Entrevista a Carolina Palacio Ramírez

Carolina Palacio Ramírez es una apasionada de las letras. A los 12 años publicó su primera novela, titulada Evangelín y yo, y a los 14 años publicó la segunda, La cascada dorada y los muros de cristal. Desde el 2016 hasta el 2021, Carolina estudió cine y comunicación digital en la Universidad Autónoma de Occidente y paralelamente, de 2018 a 2020, se desempeñó como tutora de lectura y escritura. Fue la campeona de la tercera temporada de Letras & Poesía Slam. Es miembro de Letras & Poesía desde septiembre de 2021. Además ha participado en las antologías Mientras me habito y Lo mejor de 2022.

En esta conversación, Carolina nos cuenta sobre sus libros, los temas sobre los que le gusta escribir, su lugar favorito y más:

¿Cómo ha sido tu relación con la escritura?

Es un proceso de idas y venidas. Comencé desde que era muy niña. Incluso antes de saber escribir le dictaba una que otra desfachatez a mamá y ella me ayudaba a redactarlos. A los 10 años me regalaron una planta y algo brotó dentro de mí, lo supe de inmediato. Tenía que contar su historia. De repente una página se volvió diez y comencé a desarrollar toda una trama relacionada con las aventuras que mi planta y yo vivíamos en el mundo mágico. De este proceso surgió mi primer libro, titulado Evangelín y yo. Luego, todo se haría mucho más denso y tardaría tres años en dar con una nueva historia, que llevaría por título La cascada dorada y los muros de cristal. Con ambos ejemplares mis padres y yo fuimos a la Feria Internacional del Libro de Bogotá de 2015, dimos notas para periódicos y medios, asistimos a colegios, hicimos talleres y encuentros… En palabras sencillas, viví la aventura de mi vida a los quince años. 

Al iniciar la universidad me distancié un poco de las letras, pero cuando llegó la pandemia tuve oportunidad de reconectar con mis emociones y sentimientos a través de la poesía. Eso me trajo hasta el colectivo. Paulatinamente me reconcilié con la escritura… y ahora estoy aquí, entre cuentos y poemas, intentando encontrar una nueva historia que le haga justicia a lo que escribí cuando era niña. Veremos qué surge. 

¿Disfrutas más la lectura en papel que en pantallas o te da igual?

Creo que la experiencia en papel es incomparable. No hay nada más precioso que pasar las páginas. En cierto modo, es un ritual demasiado íntimo que no me gusta reemplazar con la crudeza de la pantalla. Por supuesto, a falta de otra cosa, sí recurro a la lectura de PDFs o textos digitalizados, pero no creo que exista algo más puro que tener un libro entre las manos y hacerse uno con él.  

Una canción

Infra 5 de Max Richter. Creo que es posible experimentarlo todo con esa canción (aunque solo se trate de mi inexperta opinión). Imáginalo así: estás por atravesar las fauces de una tormenta en medio del inmenso océano Pacífico. En medio del caos, la marea comienza a subir, las olas rugen, el cielo se cae, no ves un solo relieve, no hay horizonte, no hay claridad, no hay nada. De repente, escuchas el crujido. La embarcación comienza a resquebrajarse en mil pedazos, quedas a la deriva y el agua te traga y escupe, sin detener sus convulsiones rabiosas. Justo cuando crees que es tu último respiro, parpadeas y todo ha pasado o, tal vez, jamás sucedió. Flotas sobre un mar que nunca podría conducirte a sus profundidades, todo está en calma… y el caos se encuentra a 5:16 minutos de distancia. 

Un lugar

La montaña. Creo que hay algo precioso en el hecho de que tienes que subir carreteras, vías o senderos para llegar a la cima de un lugar y que eso, a su vez, implica un perpetuo mirar hacia arriba que también va conduciendo al cuerpo y al alma hacia arriba. Es una analogía de la vida, si me permito el desquicio: así como subes y miras hacia arriba, una vez en la cima puedes contemplar el camino recorrido y, eventualmente, enfrentarte a la posibilidad de volver a bajar. 

¿En qué te inspiras para escribir?

Tanto en lo que me fascina como lo que odio del mundo (o, mejor dicho, lo que odio de la humanidad). Más que un elemento de catarsis, escribir se trata de tener un instrumento sumamente poderoso que puede transformar la forma cómo alguien concibe la realidad y tener eso en mente ya me parece una tremenda inspiración. Alguna vez mi mamá me dijo que el papel podía con todo y siempre le creí. En esta misma línea, creer es un motivo sustancial para hacer cosas, escribir historias o cambiar vidas. E incluso cuando esto suena a completa utopía, es inspirador poder creer en las palabras de otros y en las propias. 

