Oh, tierna niña.

Escribo caballerosas sinfonías en tus muslos mujer. Muslos de loca, robles con trazos de nubes, tan suaves, advenedizos, codiciosos; largos trazos de Dalí, sobre las tiernas planicies de tu cintura. Tu cadera aguarda como valle anhelado, aguantando el calor de la gran cordillera de tus nalgas. Oh, cómo quiero tierna niña, perderme en la inmensidad…