otra y la competencia es dura.

Si tenemos en cuenta la amplia oferta de entretenimiento que tiene un joven promedio, no es de extrañar que algunos se decanten por otras opciones culturales más atractivas que la lectura.  Redes sociales, Netflix, videojuegos y un larguísimo etcétera intentan adaptar sus contenidos para atraer y capturar la tan codiciada atención de los jóvenes hacia sus plataformas. Constantemente. Y es ahí donde radica precisamente el problema. No se les está presentando la lectura como una forma de entretenimiento atractiva que se adapta a los tiempos que corren, y los profesores de lengua tienen mucho que ver.

A menudo vemos cómo la lectura obligatoria se utiliza como un complemento indispensable en una clase de lengua. Lecturas que, por un lado, no se adecuan a la edad del alumno y que, por el otro, no son elegidas por el alumno. Y es precisamente esto lo que se debería de cambiar. Ten por seguro que, si a un joven le pones a leer el quijote como lectura obligatoria, esa persona aborrecerá la lectura. Lo digo por experiencia propia.

Cuando era pequeño, no me gustaba leer. Lo veía como algo aburrido, como una obligación que debía de cumplir para aprobar. Me limitaba a leer lo que me mandaban, salvo cuando compraba y leía los cómics de Mortadelo y Filemón y los Simpsons. Si no llega a ser porque topé con varios libros que cambiaron mi visión sobre la lectura y el placer que obtenía con ella, nunca me habría convertido en el ávido lector que soy hoy. Y estoy seguro de que como mi testimonio hay muchos. Por suerte, yo pude topar con esos libros, pero creo que hay muchas otras personas que no han tenido mi misma fortuna, y que por eso consideran la lectura como un acto cuanto menos tedioso. Una desastrosa inercia que se ha repetido durante años.

Año tras año han cometido el mismo error. Un error que podría haberse subsanado si se hubiera contemplado la lectura como un elemento opcional, que debe ser motivado académicamente para que se adopte como algo interesante, atrayente, instructivo. Así, este nuevo sistema podría implementarse otorgando puntos extra a aquella persona que demuestre que ha leído algunos de los libros propuestos por el profesor. Pero no solo se podría enfocar la lectura hacia esa dirección “un tanto disruptiva para algunos”, sino que también se podría establecer ciñéndonos a los patrones de la lectura obligatoria, simplemente planteando este ejercicio de una manera mucho más flexible, mucho menos autoritaria, como veremos a continuación.

De esta manera, tras revisar cada cierto tiempo los libros más vendidos en las librerías digitales y seleccionar aquellos de distinta índole que poseen un potencial carácter instructivo para los jóvenes, el profesor en cuestión podría ofrecer una serie de libros que fueran en consonancia con la edad del alumnado para que los estudiantes eligieran el que más les atrajera. Y obviamente, y con riesgo de parecer naif, en todas estas hipotéticas situaciones, el profesor debería leer los libros antes de realizar su propuesta para evaluar con exactitud la comprensión lectora de los mismos. Hago hincapié precisamente en la lectura previa de ellos, porque algunos profesores parecen no tenerlo tan claro, porque algunos ni siquiera se dignan a leer los libros que guiarán el camino lector de las nuevas generaciones. Y eso no se puede consentir; eso debería ser pecado mortal en este tipo de instituciones. Jamás deberíamos tener profesores de lengua que rehúyan de la maravillosa experiencia que supone leer. Ni los estudiantes se merecen que este tipo de “profesionales” limiten sus posibilidades académicas o lectoras, ni los centros son dignos de que estas personas arruinen su reputación en el entorno educativo, ni el sistema educativo debe ver perjudicado su nivel de calidad por estos individuos. Pero lamentablemente todos lo hemos sufrido y las consecuencias son mayores de las que creemos; especialmente si nos centramos en el primer grupo de afectados: los estudiantes.

Es evidente que, sin una buena comprensión lectora, los niños no saben estudiar correctamente, no analizan apropiadamente lo que pasa a su alrededor y, por tanto, son más manipulables. Y todo ello nos conduce a que se están creando ciudadanos de segunda sin capacidad crítica ni de análisis. Y todo ello deriva en el fracaso absoluto de las presentes y futuras generaciones por no saber leer correctamente. Definitivamente es necesario un cambio cuanto antes. Así que, por favor, profesores, sean serios y preocúpense por tratar a las letras como deberían ser tratadas. En sus manos está cambiar esta cruda realidad que vivimos.

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4 comentarios

  1. Entiendo su manera de pensar sobre la lectura. La información que ofrece este Post es bastante reflexivo, y mucha más (cómo joven) el hecho que la sociedad juvenil de entre 12 a 20 años, han adquirido muchas influencias adictivas poco productivas, tales como jugar videojuegos casi todos los días o ver series de internet más horas de lo necesario. Y encima, tras todos esos hábitos ya adquiridos, ya sienten que lo tienen todo a su alrededor, sin tratar de hacer otras actividades que valgan la pena, cómo lo es la lectura correcta ☹️
    Saludos desde Ecuador, excelente Post de conciencia para nosotros los jóvenes y los profesores mediocres que no saben aprovechar el método de aprendizaje para firmar mejores estudiantes ✌️🙌😃

    Le gusta a 1 persona

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