Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Javier S. Bernal (España)

Aprendizaje

“Para salir, descifra el mensaje”.

No puedo precisar cuánto tiempo había tardado en dar con la solución. No tanto porque la clave del cifrado resultara excesivamente compleja –descubrí el patrón cuando habían transcurrido apenas unos minutos– sino, más bien, por la dificultad añadida que suponía tener que memorizar cada carácter ante la imposibilidad de anotarlos. La sensación de angustia que me había asolado cuando apareció el mensaje fue decayendo conforme resolvía el enigma; así, el ambiente sofocante y la deshidratación dieron paso a una temperatura más estable y agradable dentro de aquel habitáculo.

Hice acopio de todas las fuerzas de las que fui capaz y grité:

–¡Para salir, descifra el mensaje!

No pasó nada. Volví a recitar la frase, tratando de imprimir más intensidad a mi voz, pero el silencio seguía siendo la única respuesta. Diez, veinte, treinta segundos… Súbitamente, el foco led del techo recuperó su luminosidad y un holograma representando un teclado de ordenador se hizo visible en la pared donde antes había aparecido el mensaje. La voz metálica tomó de nuevo la palabra:

¡Excelente, Doctor! Pero, para dar por completada esta primera fase, debe introducir su respuesta en el teclado…

–¿Cómo se supone que voy a escribir si estoy maniatado? –repliqué, visiblemente irritado. Mi excéntrico interlocutor no se pronunció.

Cansado, miré hacia el teclado y me concentré en la barra espaciadora. Al fijar la vista, la tecla se iluminó. ¡Eureka! Sin querer, había descubierto la manera de terminar con aquel sinsentido. Letra a letra, despacio, fui desgranando el misterio. Debía reconocer que, a pesar del evidente enojo que me provocaba aquella situación, mi captor o captora era un ser ingenioso y no falto de una inteligencia singular.

Tras terminar y pulsar “intro”, un mensaje de felicitación apareció en la improvisada pantalla. Satisfecho de mí mismo, me relajé, seguro de que aquella pesadilla acabaría pronto. Pero volví a la realidad cuando la voz artificial se hizo presente de nuevo:

–¿Preparado, Doctor? Veamos qué tal se desenvuelve con la segunda prueba…

Una acuciante desolación me invadió. Aquella locura no había hecho más que empezar. Respiré hondo, me resigné cuando el zulo en el que me hallaba confinado volvía a quedarse a oscuras y aguardé, estoico, a que se revelara mi siguiente prueba.

Justo en ese instante se cruzó un mal presentimiento que me descompuso el ánimo: nada bueno le estaba ocurriendo a mi amiga Natalia…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: