El cuadro

Sentada en el sillón lo contempla. El corazón y el alma le duelen como si le abandonaran. Tenía envidia porque sus dulces manos le pintaron. Manos que nunca tocará, que nunca le tocarán. Lo que había sido un lienzo en blanco, él había pintado un mar azul en calma, acariciando la barca que sobre élSigue leyendo «El cuadro»