Yo he venido a jugar

A estas alturas del partido deberíamos atar en corto los abrazos, destruir los posesivos y mordernos la boca con hambre viva. En cambio, tú en tu cama y yo en la mía. Soñando ojalases sin garantía, desgastándonos los sueños en hipotecas partidas. Y por ahí, ahí fuera. Los hay que se conforman con menos. YoSigue leyendo «Yo he venido a jugar»

Eterna

Que sí, que a ti también te han cosido las heridas y renacido de la piel nuevas costuras, que para mí tus remordimientos del pasado son humo barato, que quien no quiere, no debe hacerme caso, que las heridas desprovistas de amarga dulzura, no son caídas. Que recuerdo tu labios a media noche, a mediaSigue leyendo «Eterna»

Por ti mis palabras se tildan solas

Es que no lo entiendes, cuando te digo que por ti mis palabras se tildan solas y que las letras se reinventan es porque no existe algoritmo capaz de describirte. Ya no se trata de una cuestión poética, hablemos claro: soy pésima andando sobre ruedas, incluso tropiezo a veces con mis propios pasos, y sinSigue leyendo «Por ti mis palabras se tildan solas»

Contigo hubiera bailado el fuego

He salido descalza a la calle, la realidad me ha cortado los pies y un escalofrío se ha adueñado de tu ausencia.   He mirado mis manos, vacías de las tuyas y he esnifado el aire recordando el olor a piel desnuda, a saliva derramada, a risas contra los dientes.   Tu voz susurraba teSigue leyendo «Contigo hubiera bailado el fuego»

Mamá decía

Mamá decía: primero tú, segundo tú. Tercero tú. He vivido diciéndomelo ante tus ojos: primero tú, segundo tú. Tercero tú.     No había cuartos, me bastaba con cualquier hotel y se me olvidó contar. El quinto era tu piso, el sexto grito que echamos sobre el colchón, al séptimo tú te olvidaste de misSigue leyendo «Mamá decía»

Demonio

Tengo una voz silente que me susurra en la espalda, el canto de un gorrión batiendo las alas. Tengo la música encerrando los oídos, las vísceras llenando cada superficie. Tengo la sangre en la cabeza, un demonio que me grita, que quiere, que no sabe, que solo llora. Se tira del pelo, se calma, seSigue leyendo «Demonio»

Esta hija adoptiva

Llevo días durmiendo con ella y me cuesta creer que siendo tan distante se acomode entre mi pelo y las costillas, se hace un ovillo en mis piernas, y tiende sus brazos por toda la habitación. Se hace grande cuanto más pequeña la siento y es entonces cuando me doy cuenta de que se tratabaSigue leyendo «Esta hija adoptiva»

Los llamados sombras

La muchedumbre concurre en torno al puerto, allí donde comerciantes y ladrones aprovechan el tumulto para sus labores. Las mujeres pobres con sus hijos de la mano tropiezan con los hijos de las demás y buscan a través de las cabezas un poco de visión del mar. A lo lejos y cada vez más cerca,Sigue leyendo «Los llamados sombras»

Te deseo lo mejor

He escrito en vagones de metro dormidos, señalando, apuntando, apuntalando mil direcciones hacia una huida que desconozco. He sobrevivido al plástico de tus besos, a las miradas de reproche, a los silencios con puñal, y sigo en pie, desangrando mis heridas para vaciarme de una realidad que me tenía cautiva. He sido objeto, de vendedorSigue leyendo «Te deseo lo mejor»

Cielo de Málaga

Ahora vienes a mí. Con tu espalda guerrera sobre mis hombros, con tu mirada parda, llena de pretensiones del pasado ahora colmadas de ansiada locura y yo, que te miro y desfallezco, se me turban en la mirada las trescientas personas de nuestro alrededor. Dejo de latir, dejo de sentir si no es tu olorSigue leyendo «Cielo de Málaga»

La bibliotecaria IV

—Sácame de aquí —murmuraron tus labios. —No pienso hacer tal cosa —susurré. Apartaste la vista de mi presencia, anclándola en el techo—. Dijiste que te importaba… —Y es cierto. —Mentira… —volviste a mirarme—. Eres un mentiroso… pero te creí —sonreíste de una manera trágica, dejando que unas pocas lágrimas bañaran tus labios. —Creo que esSigue leyendo «La bibliotecaria IV»

