Secreto

Una mañana lluviosa no pude salir a descanso. La plana que la profesora había determinado en la pizarra estaba mal hecha en mi cuaderno de tareas.  (Nadie puede imaginar la frustración que se siente ser privado de jugar durante la única media hora en la que no hay reglas). Así que tuve que volver, cerrar…

Instrucciones para un extraterrestre

No sé cómo será en Marte, mi querido amigo marciano, pero aquí nos multiplicamos como conejos —seres vivos pequeños que al parecer tienden a sufrir unas ganas irreprimibles de frotarse unos con otros con el propósito de multiplicarse—. Ya no cabemos en el espacio que tenemos.

Incluso

Para ser el amo del planeta entero me cambié de nombre, me cambié de cuerpo, y hasta de cerebro. También cambié de casa, de estilo de vida e incluso mis convicciones, mis principios. Y como en verdad quería lograrlo, tuve que descubrir hasta donde habría de llegar con tal de conseguirlo. ¿Saben qué sucedió finalmente?…

3 a.m.

Son más de las tres de la mañana y la noche no me cuenta más, después de una década de letras y otra más de café la he escuchado hablar. Conozco cuán negra puede llegar a ser cuando la luna la abandona, la he sentido tan distante cuando se ha extraviado entre luces de neón…

De paso.

Sigues siendo la luz al final de todos mis túneles. La certeza de que lo mejor siempre está por venir. Y la vida pasa, y pasamos todos, en este trajín de idas y venidas y de palabras tan vacías como el cielo. Y en cambio tú, que te vistes de melancolía por fuera, que tanto…

Cercanía riesgosa

Un verano, apenas terminado quinto de escuela, Gonza fue con los padres a pasar las vacaciones en un pequeño balneario del este. Disfrutaron de tres semanas muy tranquilas. Lamentando mucho, eso sí, no haberle podido dar hermanitos a su único hijo. Pero Gonza, siempre activo, hacía cosas, paseaba, recorría, miraba, preguntaba. Sin pausa pero sin…

El poeta

El poeta, que entonces no era poeta, había soñado con la revolución muchas veces. Con banderas alzadas al cielo y gritos al aire. Soñaba con la batalla perdida, con esa que quita el poder a los necios y lo ofrece a los nobles de corazón. Esa que ya, en los tiempos que corren, ni osa…

La mesa de Conan

Todo comenzó cuando se apareció con unas maderas gigantes. “Lapacho, esto dura más de cien años” dijo mientras las descargaba de la camioneta. Siempre se las arregló para estar trabajando en algún proyecto creativo en el que mezclaba fierros, campo y fuerza, mucha fuerza. Tal vez por esto yo lo veo como una especie de Conan el…

Mis demonios

Sé que la iglesia, a través de la mano siniestra de la Santa Inquisición, desde tiempos inmemoriales, se ha encargado de extirpar todos los demonios que rondan en la tierra, pero siempre han buscado los demonios afuera, en las calles o en los laboratorios de alquimia donde se construye la piedra filosofal, y nunca dentro…

Verbívoro

El profesor Hruby era un hombre especial. Entre otras cosas sólo comía palabras. Contaba que las palabras esdrújulas, como mandrágora o hélice, eran sus preferidas. Sabían ácido, intenso. En cambio, las palabras agudas, como corazón, eran picantes. No siempre le sentaban bien. Si tenía un capricho tomaba aire o agua. Cuantas más vocales, más dulces sabían. Cierta…

Mar foráneo

Detrás de caminos de cemento y sonidos de ciudad se esconde la belleza del mar envuelta en el cielo y adornada con palmeras foráneas.   A lo lejos de un cataclismo social, las nubes dibujan olas blancas en el reflejo tornasol de aquel piélago, confusión disuelta en un paraíso.   Y en el fondo de…

¡Condéneme!

Sí, señor Juez, yo le maté, 10 puñaladas al menos le asesté… y me sentí muy bien. Ese malnacido tenía que aprender a dejar de joder. Si volviera a nacer lo haría otra vez, no lo dude usted señor Juez.   No hacía más que malmeter, sólo hería por placer; extorsiones sin cuartel, afrentas por…

Cara o cruz

Ya todo me daba igual. Desde el minuto uno en que te vi supe que ibas a ser las dos caras de la moneda. Me enamoré de tu cara, pero sabía que tu cruz terminaría destruyéndome. Por eso no sabía qué hacer y por eso era reacia a conocerte… porque sabía que conforme más te conociera,…

Epona

—Cuando me muera, quiero que tiréis mis cenizas en el monte Epona, al lado de la ermita. Allí quedará mi alma para siempre. ¿Vendrás a visitarme, verdad? —Claro que sí, abuelo. No sé cuántas veces le oí decir eso. A mi madre no le hacía ninguna gracia, decía que vaya perra tenía con ese sitio;…

Nuestros hijos

Para Karen   Habíamos salido de la casa, pasamos la calle aún solitaria a esas horas de la mañana en que el sol se cuela por entre las cortinas de los ventanales de los edificios, cruzamos las carpas de mercado a lado y lado de la acera, y antes de ingresar al restaurante para desayunar,…

A contratiempo

Una lluviosa mañana de septiembre Ernesto empieza a andar hacia atrás. Y en pocas semanas de práctica lo tiene dominado. Es cómico contemplar cómo ese tirillas adolescente, con su nariz picuda y el flequillo bailando, va de espaldas a todas partes. Cómico y admirable, pues se le da muy bien. Claro que, por precaución, mira algunas veces…

Secretos interiores

El oso abrió los ojos desmesuradamente y miró a la niña: no podía creer su secreto. La dejó hacerle aquello tan extraño. Cuando vio la primer borla de estopa, su rostro se desencajó. Luego le tocó el turno de susurrarle un secreto a ella: ahora la nena abrió sus ojos de asombro. Nuevamente acostado, dejó…

La realidad del mito

Sólo le quedaba un objeto, el último que completara la serie. Antes de irse a dormir los sacaba de su arca y los contemplaba con una devoción extrema. Encontrar la reliquia que le faltaba lo llevaría hasta él. Hacía ya mucho, cerca de un milenio, que toda aquella historia se congeló en el tiempo, como…

Adalberto

El termo está en el piso, a los pies de la puerta. Tiene pegado un pedazo de papel escrito con letra grande e insegura que dice: “Chicos, muchas gracias por el termo. Fue de gran valor como siempre. Los bendigo,                              …

Había una vez un circo

Había una vez un circo… Pero no ese circo que a todos alegraba el corazón, no el de los payasos de la tele de nuestra más tierna infancia que nos preguntaban ¿cómo están ustedes?  y al unísono y voz pueril contestábamos que bien. A los payasos de este circo no les interesa cómo estamos y…