La cuarta edad

Aprenderemos a bailar. A ahogarnos cuando la risa del otro nos colme el diafragma, A huir hacia la cama, a leernos las intenciones y pisarnos los talones para otra tanda de pupilas desorbitadas. Quemaremos al sol entre miradas y bailaremos, te juro que bailaremos, hasta que a la tercera edad le sobrevenga la cuarta y…

Eterna

Que sí, que a ti también te han cosido las heridas y renacido de la piel nuevas costuras, que para mí tus remordimientos del pasado son humo barato, que quien no quiere, no debe hacerme caso, que las heridas desprovistas de amarga dulzura, no son caídas. Que recuerdo tu labios a media noche, a media…

Por ti mis palabras se tildan solas

Es que no lo entiendes, cuando te digo que por ti mis palabras se tildan solas y que las letras se reinventan es porque no existe algoritmo capaz de describirte. Ya no se trata de una cuestión poética, hablemos claro: soy pésima andando sobre ruedas, incluso tropiezo a veces con mis propios pasos, y sin…

Lo siento

Lo siento, y ojalá no me lo perdones, porque me encanta sentirlo.   Lo siento, y ojalá no me lo perdones, porque me encanta sentirlo. Lo siento, aquí, escucha cómo late, ¿oyes tu nombre? Así, bajito, al oído, contra la piel y el corazón, yo cada noche cuando te abrazo el recuerdo entre sábanas y…

Contigo hubiera bailado el fuego

He salido descalza a la calle, la realidad me ha cortado los pies y un escalofrío se ha adueñado de tu ausencia.   He mirado mis manos, vacías de las tuyas y he esnifado el aire recordando el olor a piel desnuda, a saliva derramada, a risas contra los dientes.   Tu voz susurraba te…

Mamá decía

Mamá decía: primero tú, segundo tú. Tercero tú. He vivido diciéndomelo ante tus ojos: primero tú, segundo tú. Tercero tú.     No había cuartos, me bastaba con cualquier hotel y se me olvidó contar. El quinto era tu piso, el sexto grito que echamos sobre el colchón, al séptimo tú te olvidaste de mis…

No seré yo

Fuimos la escarcha tras el hielo, los gruñidos en la puesta de sol, fuimos todas las canciones en el coche, esperando en una parada de Stop. Todas las miradas furtivas, todos los malos consejos, las voces sin oír a las espaldas, tu madre y la mía, fuimos los recuerdos en la hierba, las pisadas de…

Demonio

Tengo una voz silente que me susurra en la espalda, el canto de un gorrión batiendo las alas. Tengo la música encerrando los oídos, las vísceras llenando cada superficie. Tengo la sangre en la cabeza, un demonio que me grita, que quiere, que no sabe, que solo llora. Se tira del pelo, se calma, se…

El último pétalo

Yo solo quería un puñado de buenos días y me regalaste un ramo de lirios. En cada pétalo un adiós. Un adiós a las decepciones. Un adiós a la espera: al fruto de mi vientre, amor. Me miraste con tus pupilas somnolientas prometiéndome las estrellas,                    …

Esta hija adoptiva

Llevo días durmiendo con ella y me cuesta creer que siendo tan distante se acomode entre mi pelo y las costillas, se hace un ovillo en mis piernas, y tiende sus brazos por toda la habitación. Se hace grande cuanto más pequeña la siento y es entonces cuando me doy cuenta de que se trataba…

Malasaña

Eres barrio callejero, gato de cuatro aristas, tus adoquines guardan el paso de las botas ceñidas, hueles a pólvora ahogada, al trueno de fusiles y tijeras ensangrentadas, a noche rota en silencioso alarido, a lejía a las ocho de la mañana. La rebelión en la mirada escondes, el humo de todos los pitillos, ley 42/2010,…

Los llamados sombras

La muchedumbre concurre en torno al puerto, allí donde comerciantes y ladrones aprovechan el tumulto para sus labores. Las mujeres pobres con sus hijos de la mano tropiezan con los hijos de las demás y buscan a través de las cabezas un poco de visión del mar. A lo lejos y cada vez más cerca,…

Ella

Veréis, os voy a contar un secreto: Ella es la línea divisoria del mar y el cielo, y esos barcos que flotan entre las nubes sus lunares. Esconde en los incisivos cuatro buenas razones para no soltarme y otras cuatro para que yo no quiera que lo haga. Ella decía rima y yo le regalaba…

Tu último adiós

Reconoces la sensación amarga del dulzor espeso, del veneno compartido de unos labios quemados contra el fuego de un pasado sin sentido. Reconoces la tiniebla que abre ventanas que esparce siluetas de vendaval en la playa. Reconoces el lamento de un niño en su mirada. Y es que he visto a hombres llorar con los…

Te deseo lo mejor

He escrito en vagones de metro dormidos, señalando, apuntando, apuntalando mil direcciones hacia una huida que desconozco. He sobrevivido al plástico de tus besos, a las miradas de reproche, a los silencios con puñal, y sigo en pie, desangrando mis heridas para vaciarme de una realidad que me tenía cautiva. He sido objeto, de vendedor…

Cielo de Málaga

Ahora vienes a mí. Con tu espalda guerrera sobre mis hombros, con tu mirada parda, llena de pretensiones del pasado ahora colmadas de ansiada locura y yo, que te miro y desfallezco, se me turban en la mirada las trescientas personas de nuestro alrededor. Dejo de latir, dejo de sentir si no es tu olor…

La bibliotecaria IV

—Sácame de aquí —murmuraron tus labios. —No pienso hacer tal cosa —susurré. Apartaste la vista de mi presencia, anclándola en el techo—. Dijiste que te importaba… —Y es cierto. —Mentira… —volviste a mirarme—. Eres un mentiroso… pero te creí —sonreíste de una manera trágica, dejando que unas pocas lágrimas bañaran tus labios. —Creo que es…

La bibliotecaria III

Recuerdo que me lancé al suelo para sostener tu cuerpo. A duras penas logré reanimarte. Tú solo gemías impronunciables palabras, muchas de ellas creo que rezaban “suéltame”. Pero era imposible; una vez que te había tocado ya nada me separaría de ti. Te levanté sobre mis brazos y deposité tu peso sobre la mesa de…

La bibliotecaria II

De ser posible hubiera hecho un surco en el suelo de tantas vueltas que di esperándote al día siguiente; no apareciste, y empecé a temer que mi presencia te incomodaba. Hubieron de pasar tres días más cuando al cuarto cumpliste tu palabra. Recuerdo que me dormí de mala de manera sobre la mesa de estudio….

La bibliotecaria I

Podrían pasar cien años, que nunca olvidaría el cálido color de su piel, la perfecta curvatura de su mandíbula, los labios dulces y rosas que encerraban su tierna sonrisa. Podrían pasar cien años, que nunca olvidaría el día en que la conoció. El día en que dos desconocidos estudiaban bajo la galería de la universidad….