La bibliotecaria III

Recuerdo que me lancé al suelo para sostener tu cuerpo. A duras penas logré reanimarte. Tú solo gemías impronunciables palabras, muchas de ellas creo que rezaban “suéltame”. Pero era imposible; una vez que te había tocado ya nada me separaría de ti. Te levanté sobre mis brazos y deposité tu peso sobre la mesa deSigue leyendo «La bibliotecaria III»

La bibliotecaria II

De ser posible hubiera hecho un surco en el suelo de tantas vueltas que di esperándote al día siguiente; no apareciste, y empecé a temer que mi presencia te incomodaba. Hubieron de pasar tres días más cuando al cuarto cumpliste tu palabra. Recuerdo que me dormí de mala de manera sobre la mesa de estudio.Sigue leyendo «La bibliotecaria II»

La bibliotecaria I

Podrían pasar cien años, que nunca olvidaría el cálido color de su piel, la perfecta curvatura de su mandíbula, los labios dulces y rosas que encerraban su tierna sonrisa. Podrían pasar cien años, que nunca olvidaría el día en que la conoció. El día en que dos desconocidos estudiaban bajo la galería de la universidad.Sigue leyendo «La bibliotecaria I»

A vosotros

Esto es una carta de disculpa y agradecimiento a aquellos que me han sostenido, impulsado, levantado, guiado, y aunque también he tropezado por ellos y con ellos, les debo todos los pasos aprendidos, las carreras, los saltos, hasta las huidas. A vosotros, pies, os quiero pedir perdón por decir siempre que sois más feos de lo que realmenteSigue leyendo «A vosotros»

Ausencia de futuro

  Lo que me preocupa es la ausencia de futuro. Liberar a los cuervos de entre las grietas de la piel nunca fue un problema, al contrario, que se marchen las alas negras, que rezume el aire estancado de tus besos, que despierte el sol en las venas. Me dijeron que el amor mata ySigue leyendo «Ausencia de futuro»

Tal vez, algún día

Tal vez, algún día nos volvamos a encontrar.   Tal vez, tu mirada se reuna con la mía y nuestros latidos bailen al ritmo de un tambor desbocado.   Tal vez, algún día reunamos el valor de volver a vernos. De volver a escucharnos, de volver   a intentarlo.   Tal vez, algún día reunamosSigue leyendo «Tal vez, algún día»

Tengo que decirte

Tengo que decirte que te echo de menos, porque me arde en las ideas, me queman las manos cuando las veo vacías, los ojos cuando no te miran. Echo de menos los instantes, breves y escasos, en calma contigo. Los abrazos por la espalda, los lunares que se quedaron sin contar. Echo de menos losSigue leyendo «Tengo que decirte»

Vendrá el amor a follarnos los ojos

Que son tus ojos de pantera los que iluminan cualquier bar como respuesta. ¿Nos vamos a casa? Y el deseo omitido: nuestra. No recuerdo tales viajes con vistas al paraíso desde la ventanilla de tu piel, que sin salir de la habitación hay peligro de inundación y que llegue, que la sal de tus mareasSigue leyendo «Vendrá el amor a follarnos los ojos»

Saliva-salvavidas

Que yo lo que quiero es partir terremotos en tus caderas. No me acostumbro al brillo de mis ojos por las mañanas, cuando pregunto por tu nombre, y un silencio los apaga. Tampoco es que quiera quitarle el olor de tu perfume a mis chaquetas, no es que me encante morirme por las noches recordandoSigue leyendo «Saliva-salvavidas»

Notas distorsionadas

No importaba si la tierra mojada impregnaba con su olor todas las paredes, ni las nubes que insistían cargadas con ráfagas de viento y estruendosas descargas; todo había terminado, pues en su mente solo existía su salón; ni lluvia, ni frío, ni tormenta. Era su salón, su café a medio terminar, sus manos y laSigue leyendo «Notas distorsionadas»

Hay labios a besar con precaución

He cambiado el café de mis ojos por la taza negra de tu mesilla. Sé que esta noche fumarás un recuerdo en papel de liarnos a besos contra la pared. Sé que de oír mis pasos, después te giras para verme al andar, y me abraces con un posesivo a la espalda. Pero cuidado, heSigue leyendo «Hay labios a besar con precaución»