¿A qué te dedicas actualmente?

Aunque tengo formación en cine y comunicación digital, en la actualidad soy asistente de investigación de la Universidad Icesi y estoy estudiando allí mismo una maestría en Estudios Sociales y Políticos en modalidad de investigación. 

¿Sobre cuáles temáticas prefieres escribir?

Temo que escribo más de amor y desamor de lo que me gustaría admitir. Es una vocecita involuntaria al interior de mi cabeza que simplemente se aviva cuando estoy frente al papel. 

Pero también me gusta que la literatura comunique problemas y aluda temas que me incomodan o que quisiera que fuesen diferentes respecto a los seres humanos y sus creencias, tendencias y vacíos. La vida, la muerte, el miedo, la sombra, la oscuridad, la luz son algunos de los temas que componen mis escritos. 

¿Tienes algún libro publicado? ¿Dónde lo podemos conseguir?

Sí, como les comentaba con anterioridad, tengo dos novelas de ficción. La primera de ellas se titula Evangelín y yo, y la segunda La Cascada Dorada y los Muros de Cristal. Yo soy quien cuenta con los ejemplares, por lo que si están interesados en alguno me pueden contactar por medio de mis redes sociales para ponernos de acuerdo. 

¿Qué define a un buen escritor? 

Su capacidad de reconocer que, incluso cuando todo ya está escrito, son sus palabras las que pueden cambiar algo en el curso de una vida. Tal vez la propia, tal vez la de otros. Escribir de por sí es un acto de valientes, así que cualquiera que lo intente con la genuina intención de causar un revolcón, aunque sea ligero, en la historia, para mí ya es un buen escritor. 

Por supuesto, bueno en términos de que busca crecer y hacer algo a través de su obra. Los críticos literarios seguro se irían por otro camino al dar respuesta a esta pregunta… y probablemente tengan mejor juicio que yo para dar una definición más precisa.

¿En qué te basas para crear los títulos de tus escritos?

No sigo un patrón. Cuando se trata de titular un poema individual, en ocasiones me encuentro con el título a medida que voy construyendo el escrito o una vez este está terminado. Otras veces, en cambio, busco la palabra o frase más errática que se me ocurra y sobre eso comienzo a escribir. 

Para mis novelas tiendo a titular con demasiada longitud. Repito, no hay un patrón, todo depende de la irreverencia que se me ocurra. 

¿Cuál es tu mayor desafío al escribir?

Creer que lo que escribo vale la pena lo suficiente como para terminarlo. Es un demonio con el que me disputo mi propio valor muy a menudo. Por suerte, en medio de la riña siempre encuentro momentos fugaces en los que me atrevo a sacar a la luz lo que logro concluir. 

¿Cómo manejas el bloqueo al escribir?

Prestando atención a lo que me rodea. De allí puede surgir cualquier pulsión que me reconcilie con las letras. Por supuesto, después de pasar un tiempo muy prolongado sin escribir, mi primer acercamiento seguro es la poesía. Cuando menos lo espero, un verso antecede a otro y he construido algo medianamente decente que luego releo, reconstruyo y refino. 

¿Cuál de tus escritos te gusta más?

Fuera de Reikiavik, porque es una incoherencia total. Y aún así, creo que nunca he escrito algo más sensato. Lo leo cada vez que me siento insegura del papel que cumplo en el mundo de las letras, que a veces es demasiado despiadado con los escritores independientes. Y en cada verso me topo con nuevos matices, posibilidades, finales y una visión mucho más nítida de mí misma.   

¿Qué consejo le darías a otros escritores independientes?

No sé si estoy en una posición pertinente para dar consejos, pero creo sensato dejar que otros te lean, destruyan tu texto, te digan lo que funciona y lo que no. El ego no conduce a ningún sitio, y hay buenos lectores de prueba que te pueden brindar mucha lucidez con sus apreciaciones. Esto también ayuda a crear comunidad y a que todos nos leamos para retroalimentarnos de una forma mucho más pertinente. 

¿Cómo describirías tu experiencia en Letras & Poesía?

Siempre he sentido mucha gratitud con el proyecto, me ha abierto las puertas en todos los sentidos y estoy en deuda con el equipo operativo por todos los aportes que hacen para que siga creciendo y, consecuentemente, nos siga impulsado a todos. Además, los espacios, plataformas y la comunidad que hemos forjado en conjunto son de las cosas más gratas y enriquecedoras que una como escritora independiente podría desear: estás en contacto con el trabajo de otros, te das a conocer y disfrutas del proceso.

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