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La casa (colaboración)

Mi primer regalo de navidad fue una casa; ha sido mi regalo favorito, aún la conservo y la llevo conmigo a todos lados.

Llevo casi tres décadas correteando al solsticio

apurando la primavera

sobornando al reloj

justificando mi afán

fantaseando con fechas que no llegan

creyéndome dueña del tiempo

convencida de que son un hecho

confiada de seguir sumando lunas

y millas de amor que no voy a redimir

y recuerdos que no quiero olvidar

coleccionando fotos que no voy a publicar

recorriendo caminos que no sé a donde me llevarán

 esperando cosas que no sé si sucederán

contando cuánto le sobra al calendario

y cuánto le faltan a los días para mi vuelta al sol

Son las 7 a.m., llegan mensajes por doquier, las redes sociales suelen venir cargadas con deseos de dicha y prosperidad, mi teléfono no ha parado de sonar, las notificaciones saltan como sincronizadas notas de un alegre villancico, alternándose de Facebook a Instagram, de Twitter a WhatsApp; la música suena temprano, la cocina envuelta en apetitosos aromas, la ropa y los regalos por comprar, son los afanes del día.

Corro invadida por la prisa de lo efímero, hoy debo aparentar ser perfecta y feliz, como todos, después de todo, ¡quién no es feliz en época de fiestas!, pero, ¿y la casa?

En unas horas estaré reunida con otros como yo, vestidos de fiesta y de risas, tal vez a eso se refieren con eso de “la magia de la navidad”, al truco que me aprendí para hacerles creer que soy capaz de desaparecer, por algo menos de un mes, los problemas y las tristezas.

Son las 10 a.m. y ya me abastecí de suficientes memes navideños para también vestir de fiesta mi apatía ante estas fechas, y por cierto, Dios bendiga a quien se inventó los memes, pues me ahorran el esfuerzo de elaborar un honesto saludo y unos sinceros deseos, por qué esforzarme si ya alguien lo hizo por mí; para que no se me note la falta de ganas de escribir, solo necesito elegir una imagen  bonita y tener sumo cuidado de no repetir destinatario.

Reviso rápidamente el itinerario, mensajes enviados con los mejores deseos que alguien más escribió, todo listo, limpio y en su sitio, pero, ¿y la casa?

Los propósitos de hace un año se amontonan de nuevo en la detallada lista elaborada para este y que, sin duda, también olvidaré hasta dentro de doce meses cuando deba hacerla de nuevo, no importa, la lista es parte de este ritual de la felicidad y yo ya la hice; volviéndola a leer me cuestiono si debo dejar de escribirla o más bien debo cambiar de propósitos y no me explico por qué sigo proponiéndome lo mismo o es tal vez que, inconsciente, insisto en los renglones de un cuento que no es el mío, o debe ser porque la casa sigue vacía.

Una lágrima moja el silencio

tiñe de nostalgia mi ilusión

simpleza que estresa

rima que me lastima

silencio necio

amor, ¿a qué precio?

Llegar para quedarse

y nunca deshacer las maletas

bolsillos llenos de promesas

que no pudieron lograrse

películas

lugares

canciones

poesías

y un conjunto de cosas que nunca diría

Tu, casualidad que sabe a ambrosía

labios que besan y jamás mentirían

yo quería, una flor, amar y ya

pusiste a mis pies la primavera

me quedé con rosales y allamandas

flores amarillas de la buena suerte

que me abrazan y me adornan el alma

hasta el día que vuelva a verte.

Mi primer regalo de navidad fue una casa donde guardé por muchos años mi cuento, el cuento que iba a usar cuando creciera, era un cuento corto del príncipe y la princesa que pronto llegaba al felices por siempre y así fue como poco a poco, cada vez más consciente de lo irreal y lo real , fui modificando el texto, adaptando guiones ajenos, incluso saliéndome de la historia para que alguien más la habitara, derrumbé habitaciones, clausuré ventanas, arranqué todas las páginas, me encerré dentro y ni mi presencia llenaba la casa, ya no había nada, ya no había cuento.

Hay algo de usted en este atardecer,

pareciera que el sol al despedirse

insinuase el reflejo

de su ausencia en la ventana.

Cuántas veces, la vida que quería,

se sentó a esperarme

tras el empañado cristal.

¡Ah la ventana!

Si me trajese de vuelta su imagen,

cualquier tarde a las seis,

se borraría esta tristeza

de todas mis puestas de sol.

Hoy es navidad y las casas se visten de felicidad. Mirando detenidamente la lista escrita noto que no es tan mía, esta está repleta de cuanto mi madre siempre deseó comprar, del empleo que soñó mi padre para mí, del cuerpo que mi nueva pareja piensa debo tener, del libro que mi vecina me recomendó leer, del viaje que mi amiga quiere que hagamos, de los ahorros que mi primo recomienda guardar y en esa gran lista de  propósitos no me reconozco; mi verdadero cuento no hablaba de memes, hablaba de llenarte de versos el corazón, no hablaba de sonrisas diplomáticas, hablaba de reír hasta que el estómago doliera, en mi cuento no había tacones de moda, había pies descalzos correteando cosquillas, cabellos despeinados por la brisa y los abrazos, besos apasionados, mariposas en el estómago y café por las mañanas; en mi cuento no había lámparas modernas, había cielos estrellados y las estrellas me pertenecían, mi cuento carecía de manjares en la mesa, pero estaba lleno de prisa por volver y sentarnos juntos a comer; en mi cuento no había defectos, había cosas que aprender juntos; en mi cuento, aunque no fuimos príncipe ni princesa, estábamos tú y yo con las risas, las estrellas, las mariposas, los defectos y el café.

Batallo a muerte contra mis demonios

paulatinamente el dolor se ha tornado en poesía,

versos, como saetas, lastiman, afilados, a mi debilitado espíritu

que se niega a clamar piedad;

¡No, no me rindo!

He sido testigo mudo de mi propia muerte,

me ha condenado tu boca

al hades de la soledad.

traigo atadas a mi espalda

las pesadas cadenas de tu ausencia,

y solo me alcanza el coraje para rezar

-como si hubiera redención en el infierno-,

por el espejismo de tu regreso

o el pronto milagro del olvido.

Son ya casi las doce de la noche y siguen sonando sincronizadas, como notas de alegres villancicos, las notificaciones del celular y aunque los deseos que me dedican la infinidad de memes recibidos, me garantizan una vida llena de felicidad, aunque la mesa esté servida, la chimenea encendida, los amigos reunidos y aunque yo intente sonreír, la casa se nota triste, la casa sigue vacía.

Mi primer regalo de navidad fue una casa, una casa donde guardar mi alma y desde donde hoy escribo estas letras, ha sido mi regalo favorito, aún la conservo y la llevo conmigo a todos lados; y aunque todo se vista de fiesta, a esa, mi casa, desde tu ausencia, la navidad se ha negado a volver.

7 comentarios

  1. Brillante y hermoso a la vez!! Excelente entrada!! No se quien ha tenido mayor sensibilidad para describir que ha vivido como ser y no como alma. Hay una gran diferencia entre ambos. Es lo mismo que la mente, que no es el cerebro ya que este es un órgano como otros tantos de nuestro cuerpo. Lo que deseamos como vida, es lo que nos proponemos nosotros mismos a través de la mente y el alma, que están al alcance de nuestras manos, pero pocos las advierten. Es mas fácil; compadecerse de lo impuesto que tomar la vida como propia. Un cálido saludo.

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