Otras voces

Me dijo que me parecía a uno de sus cantantes favoritos, que le recordaba a él. Una sensación rara me invadió a raíz de ese comentario, y pensé que era un comentario extraño para la primera noche que pasas con alguien. Pero no le di mucha más importancia. Estaba siendo una gran velada. Mi faltaSigue leyendo «Otras voces»

El sello de la tierra

Me desperté en una cueva oscura. Estaba ligeramente mareado y el espacio a mi alrededor se balanceaba un poco, aunque apenas distinguía unas pocas siluetas en la oscuridad. Notaba corrientes de aire que me arañaban la piel y me hacían tiritar de frío, pero no conseguía descubrir de dónde provenían. No recuerdo por qué, peroSigue leyendo «El sello de la tierra»

Compañía silenciosa

La playa estaba tan solo iluminada por el cuadro de estrellas pintado en el cielo. La luna aquella noche mostraba su faceta más tímida, de manera que no se la veía en ningún rincón del oscuro cielo. No podía dormir, así que había salido a dar un paseo. Decidió sentarse encima de una gran roca,Sigue leyendo «Compañía silenciosa»

¿Somos?

Para Aleix Siento que nosotros somoscomo el azul cielo y el mar,lejos, queriéndose juntar,atrapados bajo el cosmos. Siento que nosotros somosluna y sol en el alejar,persiguiéndose sin hallarsu firmamento de locos. ¿Somos tú y yo un solo fuego?,buscando el otro corazón,separados por el miedo. El temor de un caos ciego,de la explosión de nuestra unión,deSigue leyendo «¿Somos?»

Eterno combate

Me sumergí en la bañera y el mundo de los sonidos se transformó por completo. De súbito me llegaron conversaciones amortiguadas de los vecinos, pude escuchar a mi hermano preparando la cena, a mi perro roncar débilmente. Con los ojos cerrados, ciego al mundo, parecía casi como si me hubiera trasladado al limbo, a unSigue leyendo «Eterno combate»

Sigue la melodía

Me gustaba estar solo, pero solo a veces. Me gustaba estar solo cuando me tocaba estar solo. Como ahora. En los intermedios. Leyendo, absorto en una historia y ajeno a mi exterior, tan solo acompañado por un traqueteo del tren que se volvía imperceptible a mis oídos si no le prestaba atención, de la mismaSigue leyendo «Sigue la melodía»

Sueño de unas noches de marzo

Una vez más, te asaltó el pensamiento de que, cuando todo esto acabara, te dolería. Te dolería recordarlo y no tener la oportunidad de volver a este mismo instante, te dolería tanto que te marearías repentinamente notando la soga del nudo en tu garganta asfixiando tus palabras. Sabías que pensar en el fin no teSigue leyendo «Sueño de unas noches de marzo»

El baile de la vida

El patio estaba decorado de una manera espectacular. Alguien había traído una escalera y había colgado guirnaldas de diversos colores, conectándolas entre los dos tejados; habían colocado las mesas que tenían guardadas en el almacén para los momentos especiales a lo largo de todo el espacio, con manteles que alguien les había de haber prestado,Sigue leyendo «El baile de la vida»

Mundos

Apretó el botón de desconectar y la pantalla se tornó negra. Se recostó en la silla y dejó escapar un largo suspiro. Separó las manos del teclado y del ratón y, después de colocarse bien las gafas, que estaban a punto de resbalársele de la nariz, dejó caer sus brazos a sus costados. Fuera, eraSigue leyendo «Mundos»

Oda al cuerpo

¿Alguna vez te has mirado en el espejo y has pensado que es curioso poseer el cuerpo que tienes? Qué pasaría si hubieses sido un poco más bajito, quizá más alto, haber tenido los ojos de otro color, la nariz más grande, la frente menos ancha… Solemos apreciar la mente por encima de nuestro cuerpo.Sigue leyendo «Oda al cuerpo»

Aferrado a lo imposible

Me levanté sobresaltado, con el corazón latiéndome desbocado y un sudor frío empapándome la frente. Miré a mi alrededor, desconcertado. Por un momento no reconocí aquella habitación desordenada, llena de ropa tirada, platos sucios y polvo acumulándose en la mayoría de los muebles. Pero no tardé mucho en saber dónde me encontraba. Era mi dormitorio.Sigue leyendo «Aferrado a lo imposible»

Escúchame

Llovía. Era una lluvia amable, tranquila, que acariciaba los rincones de piel descubierta entre las piezas de ropa. Empapaba gentilmente, sin pesar. Su acompasada melodía repicada contra los adoquines relajaba a las mentes atribuladas. No existía razón en el mundo que pudiera haberle impedido salir a la calle en una noche como aquella. Bueno. QuizáSigue leyendo «Escúchame»