Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Nataly Calderón (Venezuela)

En un pestañeo

—Ian, quédate aquí por favor, no te muevas cariño, no hagas un solo ruido, te prometo que pronto vendré por ti —le expliqué encerrándolo en el armario.

—Sí, mami —respondió. Cerré la puerta con seguro, no sin antes darle un pequeño beso en la frente. Tomé una bocanada de aire buscando todo el valor posible. Me llevé el arma al pecho y rogué al cielo poder salir de aquella horrible situación.

La casa estaba oscura pero era mejor así, tal vez de esa forma el depredador no me vería venir. Caminé lentamente a través de los pasillos intentando encontrar una señal. Estaba tan asustada. Mi corazón martillaba con fuerza contra mis costillas. Lágrimas caían de mis ojos, la imagen de mi esposo destrozado en nuestra sala se había grabado para siempre en mi memoria.

Busqué por todas partes y no lo encontraba. Aquel monstruo que se había colado en nuestro hogar y me arrebató a mi compañero en el proceso, se desvaneció sin dejar rastro. De pronto no sentí más que una intensa ira llenándome como líquido espeso, ahogándome.

Rápidamente regrese junto a mi hijo, era lo único que me quedaba, debía protegerlo, mi pedacito de cielo. Lanzando mi arma a la cama corrí a quitarle el seguro al armario. Lo que vi cuando abrí las puertas me paralizó. El depredador se encontraba junto a mi hijo. Sus dientes descansaban sobre su dulce rostro, quien me observaba con tanto miedo que me dieron ganas de vomitar. No sabía qué hacer, mi cuerpo temblaba y mi cabeza palpitaba fuertemente. Separé mis labios para decir algo pero no conseguí pronunciar ninguna palabra. Entonces aquellos filosos dientes comenzaron a moverse sobre su suave piel.

—¡No! —grité —Por favor —rogué y mi voz se quebró. Él no se detuvo. De un solo bocado engulló a mi hijo causándome el dolor más intenso que había sentido. Me llevé la mano al pecho intentando encontrar mi roto corazón, en lugar de eso solo hallé un terrible vacío. Me dejé caer al suelo, esperaba que el monstruo viniera también por mí, así no tendría que sentir tanto dolor.

De pronto sentí que alguien me zarandeaba. Abriendo los ojos reaccioné mirando en todas la direcciones. Parpadeé un par de veces, entonces regresé a la realidad. El alivio llegó a mí al recordar que mi esposo y mi hijo me esperaban en el parque fuera de aquella aburrida reunión escolar. Con una sonrisa me disculpé con la madre que se encontraba a mi lado, agradeciéndole al cielo porque todo había ocurrido solo en mi imaginación.

Un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: